Como parte de la política exterior del “Frente unido”, dirigida por la Oficina de Asuntos Chinos en el Exterior del Consejo de Estado del régimen chino, los consulados y embajadas chinas fomentan constantemente la formación de asociaciones de estudiantes y comerciantes de chinos emigrantes, cuyos líderes en muchos casos son elegidos y apoyados por el Partido Comunista Chino, a veces incluso con un sueldo y otras con beneficios constantes.
Así, el PCCh tiene la capacidad de movilizar a las comunidades chinas en el exterior para ejecutar acciones puntuales, que van desde recibir con banderines a altos funcionarios hasta atacar a aquellos chinos o incluso extranjeros que, por expresarse libremente y criticar al PCCh en ese país, son considerados como amenazas al poder absoluto del PCCh en China.
En Argentina hay alrededor de 30 asociaciones y cámaras chinas nucleadas indirectamente por la embajada. Entre ellas, la Asociación de Reunificación Pacífica, la CASRECH (cámara de supermercadistas chinos), la asociación de frentistas del barrio chino, otras que agrupan a chinos por su lugar de procedencia, etc. En los últimos años, según algunas denuncias judiciales, varias de ellas han colaborado con la embajada en acosar e incluso atacar violentamente a miembros de las “cinco amenazas”.
Las “cinco amenazas”, según explicó una vez el ex vicecónsul de la R.P China en Australia Chen Yonglin –quien desertó en 2005–, son para el PCCh: los chinos que buscan la democracia, los Tibetanos, los musulmanes uigures, los practicantes de Falun Gong y aquellos que abogan por la independencia de Taiwán. En argentina, las principales víctimas han sido los practicantes de Falun Gong, quienes han sufrido reiteradas golpizas y diferentes tipos de persecución y acoso, aunque grupos pro tibetanos también han sufrido la “hegemonía” del régimen en este país (ver Hechos de persecución y violencia debajo).
Ganando terreno
El PCCh gana terreno rápidamente en países donde pueden corromper fácilmente a los funcionarios. En los últimos años, ha apuntado a África y Sudamérica, en particular por sus recursos naturales.
Un ejemplo en Argentina es la mina de hierro de Sierra Grande. Mediante intervenciones en la justicia, el régimen chino pudo impedir que fuera adquirida por otras empresas extranjeras para luego lograr que aterrizara en manos de una compañía china. Misteriosamente, desde entonces, ha cambiado varias veces de dueño, siempre chinos. Una versión posiblemente relacionada es que el alto funcionarios chino Luo Gan –uno de los 9 miembros del máximo buró político del régimen chino– es uno de los titulares de la mina.
Luo Gan, ingeniero en minería, arribó a Argentina a fines de 2005 en un avión presidencial, en una visita prácticamente sin agenda oficial, y fue visto en el sur de Argentina poco antes de que Sierra Grande fuera habilitada para comenzar a operar. Ya había sido publicado en la región que un “alto funcionario” del partido comunista chino sería el titular de la empresa que adquiriría la mina. Nunca quedó claro por qué salió de China para un viaje que no tuvo agenda oficial; aunque se escucharon versiones en la comunidad china que, por protocolo, el avión presidencial no pasaría por control aduanero y esto haría posible el ingreso de dinero efectivo sin control.
El hecho de que un alto funcionario tenga una difusa relación con la mina no es un dato menor en este caso. Lejos de la prosperidad laboral prometida para los habitantes de Sierra Grande, la mina está siendo trabajada casi exclusivamente por mineros traídos de China, y lo que ocurre adentro se ha convertido en un secreto bien vigilado. Existen rumores de saqueo de cobalto (material componente de la “bomba sucia”, una terrible amenaza cuando es poseída por grupos o estados terroristas), que habría en cantidad en Sierra Grande. En este contexto, quedan dudas de cuáles podrían ser las razones del gran interés del régimen chino en una mina cuyo hierro es de pobre calidad.
