Esclavitud "Made in China"
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|nid=11432|title=|desc=Muñecas - Estas imágenes son de www.mydoll.it. Muñecas idénticas a las de las fotos fueron realizadas, en parte, en la División Tres del Campo de Trabajo Forzado de Mujeres de Shanghai entre junio de 2002 y mayo de 2003. Algunas fueron empaquetadas y enviadas directamente a Italia, y otras fueron enviadas a otros lugares para continuar el proceso. Llegando las fiestas de fin de año, algunos mercados comienzan a agitarse ansiosamente, entre ellos, el de los juguetes. Pero la alegría de los réditos que esto produjera no es necesariamente para los fabricantes locales de juguetes, ya que, para mal de ellos, dicho mercado, tanto en Argentina como en el mundo entero, ha sido invadido mayoritariamente por productos chinos de bajo costo.
En el caso particular de Argentina, de 230 fabricantes de juguetes que había antes de los ’90, sólo quedan 90, que representan sólo el 35% del mercado nacional, dominado cada vez más por las importaciones, según ha afirmado el Presidente de la Cámara Argentina del Juguete, Faraoni, en varias ocasiones. ¿Y quién domina estas importaciones? Pues los productos chinos, que acaparan ya más del 70% de las importaciones, con un alsa anual de compra un 65%.
Muchas han sido entonces las protestas de los jugueteros argentinos, bajo el lema principal de la defensa de la industria nacional. De igual forma se ha planteado si existe o no una competencia leal, pero los análisis oficiales, así como también algunos extraoficiales, suelen desconocer u omitir información vital, la cual, en sentido general, no está a la luz por ser sensible a los intereces del régimen chino. Por eso, en este informe nos adentraremos de manera comprometida en la realidad existente detrás de las baratijas chinas, y revelaremos desde abusos laborales extremos hasta factores escalofriantes que alcanzan la esclavitud y el genocidio.
Trabajo al límite de la esclavitud
Es sabido que los salarios irrisorios de los empleados en China Continental son el factor principal del bajo costo de los productos en cuestión. Esto en sí no genera mayor curiosidad porque la explotación laboral no es un concepto nuevo en el día a día argentino. Pero al conocer la descripción de las condiciones de trabajo en general en las industrias chinas, a cualquier trabador argentino, o por lo menos a la mayor parte, se le pondría la piel de gallina.
Hoy en día, aproximadamente el 75 % de los juguetes del mundo se fabrican en China. Esto es en gran parte porque las condiciones laborales “favorables” hacen que grandes empresas de todo el mundo utilicen fábricas en China para producir juguetes. Por ejemplo, empresas norteamricanas como Disney, Mattel (que produce la muñeca Barbie), Hasbro, Mc Donald (los “Happy meal Toys”, juguetitos de la cajita feliz) y Warner Brothers producen en China para abastecer a casi todos los minoristas nortemericanos, incluyendo Toys-R-Us, Wal-Mart y Target.
No obstante, la Comisión de Derechos Humanos de Asia (AHRC son sus siglas en inglés), con sede en Hong Kong, documenta que las diferencias de las condiciones laborales mundiales con las vigentes en la industria de la manufactura de jugetes chinos son abismales. Según la Laogai Research Foudantion, las condiciones en China están “apenas un nivel por encima del standard de la esclavitud”.
Según la AHRC, la edad promedio de los trabajodores de las fábricas chinas de juguetes es de entre 12 y 15 años. El salario promedio oscila entre seis a cuarenta centavos de dólar por hora (aproximadamente entre 20 centavos y 1,40 pesos argentinos por hora). A veces trabajan hasta 19 horas por día, por lo general 6 días a la semana, bajo 40 grados de temperatura, manejando pegamentos tóxicos, pinturas y solventes. Los que se enferman o embarazan, quienes supuestamente tendrían protección legal, son obligados a renunciar. El perfil típico de los trabajadores en estas fábricas es de mujeres jóvenes solteras que migran desde las áreas rurales hacia las cidades en búsqueda de trabajo. Un pequeño error, incluso en este ambiente laboral abusivo, puede excluir a uno de estos trabajadores sin educación ni capacidad de éste trabajo (en situaciones normales poco deseable) y cualquier otro, especialmente cuando miles indigentes están esperando ese puesto.Todo esto ocurre bajo el control y permisividad del gobierno.
