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La pintura del siglo XIX: Bouguereau

El pintor realista francés William-Adolphe Bouguereau (1825-1905) fue conocido en su tiempo como un maestro de éxitos artísticos legendarios. Sin embargo con el surgimiento del movimiento modernista, sus logros fueron denigrados, denunciados, y su nombre desterrado de la historia del arte.
Por Michael Wing
 - La Gran Época
Dom, 16 May 2010 15:32 +0000
Sólo en las últimas décadas, después del colapso del movimiento modernista, Bouguereau ha reaparecido en el campo de nuestro conocimiento histórico, aunque se ha mantenido al margen. Con las ideas modernistas como algo del pasado, Bouguereau en la actualidad ha obtenido más reconocimiento, aunque es muy probable que todavía haya más oportunidades de aprender de este artista legendario.

Cuando uno mira por primera vez una pintura de Bouguereau, inmediatamente ve un realismo deslumbrante, descrito por algunos como foto realista (la fotografía tuvo ciertamente una influencia en los artistas en su tiempo); también se puede ver la técnica impecable, una vida de preocupación obsesiva con perfeccionar los detalles más pequeños, sin considerar dejar alguna marca visible de la mano del artista. En su trabajo se contemplar un mundo idealizado lleno de juventud, sentimentalismo (a veces sensual), bondad, divinidad, y belleza. Observando una pintura de Bouguereau, se puede apreciar todos lo motivos por los que su trabajo fue excluido de la historia del arte, y sin embargo también podemos atisbar sus cualidades eternas.

Quizás a través de su obra, se comprende cómo es que una vida de trabajo artístico puede ser tan profundamente pisoteada y destruida, y luego regresar a la vida. Probablemente hay algo relevante en su pintura que aún puede ser descubierto.

La carrera de Bouguereau fue de constantes éxitos en cuanto a sus logros sociales, económicos, y artísticos; sin embargo, al mismo tiempo, en el transcurso de su vida soportó una serie de continuas tragedias que repercutieron en la salud del artista y en su espíritu, llevándole a su muerte final. Tal vez sea verdad lo que dicen: sin pérdida, no puede haber ganancia.

El 30 de noviembre de 1825, nació William Bouguereau, hijo de un fracasado vendedor de vino y aceite de oliva, en La Rochelle, Francia. En la familia Bouguereau las relaciones eran tensas debido a problemas en los negocios, y William fue finalmente enviado a vivir con su tío en Montagne. Esto resultó ser una bendición para el joven, puesto que su tío, al contrario que su padre, le animó a abrazar la cultura, y fue allí donde recibiría su primera clase de arte.

Después de trasladarse de nuevo a Bordeaux con su familia para ayudar en el negocio familiar, por fin convenció a su padre para que le dejara asistir a la escuela Meaux Arts en París, tras haber ganado el primer premio de un concurso local de pintura. Con la ayuda de su tío, William consiguió una beca que le ayudaría a financiar sus estudios.

Empezó sus estudios en 1846, trabajando en el estudio de Francois Picot, y a menudo estaba entre los primeros de su clase. En su tercer intento, el artista finalmente ganó el prestigioso Prix de Rome por su pintura titulada Zenobia descubierta por pastores a orillas del río Araxes. Le premiaron con una beca para estudiar un año en la Villa Medici de Roma, considerada como la meca del arte y de la cultura clásica. Fue en Italia dónde estudió detenidamente los trabajos de Miguel Ángel, Leonardo, Tiziano y Rafael entre otros. Bouguereau consideraba a Rafael, por encima de todos, como el clasicista ideal en el arte de la pintura. William realizó una copia maestra de El triunfo de Galatea, de Rafael, como uno de los trabajos que le asignaron enviar de vuelta a la academia en París.

Bouguereau se hizo más conocido a partir de que se estableciera en París, en 1854. En 1856 se casó con Marie-Nelly Monchablon, y al año siguiente tuvo a su hija Henriette (la primera de cinco hijos). Ese mismo año, el artista ganó la medalla de honor por su pintura El regreso de Tobías, mostrada en el Salon de 1857. Los Salons, que eran exposiciones de obras artísticas que a menudo atraían a más de 300.000 visitantes, fueron fundamentales para impulsar la fama de Bouguereau por todo París, haciéndole ganar comisiones fijas, e ingresos bastante buenos. Su primer hijo, Georges, vino al mundo en 1859, y en 1861 nació su segunda hija, Jeanne.

La vida profesional de artista continuó prosperando, pero en 1866 le sobrevino una tragedia al fallecer su hija menor Jeanne. Los años posteriores fueron aún más tristes, aunque la carrera del artista siguió floreciendo. Durante el periodo de la guerra Franco-Prusiana (después del nacimiento de su segundo hijo, Paul), el artista se unió temporalmente a la Guardia Nacional, y más tarde volvió a La Rochelle, huyendo de la Comuna de París; continuó pintando, y realizó obras maestras una detrás de otra. No obstante, en 1875 su hijo Georges falleció de una enfermedad, y dos años más tarde era su mujer quien moría después de dar a luz a su tercer hijo, Maurice, que sufriría el mismo destino 7 meses después. Su dolor le inspiró a realizar obras religiosas tales como La Piedad. En esa época, el artista fue elegido para el puesto más alto de la Academia de Beaux Arts.

En 1879 William volvió a casarse, esta vez con una de sus estudiantes (también enseñaba pintura), Elisabeth Gardner, doce años más joven. Hasta el momento había elaborado obras maestras tales como: Ninfas y Sátiro, La Caridad, y Homero y su Guía. Su hija Henriette, por esas fechas contrajo matrimonio, para satisfacción del artista. Sin embargo, Paul, el hijo que le quedaba, cayó enfermo y murió en 1900. Este fue el golpe más doloroso para el alma del artista, y su salud se empezó a deteriorar rápidamente. William Bouguereau falleció en su pueblo natal de La Rochelle en 1905.

Aunque Bouguereau fue considerado uno de los más grandes pintores clásicos de la historia, y algunos hasta lo comparaban con Rafael, había otros que lo criticaban. En particular, los impresionistas trataron de derrocar las escuelas de pintura tradicional, y finalmente lo consiguieron, dando lugar al movimiento Modernista, lo cual alteró drásticamente los supuestos sobre el arte, y la historia del arte.

Desde esta perspectiva, la obra de Bouguereau se consideró retrógrada. Los principios y las prácticas tradicionales se contemplaban como grilletes que obstaculizaban la expresión del arte. La perfección de Bouguereau se veía como algo que ocultaba el arte real, y la mano del pintor y el idealismo clásico de su trabajo eran considerados por algunos como una vuelta al pasado sin sentido. ¿Pero es su arte tan falto de valor como algunos han dicho? Aunque su trabajo es tachado de ser sentimental, quizás hasta insulso, también está colmado de belleza, amabilidad, y devoción. Tal vez merezca la pena reevaluar estas cualidades.

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