Por otro lado, es de conocimiento común entre los chinos que la embajadas chinas son las que financian muchos emprendimientos de chinos en el país extranjero.
Un turista europeo que visitó Argentina hace poco contó a La Gran Época que en un pueblito de 10.000 mil habitantes a una hora de La Plata, entabló una conversación con un joven chino en un supermercado y le preguntó para qué se habían instalado en un pueblito. El joven respondió, “fui enviado”. Cuando se le preguntó por quién, se calló abruptamente. Este joven es miembro de una de las dos familias chinas que llegaron hace un año al pueblo y, con repetidas ofertas de precios inflados, consiguieron comprar dos supermercaditos allí. Siguiendo el instinto de negocios, ningún chino hubiera comprado estos supermercados dada la baja densidad de población de la zona.
La embajada china en Argentina motiva a los chinos a poblar distintas partes del país. También, mediante acuerdos con el gobierno nacional, ha facilitado la obtención de miles de residencias. Estas poblaciones chinas naturalizadas quedan ligadas a la embajada, y son maniobradas a través de las diferentes asociaciones chinas. Así, constituyen un potencial poder político y factor de influencia para el PCCh.
Hechos de persecución y violencia:
A fines de 2004, durante la visita del líder comunista chino Hu Jintao, practicantes argentinos de Falun Dafa que pedían por el “cese del genocidio en China” fueron golpeados y robados por grupos de chinos frente al Hotel Hilton y frente a la Casa Rosada, en ‘zonas liberadas’ por la Prefectura y la Policía Federal respectivamente, con el objetivo de impedirles manifestarse. Frente a la Cancillería, la policía misma quitó una bandera a un manifestante legal y pacífico y arrestó a sin razón a tres personas, que liberó cuando el mandatario dejó el lugar.
En la Feria del Libro de Buenos Aires de 2004, la embajada de China presionó, sin éxito, al entonces Secretario de Cultura Torcuato Di Tela y a los directivos de la Fundación El Libro para que impidieran la presencia del stand de Falun Dafa.
A fines de 2005, durante la visita del alto funcionario chino Luo Gan –alto directivo de la Oficina 610, una ‘GESTAPO china’– practicantes argentinos de Falun Dafa fueron atacados por una banda de unos 40 chinos, presuntamente organizados por la CASRECH (cámara de supermercadistas chinos) –con estrechos lazos con la embajada– frente al Congreso de la Nación, luego de presentar una demanda judicial de derecho internacional contra dicho funcionario.
En el barrio chino, durante las ferias de Año Nuevo Chino organizadas por la embajada china, cada año hubo problemas. Un año, una banda de chinos uniformados que hacían de ‘seguridad oficial’ increpó a argentinos que vestían remeras que decían “Falun Dafa es bueno” (disciplina perseguida por el régimen) y las palabras “Verdad-Benevolencia-Tolerancia”, advirtiéndoles que no podían caminar por esas calles con esas remeras.
En 2006, el Embajador de la R.P. China convocó a los comerciantes en barrio chino a una reunión en la embajada, donde los instó a “expulsar” a los practicantes de Falun Dafa que todos los fines de semana reparten volantes y diarios gratuitamente en la esquina. No tuvo acatamiento.
Durante el paso de la Antorcha Olímpica por Buenos Aires el año pasado, activistas argentinos pro-tibetanos, pro-Falun Dafa y contra los abusos de la dictadura china fueron atacados por chinos organizados por la Asociación de Reunificación Pacífica, acción luego elogiada por un organismo oficial de China continental.
En junio de este año, el espectáculo de danza clásica china Shen Yun con base en Nueva York, fue interferido por la embajada de China durante su paso por Argentina. El PCCh odia a esta compañía porque revive la cultura tradicional que éste destruyó y presenta aspectos de la sociedad china que ponen en evidencia la opresión de la dictadura a la espiritualidad. La embajada amenazó al teatro y también interfirió en el visado de los artistas.









