Vivir en un aeropuerto japonés, se ha vuelto “normal” para disidente chino

El régimen le impide regresar a su país para silenciarlo
Por Cindy Drukier - La Gran Época
Vie, 22 Ene 2010 13:21 +0000

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TOKYO –Vivir en una banca de plástico de 1,8 mts  en la sección de llegadas del Aeropuerto de Narita se ha vuelto “normal” para Feng Shanghu. Han sido más de dos meses y aún se encuentra ahí, viviendo en un pasillo alfombrado que se extiende desde la puerta de llegadas hasta los mostradores de inmigración. No hay tiendas, no hay restaurantes y no hay duchas. En algún lugar cerca hay un par de plantas en una ventana que da a la pista de aviones donde el sol aparece por un corto periodo de tiempo cada día.

Feng tiene un simple deseo: volver a casa. Sin embargo los oficiales chinos no dejan que este ciudadano chino retorne a su país.

“Ese es uno de los derechos  básicos que un ser humano tiene –volver a casa, este no es sólo un asunto chino. Quiero volver a mi hogar y a mi país, ese es mi deseo”.

La situación de Feg se ha transformado en un emblema en el intento de hacer responsables a los oficiales chinos de hacer respetar sus propias leyes.

En China, Feng publicaba una revista llamada “Vigilancia de Corrupción”, con el objetivo de monitorear la corrupción entre los oficiales y las cortes, en Shangai; su hogar. Ha sido autodidacta en leyes y ha ayudado a peticionarios chinos a pelear por sus derechos luego de que fueran desalojados y sus casas demolidas. Antes de eso, él fue un estudiante activista en el movimiento democrático de 1989, el cual fue aplastado cuando los tanques entraron en la Plaza de Tiananmen.

Feng declara que el régimen lo mantiene fuera de China para silenciarlo. "Ellos no tenían una razón legítima o excusa para arrestarme... por lo tanto ellos usaron un método diferente y me forzaron a salir de China. Luego de que te fuerzan a salir, no tienes otra opción  que irte. A través de los años le sucedió a mucha gente, usando el mismo método. Lo único que puedes hacer es protestar un poco”.

Por lo tanto, ésta es la protesta de Feng.

La encarcelación de Feng en el aeropuerto comenzó el 4 noviembre, mientras que la travesía para retornar a su hogar comenzó el 7 junio. Ésa fue la primera vez que las autoridades de Shangai le prohibieron la entrada a China luego de un viaje de dos meses a Japón. Lo intentó siete veces más, pero le prohibieron abordar el avión así como entrar a su país. En su último intento, el 3 noviembre, llegó a China pero fue físicamente forzado a volver al avión por la policía de Shangai y por el equipo All Nippon. Desde ese momento se mantuvo en el purgatorio que representa la estación terminal.

Tiene una visa válida para trabajar y puede entrar a Japón, pero no lo hace, piensa que el gobierno japonés debe presionar al gobierno de China para aceptar su propia ciudadanía pero no lo hizo, por lo que permanecer en la terminal del aeropuerto es parte de su mensaje de protesta.

"No tengo esperanza de que el gobierno japonés exprese algo al gobierno de China, esto está sucediendo en Japón, y aún sigue pasando", dijo Feng.

"Creo que el gobierno japonés está tratando de crear cercanía y amistad con China", agregó, destacando que muchos periodistas japoneses le preguntaron sobre esto.

El Alto Comisionado para los Refugiados de la ONU sugirió que se aplicara el status de refugiado, pero el rehúsa la oferta. Feng no está buscando un descanso reparador por la noche, sino justicia.

Cuando los viajeros pasan al lado de él en el vestíbulo, les entrega material que dice: “China es mi  propio país, soy un intelectual chino, tengo la obligación de denunciar que las autoridades chinas están violando los tratados internacionales sobre Derechos Humanos, la Carta de la ONU, la Constitución y las leyes chinas. Sé que seré objeto de persecución y sufrimiento en mi país natal, aún así quiero retornar a él”.

La misión de Feng en la Terminal de Narita es alentar al pueblo chino para trabajar en la solución de los problemas de su país.

