El 17 de diciembre de 2009, el juez Octavio Aráoz de Lamadrid hizo una histórica decisión de emitir órdenes de detención contra dos antiguos altos funcionarios chinos en relación a su participación con la persecución de practicantes de Falun Gong en China. El fallo sentó un precedente jurídico histórico para la Argentina y el mundo por la posibilidad de enjuiciar extraterritorialmente a extranjeros acusados de crímenes de lesa humanidad.
El juez Octavio Aráoz de Lamadrid del Tribunal N º 9 de la Corte Penal Federal de Argentina fue entrevistado en su oficina el 7 de enero y habló con franqueza sobre el caso de genocidio y otras cuestiones relacionadas.
LGE) Para muchos observadores en el mundo, usted ha demostrado gran valentía al ser capaz de aplicar el principio de justicia universal en el genocidio a los practicantes de Falun Gong en China. ¿Qué pensó con respecto a esta cuestión al momento de aceptar la demanda?
-Yo traté de ser muy técnico en el tema de la demanda. Está claro que aceptar una demanda por un caso [de genocidio] en el extranjero tiene una relevancia internacional importante y le puede acarrear problemas al gobierno nacional. Por eso traté de ser muy estricto cuidando los tratados que tiene firmados Argentina. Me retrotraje en la doctrina argentina hasta Jiménez de Azua y autores antiguos donde se reconoce la posibilidad de que Argentina juzgue delitos cometidos en el extranjero que violan el derecho de gentes.
Traté de ser muy técnico, esto para no herir ninguna susceptibilidad. Está claro que los juicios federales tienen un aspecto político muy importante por dos razones: por un lado, si te presentan una denuncia contra un funcionario público, hay que estar muy seguro y tener muy en claro si vas a proceder, por qué lo vas a hacer. Porque proceder contra un funcionario público en actividad es una afectación al gobierno, y hay que ser responsable; cuando uno tiene el ejercicio del poder, ¿qué es lo que va a hacer? No comprometer al gobierno nacional más allá de lo estrictamente necesario.
Esa responsabilidad hizo que yo lo haga muy técnico para concluir que tenía que abrir la demanda, que nosotros no podíamos eludir la responsabilidad de abrir la demanda.
Fue eso. No me requirió ningún valor especial.
LGE) Que tenga que ver con una potencia como China, ¿le generó alguna dificultad particular?
-Te genera esto que digo de la responsabilidad institucional. El poder judicial es parte de los tres poderes del Estado, entonces cuando vos, como juez, tomas alguna decisión y repercute en los demás poderes, tenés que estar muy seguro y tenés que ser muy prudente en lo que vas a hacer. Una vez que estás seguro, que sos muy prudente y que técnicamente estás convencido de lo que estás haciendo, no creo que necesites de un valor especial para hacerlo. Los que dicen que actuaron y que tuvieron un valor especial para… ¿sabes qué? No es juez. Asumís la función sabiendo que va a haber momentos difíciles.
Te digo la verdad, en ese momento nadie me presionó. Hubo un llamado de Cancillería, nada más en esa época, avisando que Luo Gan tenía estatus diplomático, pero nada más. No lo tomé como presión ni como nada. Me informaron de eso, está bien, no hay ningún problema. El que tiene que decidir soy yo y decido de acuerdo con mis convicciones y con mi espíritu.
Después llamaron también de Cancillería hace dos años aproximadamente porque viajaba el canciller Taiana [a China] y quería saber si habíamos tomado alguna determinación.
Esos fueron los dos contactos que tuvimos.
LGE) ¿Puede resumir los argumentos por los cuales aceptó la demanda y ordenó más tarde el procesamiento de los imputados?
-Lo primero fue aceptar la demanda. La demanda se acepta básicamente sobre la base del principio de justicia universal, en virtud del cual todos los países civilizados, entre ellos China, porque ha firmado todos esos tratados, se hacen responsables de darle lugar a cualquier ciudadano del mundo a tener acceso a la justicia; que pueda ir a un tribunal y reclamar por sus derechos. La demanda básicamente se aceptó por eso: darles lugar a las víctimas de un delito que por sus características afecta a toda la comunidad internacional, a que tengan un tribunal donde poder hacer efectivos sus derechos, poder reclamar por sus derechos. Como China no lo recepta, ahí se habilita la jurisdicción internacional.