En definitiva, con cerca de mil millones de chinos en estado de aguda pobreza compitiendo por sobrevivir, este mercado chino prospera en gran parte en base a la sobre oferta de trabajo. Pero hasta aquí no hay grandes novedades, todavía hay elementos muchos más gaves y alarmantes.
Esclavitud real, torturas y muerte
El otro factor que hace que los precios de los juguetes y otros productos chinos sean tan baratos es la utilización de trabajo esclavo real.
La Laogai Research Foundation, una de las principales organizaciones de defensa de los derechos humanos de los chinos, con sede en Estados Unidos, estima que existen cerca de 1.200 campos de trabajo forzado en China operando en la actualidad, con una población carcelaria de varios millones.
La producción de estos campos es tan grande y el costo tan bajo que tales productos no sólo son altamente vendidos, sino que ganan mercados enteros en el exterior y fuerzando los precios de productos similares. Esto termina incidiendo negativamente, por ejemplo, en las ganancias, salarios y condiciones laborales de los jugueteros argentinos, urgidos por abaratar costos para subsistir ante la invasión de las baratijas chinas producidas por esclavos.
Según numerosos testimonios, en los campos de trabajo se obliga a los presos comunes a trabajar un mínimo de dieciséis horas diarias, los siete días de la semana, sin ninguna remuneración. Quienes no completan sus tareas son golpeados y torturados, y en muchos casos se los obliga a trabajar día y noche sin dormir. El trabajo mismo, de hecho, es una forma de tortura, ya que no existen las condiciones básicas para realizarlo, y normalmente los esclavos terminan con pedazos de piel, uñas y hasta dientes arrancados, dolorosas heridas mezcladas con sudor y suciedad por no poder ir al baño, y un resultante sinnúmero de infecciones y enfermedades.
Hay dos objetivos directos detrás del sistema de trabajos forzados: primeramente crear una fuerza de trabajo consistente y barata a través del trabajo esclavo, y, en segundo lugar, hacer lavado de cerebro a prisioneros, lo cual llaman oficialmente “re-educación mediante trabajo”.
Por ello, la población de estos campos se compone tanto de un porcentaje de criminales, como de un porcentaje aún mayor, de “presos de conciencia”, pertenecientes a grupos perseguidos por el PCCh debido a su creencia religiosa o disidencia política o ideológica. En este último grupo predominan los practicantes de Falun Gong, perseguidos por sostener su creencia en los principios de Verdad-Benevolencia-Tolerancia, y practicar ejercicios y meditación. Muchos practicantes de Falun Gong y otros, detenidos ilegalmente, han sido torturados hasta la muerte en estos campos de trabajo forzado.
Según el Grupo de Derechos Humanos de Falun Gong, el sistema laogai es una “máquina del fascismo corporativo”, donde no importa la fuente ni la disponibilidad de los esclavos: “Los prisioneros son exigidos al límite, tratados como objetos de los cuales se extrae la mayor cantidad de trabajo posible, que sólo termina con la muerte o casi la muerte, y entonces son reemplazados por otros más ‘frescos’. Las condiciones de vida en el sistema laogai son absolutamente horrorosas, ya que cualquier mejora en dichas condiciones significaría menos ganancias.”
Volviendo a Argentina, al no poder identificarse los productos hechos en campos de trabajo forzado por haber en nuestro país normativas de importación que exigieran algún tipo de fiscalización del proceso de proceso de producción de los bienes chinos, de manera de garantizar su procedencia real, -sí existen exigencias en otros países, como ser Alemania- es muy probable que un porcentaje de las muñecas o las pelotas con las que juegan nuestros niños en casa, los cuales compramos a buen precio, provengan del sudor y la sangre de esta población esclava.
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