“Quiero mostrarle al mundo, que pese al sufrimiento histórico del pueblo chino, éste es capaz de resolver sus propios problemas, sin pretender ser una carga para otros países ya que éstos tienen sus propias cosas por resolver”.

"Los chinos necesitan levantarse y resolver estos problemas por sí mismos", dijo Feng.

Feng tiene simpatizantes en China y en todo el mundo. Está ocupado todos los días trabajando en su computador, enviando tweets en chino a su legión de seguidores en Twitter y respondiendo llamadas por teléfono.

"Muchos medios alrededor del mundo periódicos, TV, y radios me han entrevistado. Tengo un tiempo específico para entrevistas", dijo Feng, describiendo su ocupado día.

Él afirmó que se ha acostumbrado a dormir bajo la luz permanente de las lámparas fluorescentes y que incluso puede mantenerse dentro del saco de dormir –una gran mejora desde la chaqueta que utilizaba para cubrirse –pasadas las 6 a.m., cuando el personal comienza a llegar. Su día de “trabajo” comienza alrededor de las 8:30 a.m. y se introduce al saco aproximadamente a medianoche.

Una pareja de asistentes de vuelo japoneses, pasaron a su lado saludando con un alegre y familiar “Ohiyo gozaimasu”- buenos días- como lo harían otros compañeros de trabajo.  

“Alrededor del mediodía, descanso un poco. Encontré un lugar donde puedo absorber la luz del sol", describió el disidente, sentado en sus manos, un poco demacrado, pero racional y decidido.

"Mi vida aquí se ha vuelto bastante normal", dijo.

Feng subsiste en base a donaciones o comida deshidratada que le lleva gente que lo apoya, o amigos de sus partidarios, que pasan a través del aeropuerto. Sus cosas se limitan a lo que es permitido llevar en el bolso de mano. Ocasionalmente, aeromozas taiwanesas le llevan algo fresco para comer. Sin posibilidad de ducharse, él es "cuidadoso" en lo que concierne a la higiene.

Feng no tiene intención de estancarse en las dificultades que representa  vivir en una banca de plástico, ya que ha soportado cosas mucho peores en China, ha estado en campos de trabajos forzados, ha sido arrestado, raptado, y torturado.

me sucedieron a mí también. En cárcel, yo soporté mucho dolor y cosas duras. Así que ahora, comparado con una persona promedio, mi capacidad de tolerancia es mayor. Trato de vivir una vida normal aquí".

La referencia de Feng a Gao Zhisheng es escalofriante. Gao es el activista y abogado chino nominado al Premio Nobel de la Paz, que escribió en detalle la sesión grotesca de 50 días de tortura que soportó mientras estuvo bajo custodia en China. En febrero de 2009 Gao fue nuevamente secuestrado en su casa por la policía y no ha sido visto desde ese día.

Noticias que se dieron a conocer la semana pasada afirman que el hermano de Gao siguió la pista de un oficial en Beijing que le dijo que el 25 septiembre Gao “se perdió cuando salió a caminar y se encuentra desaparecido”. Los adherentes y familiares temen lo peor.

Es increíble que un prisionero de importancia pueda desaparecer mientras "sale a caminar", sin sospechar que hay un gran encubrimiento de su condición,  afirmó Bob Fu, presidente de ChinaAid, en un comunicado de prensa.

A pesar de la cobertura internacional que se da a la situación de Feng, así como  el apoyo de personas que le expresan sus buenos deseos, existen pocas posibilidades de resolver este desplazamiento inusual. Pero Feng está inamovible.

“Mi estado mental es muy estable. Desde el primer día hasta ahora, no ha existido ningún cambio. Sé lo que estoy haciendo y sé lo que está sucediendo, así es que veo esto de manera lógica y racional”,  afirmó.

“No les digo a otros lo difícil que es vivir aquí, pero quiero mostrarles que bajo presión, somos capaces de permanecer calmados y estables. Esto les da esperanza a otras personas también”, dijo Feng como un último pensamiento antes de partir.

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