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¿Qué le está sucediendo al mundo?

Los desastres naturales se suceden con una frecuencia nunca antes vista. Algunos científicos explican que se deben al calentamiento global y los consecuentes cambios climáticos; sin embargo, hay también quienes afirman que se relacionan con el deterioro moral de la humanidad.
Por Ileana Alescio - La Gran Época
Mar, 9 Mar 2010 12:16 +0000
En el último tiempo, los desastres naturales se han sucedido uno tras otro. Las imágenes que vemos en diarios y noticieros al respecto parecen venir de un campo de batalla. Solo que en esta ocasión, la guerra es entre la humanidad y la naturaleza.  

El 12 de enero, un terremoto de magnitud 7 en la escala Richter acabó con las vidas de más de 200.000 haitianos, dejando al país en ruinas. Poco más de un mes después, otro terremoto, esta vez de 8,8 en la escala Richter, afectó el 80% de Chile con una magnitud impresionante, capaz incluso de alterar el eje terrestre. Sus numerosas réplicas y temibles tsunamis siguen generando temor en varios países.

El mismo fin de semana en que ocurrió el terremoto en Chile, varios países europeos sintieron la furia de Xynthia, una fuerte tormenta con vientos huracanados y lluvias torrenciales que dejó una decenas de muertos, demostrando que incluso los países más poderosos del mundo son insignificantes al enfrentar a la naturaleza. Al mismo tiempo, Buenos Aires siente el preludio del cambio climático cuando padece inundaciones por lluvias record.

2009 también estuvo repleto de desastres naturales, terremotos, tsunamis, tifones, inundaciones y tormentas de nieven azotaron gran parte del planeta.

Numerosas estudios posteriores al huracán Katrina de 2005 dan cuenta de que la frecuencia tanto de los huracanes como de las distintas catástrofes naturales ha crecido notablemente respecto de los registros históricos, y continúa en aumento. ¿Qué está pasando con el mundo?

Estudios, historias bíblicas y  el efecto de la moral  

Algunos científicos afirman que en el pasado remoto hubo períodos similares de cataclismos que convivieron con los seres humanos. La Biblia habla de una gran inundación, cuya causa se relaciona íntimamente con un intenso decaimiento moral de la humanidad. Los científicos presentan evidencias convincentes de la ocurrencia real de esta catástrofe, como son las muchas ciudades encontradas en el fondo oceánico. A partir de tales hallazgos, algunos ya están comenzando a reconsiderar la Biblia como un valioso registro histórico, más que mitológico.

Pero independientemente de las interpretaciones de la Biblia en relación con los cataclismos, en canales alternativos o informales, muchas personas hoy en día también relacionan las catástrofes que están ocurriendo en distintas partes del mundo con el declive moral actual. Y, acercándose el ineludible año 2012 –más aun después de la famosa película–, cada vez son más los que consultan las antiguas profecías mayas o de Nostradamus cuando se suceden los desastres. Hoy,  los científicos han comprobado que ciertas calamidades naturales se originan en la acción irrestricta (podría llamarse ‘inmoral’) del hombre; un claro ejemplo de esto es el ya conocido cambio climático. Pero incluso algunos estudios llegan al efecto mismo del estado moral del ser humano en el entorno natural.

Un referente en esta cuestión es el científico japonés Masaru Emoto, quien estuvo en Argentina el año paso. Emoto realizó ensayos observando la forma microscópica de los cristales del agua en diferentes circunstancias y ambientes humanos. Los sorprendentes resultados comprobaron que los pensamientos malos o buenos del hombre afectan respectivamente su entorno material.

En los experimentos del Dr. Emoto, cuando una persona emitía buenos pensamientos, los cristales de agua, vistos a través del microscopio, formaban diseños hermosos, brillantes y armoniosos. Cuando alguien emitía pensamientos negativos, agresivos, los cristales se destruían convirtiéndose en una masa oscura sin forma. Según tales experimentos, el pensamiento humano tiene un efecto directo sobre las distintas sustancias, incluidos el agua, los cereales y microbios. O puesto de otro modo, las sustancias naturales reflejan los pensamientos de los seres humanos.

Sin embargo, este tipo de experimentos no han generado gran impacto en la opinión pública. Muchos aún no aceptan la conexión entre los desastres naturales y el decaimiento general en los valores morales del ser humano. A diferencia de otros periodos, en el paradigma actual el hombre ha supeditado el concepto de «bueno» y «malo» al propio pensamiento o al interés personal; la cuestión moral pasa a ser relativa al individuo. Por lo tanto, los concepto de bueno y malo han ido cambiando e incluso se han invertido. Así es que hoy, a diferencia de periodos anteriores, el comportamiento moral resulta no tener consecuencias, ni mucho menos una relación con la furia de la naturaleza.

Sin perjuicio de esto, la mayoría sí coincide en que la violencia de hoy en día, la falta de ética y respeto, etc, se vuelven cada vez más agudas y cotidianas. Y después de todas estas calamidades (que continúan en incremento), algunas personas ya comienzan a preguntarse, “¿qué nos está queriendo decir la naturaleza?” Tal vez, lo que estos fenómenos nos están tratando de decir es que mente y materia no son tan distintas y siempre hay una consecuencia de nuestros actos, sean individuales o colectivos. Hoy, se ve claramente que las calamidades no discriminan por naciones, sexo, color de piel, dinero. ¿Será que este estado en el que ha caído la humanidad, finalmente se está reflejando en el mundo en que vivimos?

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