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El espíritu de Tiananmen

El 4 de junio se cumple el 20 aniversario de las protestas estudiantiles en la Plaza Tiananmen, donde miles de ciudadanos chinos perecieron bajo los tanques del Ejército Popular de Liberación


Opinión de Alejandro Nadal - La Gran Época
03.06.2009 00:09


Un pequeño hombre delante de una hilera de tanques del ejercito chino fue una imagen que sorprendió al mundo el 5 de junio de 1989.

Un año más volveremos a ver esta imagen decenas de veces. La instantánea está tan impresa en nuestra memoria, que casi sentimos que fuimos testigos directos de esta escena. Veinte años después, aún nos maravillamos ante el valor de esa persona, capaz de parar el avance de los tanques, armado con las bolsas de la compra y una dignidad sin límites.

No se trató de ningún héroe legendario, era una persona anónima que, como cualquiera de nosotros, baja al mercado a hacer la compra, y que nos recuerda el inmenso poder que reside en el espíritu del ser humano. Por esta razón el régimen comunista chino no ha permitido que su población vea ni esta imagen, ni las sangrientas escenas que prueban que aquella noche el ejército chino masacró a miles de personas inocentes, que sólo pedían que se llevaran a cabo algunas reformas que aseguraran sus libertades.

Todos los años por estas fechas, se realizan manifestaciones en Beijing de centenares de personas que, dos décadas después, piden justicia para las víctimas y el reconocimiento por parte del régimen del terrible error que supuso esta violenta represión. Y la forma que las autoridades tienen de reconocer ese error es ordenando centenares de arrestos. Por supuesto, ningún chino, fuera o dentro del país, leerá una linea o verá una imagen al respecto en un medio controlado por el régimen. Porque este régimen dictatorial, como tantos otros, impone un silencio absoluto sobre los asuntos que le incomodan, y aquel que no obedezca y no calle, entonces debe prepararse para sufrir las consecuencias.

Si gobiernas un país democrático, puede que simplemente tengas que atenerte a un chantaje comercial, y que algunas de las empresas de tu nación ya no puedan hacer negocios en China. Si eres una persona de a pie que protestas porque quieres que se respeten tus derechos fundamentales, es muy posible que seas arrestada y silenciada a golpes en cualquier centro de detención de Beijing. Y si persistes en tu protesta, es muy posible que simplemente desaparezcas.

En estas circunstancias, es fácil suponer que muchos chinos tienen miedo a posibles represalias, y prefieren mantenerse en silencio o mirar para otro lado. Sin embargo, hay también muchos ciudadanos chinos que en los últimos años han decidido salir a la calle no solo en defensa de sus libertades, sino también en protesta contra la corrupción de un partido comunista chino que cada día que pasa se desmorona más por sus conflictos internos. Ya sean intelectuales, campesinos, abogados, obreros, militares, estudiantes o desocupados, cada vez son más los que no están dispuestos a permitir que una pandilla de funcionarios corruptos siga violando impunemente la dignidad del pueblo chino, aunque les vaya la vida en ello.

Esto explica por qué se ha erigido recientemente como heroína nacional en China a una camarera que mató en defensa propia a un oficial del partido comunista chino que intentó violarla. Gao Xudong, prestigioso profesor universitario en China, afirma lo siguiente sobre esta mujer en su artículo Por qué debemos alabar a Den Yujiao: “Se defendió y resistió para proteger su dignidad. ¿No es este el espíritu que aseguró que la raza china sobreviviera durante tantos miles de años?”.

Este espíritu al que hace referencia el profesor Gao es el mismo espíritu que compartían los miles de ciudadanos que salieron a la calle esa noche del 3 al 4 de junio de 1989, para pedir reformas democráticas al régimen. Como consecuencia, Deng Xiaoping ordenó una masacre que supuso algo más que un castigo ejemplar para todo aquel que pretendiera alzar su voz contra el régimen. También significó la condena de una población, intimidada y resignada, a agachar la cabeza y llorar en silencio.

Sin embargo, este silencio se rompió diez años después, cuando 10.000 practicantes de Falun Gong se concentraron pacíficamente en Beijing para pedir que liberaran a unos compañeros arrestados injustamente. Era la manifestación ciudadana más numerosa en China desde la protagonizada por miles de estudiantes en Tiananmen, y una muestra de que el pueblo chino aún seguía dispuesto a proteger su dignidad. La respuesta del líder del partido en aquellos días, Jiang Zemin, fue lanzar una persecución sin precedentes contra millones de practicantes de Falun Gong, que continúa hoy en día, y que, a pesar de haberse cobrado miles de víctimas, no ha conseguido callar a los casi 60 millones de chinos que ya han renunciado públicamente al partido comunista chino.

Esto es un signo de que ese espíritu de Tiananmen permanece vivo aún, tal vez más vivo que nunca, porque un tanque tal vez pueda aplastar el cuerpo de un ser humano, pero nunca podrá aplastar su espíritu.