Cualquier país que detenga a los imputados los puede juzgar. En el caso nuestro, estábamos en condiciones de detenerlo [porque el acusado Luo Gan] estaba en Argentina, entonces ahí se abrió la demanda.
Después, finalmente, por los trámites procesales, ya se había ido de Argentina y no se concretó la posibilidad de la detención.
Lo último que se hizo en la causa no es procesamiento. Técnicamente es una citación a indagatoria. Se hace una investigación, se considera que se acumularon suficientes pruebas para sospechar que una persona cometió un delito, que sería el autor de todo esto, y se lo cita a indagatoria. Como no está en el país, después de la citación a indagatoria se libra la orden de captura internacional, pidiéndole a cualquier país del mundo que lo detenga y que lo mande a Argentina para ser indagado.
LGE) Más allá de la fundamentación jurídica, ¿qué papel jugó el sentido moral en los distintos pasos?
-Siempre traté de no mezclar la función jurisdiccional con lo que te provocan los delitos que estás investigando, para no perder objetividad. Pero es inevitable cuando empezás a tomar contacto con las víctimas, cuando empezás a tomar contacto con los informes; los informes de Naciones Unidas son muy contundentes. El [abogado de la querella] Dr. Cowes sabe la cantidad de veces que pedimos información neutral; por eso Naciones Unidas era ideal para poder mantener yo una neutralidad, para poder yo evaluar si lo que voy juntando en el expediente es lo que me brindan las víctimas y nada más o si hay alguien independiente, neutral, que también ratifica lo que dicen las víctimas. Eso pasaba con los informes de la ONU.
Por eso viajamos a Estados Unidos. Ahí nos pusimos en contacto con diez víctimas de distintas provincias, de distintas ciudades, y ahí ya teníamos algunos informes también de la ONU. Yo siempre lo vi desde la óptica de juez, de buscar elementos objetivos para el expediente. Entonces sí, cuando lo conseguimos, estos son los importantes.
Es decir, el primer informe de la ONU que tuvimos es sorprendente. Es de un comisionado de la ONU que había viajado a China y buscó una entrevista con una familiar de un abogado que había sido perseguido. Combinó una entrevista fuera del cronograma que le tenía armado el partido [comunista] chino; entonces se escapó y se fue a entrevistar con esta mujer, y fue la policía, lo detuvo y lo puso en el aeropuerto. El informe es enorme, y este relato son dos hojas. Sorprende. Y sorprende que la ONU no haga nada. Esos datos son datos objetivos de una señal muy clara de una persona que no es practicante y que sufrió la postura del partido chino, del gobierno chino. Al comisionado de la ONU lo detuvieron ilegalmente; no lo torturaron, pero lo agarraron y lo pusieron en el aeropuerto. Eso es lo que siempre busqué en la causa, y no es que fui creyendo por cantidad de veces que me lo repitieron, fui buscando elementos objetivos, víctimas directas.
Entonces estos son elementos objetivos que tienen, si querés, más valor que el elemento del denunciante que viene y me cuenta, ‘mire, ahora pasó tal cosa en China’. Esa información que me trae el querellante vale, sirve, pero es un indicio; cuando lográs obtener información independiente, eso es lo que tiene gran valor. Eso es lo que se juntó durante años para llegar al pedido de captura.
LGE) ¿Hay algún informe o algún relato de un testigo que le haya llamado especialmente la atención?
