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Huatulco: Paraíso ecológico de México

Huatulco tiene una costa preciosa sin explotar, sus nueve bahías ofrecen playas de arena blanca y los peñascos escarpados salen del agua clara, donde una ráfaga de peces tropicales besa el coral bajo el agua
Por Susan James – La Gran Época
Vie, 16 Abr 2010 09:54 +0000

|nid=12527|title=|desc=La bella costa de Huatulco. (Susan James) En la profunda selva tropical de Huatulco, bordeando el río Copalitilla en el sudoeste de México, un muro de agua de unos seis metros, llamado Las Cascadas, retumbaba sobre grandes rocas. Debajo, una cascada de profundas piscinas verdes refracta rayos de luz contra la frondosa maleza. Pájaros invisibles se llaman unos a otros a través de las copas de los árboles, y una lluvia de mariposas coloridas cae como confetis entre las ramas de los árboles.

Las Cascadas parece un sitio particularmente exótico para una película de Tarzán, y en un viaje reciente a Huatulco, me descubrí “haciendo de Jane”: me senté en una pequeña plataforma de madera clavada en lo alto de un árbol y me amarré a una cuerda resbaladiza con dedos nerviosos. Mi guía me dijo que iba a ser la primera mujer que se balanceara por encima de la piscina y se zambullera.

No estaba segura de que quisiera ser una pionera. Era un camino terriblemente largo hacia abajo. El guía se llamaba Oscar, me gritaba instrucciones por encima del rugido de las aguas para que evitara las rocas y raíces de los árboles, cuando me lancé al vacío. Solo fueron unos segundos, y luego un agua verde y fría me envolvió, mientras Oscar gritaba dándome el visto bueno desde arriba.

Promoviendo el turismo ecológico

Huatulco está llena de aventuras como esta. En 1984, la agencia del gobierno mexicano FONATUR destinó un área de 21.043 hectáreas, Las Bahias de Huatulco, para el desarrollo turístico. El área incluye montañas densamente pobladas de árboles, dos ríos principales y las nueve bahías, que recorren la inmaculada costa y que dan nombre a la zona.

Ésta incluye 12.140 hectáreas del Parque Nacional Huatulco, y el campo de golf Tangolunda, de 18 hoyos, cuyos greens se mantienen exuberantes por el agua reciclada.  El compromiso de FONATUR   hacia el turismo ecológico sostenible, hizo que en 2006 Huatulco ganara el prestigioso Green Globe Certification, convirtiéndose en el tercer lugar del mundo honrado con tal galardón.

Los hoteles turísticos en la Bahía de Tangolunda comparten la visión de FONATUR de una ecología sostenible. El Resort Camino Real Zaashila protege una playa donde las tortugas marinas van a desovar.

En Las Brisas, en el hotel más grande de Huatulco, exploré un jardín botánico certificado con plantas tropicales floreciendo, iguanas doradas, y pájaros extraños con nombres raros, como la urraca de dos tonalidades azules y la chachalaca, animal parecido al pavo. En Huatulco el agua está limpia, las playas solitarias, y la fauna silvestre, protegida.

Historia y refugio

Huatulco es nuevo, según lo común en México, pero está construido sobre cimientos antiguos. Recientemente se descubrieron las ruinas precolombinas de Punta Celeste, en el Parque Arqueológico de Huatulco, datadas de 500 años a.C.

Punta Celeste es particularmente importante ya que es el único sitio precolombino encontrado en la costa del Pacífico de México. El parque ofrece a los visitantes un museo que pronto abrirá sus puertas, así como senderos pavimentados de jungla que serpentean entre pequeñas pirámides de Punta Celeste, un campo de juego de pelota, y rocas talladas para sacrificios, con antiguos glifos.

Un sendero nos lleva a un mirador sobre el río Copalita y la costa del Pacífico. Por encima de la laguna del río, los buitres anidan en los árboles, y por lo alto, los pájaros fragata y las águilas planean en las termales.

En las montañas de Huatulco, existen plantaciones de café que cultivan granos de café orgánico y ofrecen tours para los visitantes. Fluyen por todos lados arco iris coloridos de mariposas, entre las plantas de café, y hay un refugio en la plantación de La Gloria, donde se reproducen las mariposas. 

Los nativos creen que las mariposas son los espíritus de sus ancestros, migran al norte en verano pero vuelven cada año en el Día de los Muertos, que es el equivalente local a Halloween. Los caminos desde la costa hasta las montañas son senderos surcados que pasan por pequeñas aldeas indígenas donde los artesanos nativos todavía hacen el tradicional tejido y bordado, y los agricultores siembran los campos de cactus y las arboledas de bananas, y también realizan medicinas herbales. 

