La relevancia de la pintura del siglo XIX (Primera parte)
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El 99% de todas las pinturas realizadas entre los años 1850 y 1900 no pertenecían al Impresionismo ni al Postimpresionismo. En realidad, eran arte académico, que se enseñaba en las grandes academias de la época y se exhibía en las exposiciones anuales celebradas en Europa, sobre todo en las galerías de París.
Las palabras “arte académico” llegaron a utilizarse de una manera despectiva o denigrante, al ser consideradas insignificantes, banales, mundanas, y sin inspiración. No obstante, académico, más exactamente, significa un cumplimiento de los estándares de excelencia tanto en la formación como en la ejecución artística, y una dedicación a la enseñanza y al aprendizaje con gran disciplina y dedicación a los métodos, desarrollos y avances de las generaciones anteriores.
Pero aunque en el pasado esto era muy apreciado, del mismo modo los artistas eran alentados a desarrollar su arte en niveles más elevados de excelencia creativa, técnica y de expresión.
Sin embargo, este arte académico se caracterizó por ser opresivo, limitado, y superficial según los pedagogos de la abstracción “oficiales”. No obstante, la verdad era exactamente todo lo contrario.
Voy a demostrar que los artistas académicos del siglo XIX, y Willian Bouguereau en particular, no solo fueron importantes para aquellos tiempos y de interés para el curso principal de la historia del arte, sino que fueron importantes para la evolución del arte en sí mismo. Estaban trabajando en lo que sin duda será considerado como la encrucijada más importante de la historia humana, cuando la humanidad, después de incontables generaciones de esclavos, vasallos y siervos, utilizando las palabras creativas de su recién creada filosofía política, rompió las cadenas y reconstruyó sociedades basadas en los derechos humanos y la democracia.
Los pintores de su época, a diferencia de los escritores y poetas también del momento, no solo han sido tratados de forma injusta en las escuelas y en los libros de texto, sino que han sido degradados deliberadamente y difamados en los artículos, catálogos e incluso libros de referencia de arte y textos de historia del arte.
Estos escritos se podrían entender con más precisión como folletos de propaganda masiva publicados por los vencedores modernistas, que escribían aquello que claramente se adaptaba a su causa e intereses transitorios. Sus intereses, seguramente, no están dentro de los intereses del gran arte, de la historia del arte, y de la integridad de la educación artística, algo que debemos trasmitir de forma responsable a la siguiente generación.Relevancia es una palabra que se ha utilizado mucho y se ha abusado mucho de ella por parte de los críticos e historiadores para situar a los pintores y escritores dentro de la visión “progresista” de la historia del arte, a medida que se abría paso a través de los siglos, desde principios del Renacimiento hasta los tiempos modernos.
Mientras que muchos grandes y consumados artistas probablemente se han perdido o han sido menospreciados, en su gran mayoría, los grandes y los cuasi grandes, han recibido su reconocimiento o por los menos alguna mención razonable en la disciplina de la historia del arte. Esto fue así hasta mediados del siglo XIX.
Empezando con el arte de alrededor de 1840 en adelante, los eruditos del siglo XX desecharon todos los criterios normales para juzgar, describir, y analizar la historia del arte. Casi todos los libros de texto que se han utilizado desde mediados del siglo XX han reescrito la historia del siglo XIX para adaptarse a las necesidades y prejuicios del mundo del arte modernista, que ve toda la historia del arte a través de lentes “deconstruccionistas”.
Estas lentes definen como importantes, valiosos y relevantes, solo aquellos trabajos que rompen una u otra de las reglas y parámetros por los que las obras de arte antes eran valoradas y apreciadas. La historia del arte fue vista como una larga marcha de los “avances” del Impresionismo a través de una secuencia de diferentes movimientos que abrieron el camino a la abstracción, abrazada a un fervor religioso por los seguidores de esta “nueva historia” para ser la más grande de todas las formas y estilos del arte.
Fred Ross es presidente y fundador del Centro de Renovación del Arte. Tiene un Master en arte por la Universidad de Columbia, es educador de arte, profesor, coleccionista, escritor, pintor y autor de libros sobre historia del arte del siglo XIX.
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