-Sí, un montón. Relatos de cómo los hacinaban para dormir, cómo los hacían trabajar la tierra con las manos. Me acuerdo siempre que les hacían armar los palitos para la comida que se importan en todo el mundo. Las torturas, lo avanzado de las torturas. Y lo que traté siempre de buscar, a medida que iba juntando todas las declaraciones, es el método. Afinan un método muy claro. Tienen un procedimiento muy claro. Después de tomar, no recuerdo cuántas declaraciones habremos tomado, cuarenta o cincuenta más o menos, se ve muy claro el método del gobierno chino, cómo proceden con los practicantes. Cuando los detectan, primero es una detención medianamente corta, de algunos días, con golpes, con encierros; ahí quizás varían un poco quiénes son los que intervienen primero, pero básicamente la primera etapa son pocos días de encierro y les enseñan que no tienen que practicar Falun Gong. Si siguen en la práctica y los vuelven a detener, ya ese encierro es más largo; nunca hay una intervención judicial, es un encierro más largo. Vuelven con prácticas de lavado de cerebro, con golpes, con torturas para convencerlos de que no practiquen. Los vuelven a soltar. Si los vuelven a detener, ya ahí pasan a un sistema de pseudo-judicialización, digamos, porque ahí ya los trasladan, pasan a centros de detención donde los tienen; en algunos casos, no todos, los condenan. Tenemos documentación de algunas sentencias. Y ahí sí los condenan por tres años, cuatro años, y se les pierde el rastro.
También me impresionaba cómo en las detenciones que se hacían en Beijing, cuando había manifestaciones grandes, iban policías de todas las provincias de China para identificar a sus provincianos. Entonces, antes de que entraran todos al sistema de Beijing, los retenían, los subían a trenes o colectivos, diversos medios de transporte, y los llevaban a sus provincias. Porque el gobierno central castigaba a los gobernadores [de las provincias] que tuvieran mucha gente en las protestas en Beijing. Entonces, para evitar eso, los secuestraban antes y se los llevaban a las provincias, y los torturaban allá, para quedar bien con el gobierno central.
Toda esa estructura, todo ese organigrama es lo que más me sorprendió. Es decir, estamos hablando de algo que pasa muy lejos nuestro, que no lo vimos, que no lo palpamos, y al principio sólo tenés un montón de gente que la sometieron a tortura, que le pasaron un montón de cosas. Cuando logras ver que detrás de eso hay un sistema, es muy impresionante.
LGE) Sin embargo, en la opinión pública no se sabe mucho sobre esta situación actual. ¿Hay algún otro caso con el que se la pueda comparar?
-Un día pensando en esta causa y en esto que te decía de los practicantes, ¿sabes a quién [relacioné], qué ejemplo me parecía más cercano para poder explicar cuál es la actitud que veo de los practicantes? Lo que sabemos de los cristianos de la primera época. Aquellos que eran perseguidos y se tenían que juntar en cuevas subterráneas, que los crucificaban y seguían insistiendo en su religión, hasta que un emperador romano se hizo cristiano.
Esa actitud es la que se ve hoy en los practicantes de Falun Gong. Sí. Ahora, ¿puede ser que vaya a influir en algún momento en la causa? ¡Sí, puede ser! Yo no soy practicante de Falun Gong, no he leído [textos de Falun Gong], [sólo me he interiorizado sobre la disciplina] lo mínimo indispensable, para mantenerme siempre independiente, y esto se lo dije a ellos. Pero hay una similitud muy importante [con los primeros cristianos].
LGE) ¿Le llama la atención el hecho de que hayan pasado diez años desde que comenzó el genocidio y que recién ahora un juez haya llegado a esta instancia?
-Es llamativo, sí. ¿Por qué en diez años, con todas las denuncias que hicieron, las demandas que presentaron en tantos países, nunca se avanzó?; me sorprende. La única respuesta sería que se está actuando contra el “gigante asiático”, el país donde todos los países del mundo tienen intereses económicos muy fuertes. Es la única respuesta que se me ocurre, porque viéndolo objetivamente no tiene sentido que se haya demorado tanto para que se abrieran estos juicios.
LGE) Poco después de emitirse el fallo, un vocero del régimen comunista chino emitió un comunicado presionando al gobierno argentino para que lo “trate correctamente”, buscando interferir la querella. El gobierno argentino, que ha abogado internacionalmente por los derechos humanos, ¿cómo debería actuar ante estas declaraciones?
-El gobierno argentino debería mantener lo que hizo la justicia. No decir nada. El gobierno argentino no tiene nada que opinar al respecto. Debería respetar a la justicia y, manteniendo su postura frente a los derechos humanos, solicitarle a China, vía diplomática, que [colabore para que] se presenten las personas, que ofrezcan pruebas, que se presenten las personas que están sindicadas como los culpables. No creo que lo haga, difícilmente.