La cultura Oaxaca

Algunas mujeres ofrecen comida a la venta, y un almuerzo de tortillas de maíz frescas envueltas en hojas de cactus asadas, sazonadas con salsa de chili, es una experiencia memorable. El cacao crece también aquí, y la mayoría de los hoteles locales ofrecen un inigualable chocolate caliente de Huatulco para desayunar.

Huatulco está ubicado en el estado de Oaxaca, y la cocina de Oaxaca se ha hecho muy popular en los Estados Unidos. Una degustación de las famosas salsas moles del estado, hechas con una gran variedad de ingredientes como el chocolate, el chile, y la canela resulta una especial aventura culinaria.

En el pequeño pueblo costero de La Crucecita, que junto con Santa Cruz conforman los centros urbanos de Huatulco, las pequeñas tiendas venden artesanía indígena de la zona. Una de las tiendas más interesantes, La Probadita, está especializada en productos de cocina oaxaqueña. En una relajada visita a la sala de arriba destinada a la degustación, probé algunas variedades de mezcal, que es un licor preparado con el corazón de la planta de Agave verde.

Desde un mezcal ámbar fermentado varios años en roble, a una crema de moka inspirada en un postre, el mezcal ha subido en el mercado. Ha adquirido todos los símbolos del comercio del vino, desde mezclas sutiles a somelieres especiales, pasando por catas internacionales. Servidos con chapulines fritos, o saltamontes, con palitos de queso local, lima y sal, la cultura del mezcal oaxaqueña ha madurado.

Aventuras marinas

Huatulco tiene una costa preciosa sin explotar, sus nueve bahías ofrecen playas de arena blanca y los peñascos escarpados salen del agua clara, donde una ráfaga de peces tropicales besa el coral bajo el agua.

En el pequeño pueblo de Santa Cruz, me inscribí en un curso de esnórquel por las bahías al oeste de Huatulco, a bordo de un catamarán de 10 metros llamado Tequila. El equipo de esnórquel se podía alquilar en el muelle o a bordo, por un precio simbólico. A medida que zarpaba del puerto de Santa Cruz, teníamos el océano sólo para nosotros, aparte de una solitaria tortuga marina que flotaba más allá de nuestra proa.

En la Bahía de San Agustín, un grupo de los nuestros se puso las máscaras y los esnórqueles y se dejó caer en el agua tibia y traslúcida. Bancos de peces tropicales con coloridos brillantes nadaban debajo de nosotros. Nuestro guía se zambulló y trajo una araña de mar, una estrella de mar, y un pez globo, invitándonos a tocarlos. El pez globo se parecía a un pequeño globo blanco y negro inflado, y tenía una piel sorprendentemente áspera.

Desde San Agustín zarpamos hasta la Bahía de Maguey, donde encontramos en primera línea de playa una cadena de restaurantes de paja a cielo abierto llamados palapas. En el restaurante Camarón Gigante, paseaban músicos cantando serenatas mexicanas, mientras mis compañeros y yo escarbábamos en un plato de langosta capturada en aguas locales, pequeños camarones cocidos en la medio de una piña, langostinos frescos del Río Copalita, y pargo colorado asado en el horno de barro propio del restaurante. Montones de guacamole de aguacate, limas verdes, y chiles rojos cubrían la mesa. En Huatulco, el color y el diseño son instintivos, y la comida es tan rica como la cultura que la creó.

Retiro espiritual

El monumento más preciado de Huatulco es una pequeña cruz de madera, que según cuenta la leyenda es una astilla de otra cruz más grande, plantada en la playa de Santa Cruz por uno de los dioses más importantes de México, Quetzalcoatl, la serpiente emplumada. Se dice que Quetzalcoatl es, en su forma humana, un europeo de piel clara que llegó a México, trayendo una época dorada a su gente.

En mi última noche en Huatulco, mientras escuchaba el sonido de las olas y miraba una lluvia de meteoritos a través del cielo, pensaba que Quetzacoatl había escogido este lugar sabiamente. Con su compromiso hacia la diversidad y la conservación, su cultura viva y tradiciones coloridas, Huatulco parece el logro de la visión de un dios ancestral.

Susan James es una escritora asentada en California que ha vivido en India y Reino Unido. Está especializada en arte e historia y ha escrito sobre La ruta de la seda de China, Enrique VIII de Inglaterra y el Círculo artístico de Singapur.

La Gran Época se publica en 35 países y en 21 idiomas.
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