¿Sabía que ese bonito biombo que usa para separar ambientes, o esa práctica cómoda donde guarda todo, tienen su origen en la antigua China? Y es que para hablar de la historia de la refinada y exquisita ebanistería, sin duda tenemos que buscar las raíces en aquellas dinastías milenarias que dejaron un valioso legado artístico.
La fabricación de muebles en China experimentó una evolución influenciada por circunstancias como los distintos estilos de vida, los cambios económicos y culturales propios de cada nuevo reinado.
Entre los aportes notorios que recibió este arte, se destacan especialmente aquellos originados durante las Dinastías Ming y Qing.
La dinastía Ming se estableció en 1368. Debido a la situación política estable, la economía social y el comercio de ultramar alcanzaron una extensión y desarrollo inusitados. Como parte de este intenso intercambio económico y cultural con países extranjeros surgió en ese entonces la importación de maderas preciosas del sudeste asiático, que fueron usadas para construir numerosos palacios, residencias para nobles y hermosos jardines.
El mobiliario de la dinastía Ming se caracterizó por el uso de maderas finas y altamente resistentes, de líneas simples pero elegantes, que alcanzaron en este período un nivel de maestría.
Como en casi todas las culturas asiáticas, la costumbre en todas las casas era arrodillarse o sentarse con las piernas cruzadas sobre el suelo en esterillas trenzadas. Alrededor de esa estera para sentarse se diseñaron varios prototipos de muebles de madera, tales como los escritorios de madera de patas cortas para el regazo, tablas para cortar con patas, y mesas cortas. Estos son algunos de los prototipos de muebles de baja altura de la antigua China.
Durante el periodo de los Estados Guerreros, se diseñó la cama de piso, el ancestro de las camas chinas. El diseño de estas camas de piso llevó al diseño de todo tipo de camas de piso en las siguientes dinastías.
Las dinastías Sui y Tang fueron el periodo transitorio en el que el estilo de vida de los chinos cambió de sentarse en el piso a sentarse en sillas altas. Los muebles altos, como las sillas, taburetes y mesas altas, aparecieron en el mercado mobiliario y se popularizaron entre las clases altas. Durante este periodo de tiempo, en la sociedad china estaban de moda tanto los muebles altos como los bajos.
Hacia la dinastía Song, las camas, mesas, sillas y taburetes de patas largas también se habían vuelto populares entre los campesinos, y así terminó la costumbre milenaria de sentarse en el piso.
Lo simple se hizo complejo, surgiendo asimismo el concepto de conjuntos mobiliarios, específicos para una función determinada, como el ajuar de los recién casados, recibidores o salones, donde las piezas se disponían tradicionalmente en forma simétrica.
La implicación más profunda de este cambio radica en que la costumbre arraigada durante miles de años provenía de una cultura de cultivación (refinamiento interno del individuo). Desde que el legendario gobernante Huang Di (el Emperador Amarillo) buscó el Tao con Guang Chengzi, un cultivador del Tao, la cultura china se convirtió en una cultura de cultivación. En ese tiempo, se requería que todos los eruditos se sentaran con las piernas cruzadas y regularan su respiración y su qi (energía vital) antes de tomar sus pinceles y escribir. Hombres de todos los caminos de la vida valoraban la mente tranquila y regulaban la respiración antes de realizar cualquier actividad.
El hombre chino antiguo cambió esa costumbre milenaria en pos de la comodidad, perdiendo así un aspecto semi divino de su cultura.
El biombo y su curioso rol antes del casamiento
Mención aparte merecen los biombos, tan conocidos y apreciados en Occidente; formados por cuatro o más paneles plegados, se usaban como elemento decorativo (pintado con escenas de paisajes o jardines, dentro de un marco muy trabajado) y también como muestra del nivel social y económico del propietario.
Un curioso uso del biombo es aquel donde una mujer que era pretendida para casarse se ocultaba detrás de un biombo, mientras su padre charlaba con el pretendiente. Las mujeres solteras solo podían ser vistas por su padre, hermanos o primos muy cercanos, por eso debían permanecer ocultas.
En una instancia de la conversación, el padre de la joven pedía al caballero que improvisara unos versos; si ello era del agrado de la joven, accedería a casarse con él.