LGE) Varios disidentes chinos dentro de China se han atrevido a elogiar las causas llevadas en Argentina y en España, a pesar de correr peligro de ser reprimidos. Esto puede ser una muestra del grado de relevancia que tiene para los chinos, al menos para los pocos que hasta ahora han podido enterarse sobrepasando el bloqueo de información impuesto por el régimen. ¿Qué repercusión imagina podrían tener en el futuro de China sus fallos en esta causa?
-A ver, para no hacer futurología. Tenés las manifestaciones de la vocera del Ministerio de Relaciones Exteriores (de China), que son importantes. Es decir, el pedido de captura tuvo un efecto en China, -la verdad, mayor del que yo pensaba. Porque estamos hablando de que se pide la captura de un ex presidente y un ex secretario del Comité Central. Ni siquiera son los [funcionarios] actuales; es decir, el gobierno chino podría haber pasado la cuestión sin hacer mayores comentarios. Que salga un vocero en la actualidad a manifestar el disgusto del gobierno chino es un signo de que es algo que le duele al gobierno chino, es algo que no le pasa sin tocarlo.
Con el correr del tiempo, si hubiese más cantidad de pedidos de detención, creo que puede haber un cambio. Cuánto tiempo, es imposible saberlo, pero se tiene que forzar un cambio. Para eso es la justicia. Es como una llave chiquitita. De a poco, si se va sumando, sí, tiene que tener un efecto importante. Ahora, cuál va a ser el efecto, no sabemos.
LGE) ¿Cómo debería ser la postura de la comunidad internacional y de la opinión pública en general?
-La comunidad internacional, me parece que le da relevancia al tema. Los países en sí tratan de no darle tanta relevancia por lo que decíamos hace un rato sobre la potencia que es China a nivel económico. Pero la comunidad internacional está interesada. Hace tres años había salido un artículo en una revista francesa que lo repitió Clarín, sobre los viajes que hacían a China para hacer los trasplantes de órganos. No tiene tanta repercusión a nivel naciones, pero en la comunidad sí.
En Canadá están permanentemente preocupados. En Estados Unidos, la comunidad se preocupa; el gobierno trata siempre de estar un paso al costado, ¿pero quién fue que había tenido un gesto? ¿Bush? Cuando Hu Jintao visitó EE.UU, que había una manifestación donde estaban los representantes de Falun Gong y habían detenido a una mujer [que en un acto protocolar gritó a Bush que ayude a detener la persecución a Falun Gong] y Bush dijo que la liberaran. Una periodista. No es nada del otro mundo, pero fue un gesto del presidente del país más importante del mundo. La comunidad está interesada, te repito, a los gobiernos les cuesta más.
LGE) ¿Es casual que se haya podido avanzar judicialmente en España y en Argentina pero no en otros países?
-Buscando un punto de conexión, tenemos idiosincrasias parecidas, además del mismo idioma, en general la misma religión. Si eso influyó, no lo sé. Nuestros sistemas judiciales son muy similares, nuestras leyes son muy similares. Se puede haber dado por eso.
LGE) Ahora que las causas de Argentina y España están bastante avanzadas, y con la eventual apertura de causas similares en otros países, ¿cómo piensa que pueden colaborar entre sí?
-Compartiendo información, básicamente. Desde el minuto uno que empezamos con la causa esto fue siempre juntar información, juntar documentación, juntar información objetiva que nos permitiera a nosotros, -bueno, yo ya no estoy dentro del poder judicial- pero que le permita a la Argentina tener bien documentado lo que ocurrió, lo que ocurre, y poder compartir eso con España. Con España la comunicación de información es muy ágil, cuando se quiere, es muy ágil. Puede servir para eso. Tener por probado en un expediente determinados hechos le puede servir al otro expediente como herramientas.
LGE) Cuando salga el pedido de captura de España, ya van a ser dos países y habrán varios pedidos de captura a las mismas personas en distintos países. Entonces, ¿genera esto una necesidad de una instancia superior o un desarrollo del derecho internacional a partir de estas causas?
