La ciberguerra de los “titanes modernos”: Google – EEUU – China
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Google se sumó a las muchas empresas occidentales, que aún reconociendo que se introducen en un mercado lóbrego, priorizan las sustanciales ganancias que les reportan antes que el principio de no colaborar con un gobierno totalitario, cuyas reglas democráticas, libertad de expresión, de conciencia o de derechos humanos simplemente no existen.
Que a principios de enero Google denunciara ser objeto de un ataque cibernético procedente de hackers que operaban desde China, pareció un revés a la libertad de información, al menos para Occidente. Pero al parecer, para Google es un costo demasiado alto, de ahí que haya amenazado con levantar la censura o terminar cerrando las oficinas en Beijing y su portal en China.
Lo primero, aunque con restricciones, ya lo llevó a cabo permitiendo a los usuarios el acceso a ciertas imágenes e información sobre Tiananmen, Dalai Lama o Falun Gong, etc. Lo segundo, está pendiente de que el gobierno chino acceda a que su motor de búsqueda opere sin filtros, y declare que ya no desea continuar censurando los resultados en su portal y se está replanteando si continuar o abandonar el país, cerrando Google.cn.
Más allá de la guerra fría o biológica
A la luz de sucesivas noticias, se descubrió que en realidad este asunto es un detonante que se ha escuchado, de otros que no.
Se trata de un nuevo modo de guerra, la cibernética, que se prevé gane terreno a la guerra fría y a la biológica. Metafóricamente se podría decir: “silenciosamente la guerra había empezado entre los generales de los distintos bandos, mientras, los soldados estaban en camino… y por añadidura, en el limbo”.
Y es que al Pentágono casi no le extrañó nada, porque desde el año pasado, por medio de sus agencias de inteligencia ya había descubierto intromisiones similares. Si hubiesen querido, los espías informáticos habrían desconectado por ejemplo la electricidad en varias regiones de EEUU.
Por añadidura, el FBI indicó que China tiene un “ejército de 180.000 ciberespías que representan una gran amenaza en forma de ciberterrorismo, con capacidad de destruir superestructuras vitales, impedir la actividad bancaria y el comercio, así como hacer peligrar las delicadas bases de datos del ejército.
Lo ocurrido con Google no fue ni más ni menos que el ataque de un virus troyano que penetró en sus servidores, permaneciendo durante días de forma sigilosa, sin que nadie se percatara, y permitiendo a los hackers acceder a información valiosa, no solo de la propia compañía y de algunos usuarios de Gmail, sino de más de una treintena de compañías estadounidenses, algunas muy importantes para la seguridad de los EEUU.
Fue después de este descubrimiento que el gobierno norteamericano investigó y descubrió que las direcciones IP conducen a hackers que colaboran con el régimen comunista.
“Los titanes”
El ataque ha sido calificado por ser algo más que un robo de datos comerciales, como si de un espionaje industrial se tratara, creando una fuerte inquietud en el Departamento de Estado norteamericano.
En tanto, la Secretaria de Seguridad Nacional, Janet Napolitano, dijo que se sabía de ese tipo de intromisiones "desde tiempo atrás", recomendando a la nación “estar alerta”.
Por su parte, Hilary Clinton, Secretaria de Estado, en tono muy tajante emitió un comunicado y envió una nota de protesta diplomática a Beijing, dejando claro que su gobierno no tolerará otro ataque.
Amenazó con una subida de tono diplomático e instó a que China investigue y publique las intrusiones informáticas. Advirtió que “en cuanto al terrorismo de determinados Estados y sus asociados, éstos deben saber que EE.UU. protegerá sus redes, y aquellos que interrumpan el libre flujo de información a nuestra sociedad o a cualquier otra, son considerados un riesgo para la economía, para el Gobierno y para la sociedad civil”.
Recomendó a las empresas estadounidenses seguir los movimientos de Google y terminar con la censura de contenidos en internet.
Hillary Clinton afirmó de manera rotunda que “los países que restringen el acceso libre a la información o que violan los derechos básicos de los usuarios de internet se arriesgan a frenarse a sí mismos en el camino al progreso del próximo siglo”.
A tal grado llegó la preocupación que incluso el presidente Barack Obama se manifestó preocupado y pidió “respuestas” a Beijing.
Mientras el gobierno norteamericano hace estas afirmaciones, Google se planta y declara que no más censura, y por su parte el régimen comunista “niega” el ataque, acusa a Norteamérica de tener “doble moral” y termina rematando el estoque afirmando que la política de China sobre la seguridad en internet es “transparente y consistente".
La mesa está servida, pero los comensales aún no se sientan esperando unos por otros a ver quién lo hace primero. El resto del planeta, permanece expectante al después del “…continuará”.
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