-Ojalá. Lo que creo que va a pasar es que deberían seguir armándose causas de este estilo en todo el mundo. A medida que se sumen pedidos de captura, el convencimiento en la comunidad internacional de que esto es real y que China está violando los derechos humanos se va a hacer más universal.
Es decir, a medida que se vayan haciendo pedidos de captura, al que le toque el tercer pedido de captura le va a costar menos; al quinto, menos; al décimo, menos; se van a ir sumando. Si ya hay otros que lo hicieron, sirve de antecedente para los pedidos de captura.
Entonces ya no va a ser un pedido de captura internacional, van a haber cincuenta pedidos de capturas internacionales. La comunidad internacional, los países, la justicia de los distintos países deberían ir avanzando de a poco para ir cerrando un poco el círculo.
Creo que es más probable que se concrete eso antes que una instancia superior o instancias internacionales que unifiquen todo. Si se da, sería mucho más importante, sería mucho mejor; pero el derecho internacional tiene sus años de evolución, no es tan rápido. El derecho internacional tiene mucha interferencia política.
Capaz que dentro de, no sé, diez, cinco o dos años, se cae el partido comunista chino, y China se abre a un sistema democrático, supongamos, y deciden someterse o someter los delitos que se le imputan al régimen comunista a la comunidad internacional; sí, eso puede pasar. Algo así le pasó a Argentina. Argentina estuvo cerrada con un régimen dictatorial durante unos cuantos años y después, de a poco, porque tampoco fue de un día para el otro, se fue abriendo a la posibilidad de juzgar los delitos que se cometieron.
LGE) Por último, este fallo representa una esperanza de justicia para las víctimas y para los mismos ciudadanos chinos. ¿Qué palabras les dedicaría a ellos?
-¿Qué les puedo decir yo? Te repito, estoy muy feliz de haberles dado una luz de esperanza. Es muy chiquitita, lo que hice es un paso muy chiquito. Ojala tenga algunos efectos, ojala provoque que China reconozca que está en un error, que sea más pluralista, que sea más abierta, ojalá que genere eso. Y para los practicantes, comparto el dolor que sufren ellos permanentemente por la persecución. Cuando uno lee el expediente y cuando toma esas declaraciones, tratar de imaginarse que uno está en China y vivir eso; es indescriptible, es imposible, las cosas por las que pasaron los practicantes con los que yo hablé son increíbles; no se puede concebir que esté pasando esto en el siglo XXI. No les puedo mandar un mensaje concreto, ellos tienen su religión con mucho más contenido que el mensaje que yo les puedo mandar. Si lo que hice les da un valor de esperanza, estoy feliz por eso.
Sangre de prócer, espíritu de juez
Nacido en Capital Federal, criado en Martínez, en una familia ligada al Derecho, generación tras generación, Octavio Aráoz de Lamadrid tuvo muy claro desde chico lo que iba a hacer en su vida: ser juez. Según sus palabras, se preparó durante muchos años, “siempre con ese objetivo”.
Su apellido lo respalda. Un ancestro, Gregorio, prócer de la independencia argentina; un abuelo Presidente de la Corte Suprema durante los gobiernos de Frondizi, Guido e Illia; padre y hermanos, todos jueces y abogados.
Pero igual tuvo que esforzarse. Hizo la primaria y secundaria en colegios estatales. Luego estudió en la Universidad Católica Argentina mientras trabajaba desde los 19 años en un juzgado correccional. Hizo un posgrado en España y volvió a Argentina para trabajar, con la idea de regresar para hacer el doctorado, pero la situación del país lo impidió.
Con una larga trayectoria en la Cámara de Casación Penal, en 2005 le llegó la oportunidad de subrogar el juzgado Federal Nº9. Cuatro meses después, abrió la causa por el genocidio Falun Gong, cuyos fallos hoy se estudian en todos los posgrados de Argentina y también en el extranjero.
A fines de diciembre de 2009 tuvo que renunciar por presuntas presiones derivadas de otras causas políticamente sensibles. Cree que tanto su fallo histórico como su renuncia serán una lección moral que sus hijos reconocerán.
“Prefiero irme así y no claudicar y tener que hacer un montón de cosas de las cuales te arrepentís, nada más que para quedarte con el cargo”.
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