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¿Evidencias de bombas atómicas 5000 años a.C.?

Muchos científicos intentaron explicar la dispersión de las grandes rocas de vidrio en el desierto como producto de impactos de meteoritos. Sin embargo, nunca fueron detectadas huellas de tales impactos, ni por imágenes satelitales ni por sonar


Por Leonardo Vintiñi – La Gran Época
10.04.2009 17:36


(Creative Getty Images)

Un trozo de moldavita, producto de la fusión de arena en el desierto. (Wikimedia Commons)

...(Fue) un solo proyectil

Cargado con todo el poder del Universo.

Una columna incandescente de humo y fuego

Tan luminosa como mil soles

Se elevó en todo su esplendor...

 

...Era un arma desconocida,

Un rayo férreo,

Un gigantesco mensajero de la muerte,

Que redujo a cenizas

Toda la estirpe de los Vrishnis y los Andhakas.

 

...Los cadáveres fueron así quemados

Hasta ser irreconocibles.

El pelo y las uñas se les cayeron;

La alfarería se rompió sin causa aparente,

Y los pájaros se volvieron blancos.

 

Después de unas horas

Todos los comestibles fueron contaminados...

....para escapar de este fuego

Los soldados se arrojaron a los arroyos

Para lavarse ellos y su equipos.

             Versos del Mahabharata, antigua escritura hindú

 

“Ahora me he convertido en la Muerte, en el Destructor de Mundos”.

             Dr. J. Oppenheimer, padre de la bomba atómica, citando versos del Bhagavad Gita, antigua escritura hindú.

 

Mil soles brillaron sobre Mohenjo-Daro; mil sobre las ciudades del mundo. Y mil por mil abrasaron a la madre África, donde todo era verde y hoy todo yermo es. Cabezas nucleares reclamaron justicia; sobre las naciones débiles, sobre las naciones fuertes. Sobre los enemigos de la democracia, y sobre los enemigos de sus enemigos. Impactos y contraimpactos como estrellas de la muerte, hicieron refulgir cada rincón del planeta. Los pájaros se volvieron blancos, y aún aquellos que corrieron por sus vidas perecieron. Al final, solo uno de cada billón pudo procrear hijos sanos. Las generaciones engendraron generaciones, pero la tecnología fue un sueño del pasado. Las máquinas ya no surcaron los cielos; la rueda tuvo que ser reinventada.

Líbia, vidrio y misterio

Cuando siete años después del ensayo nuclear en Alamogordo, Nuevo México, el Dr. J. Robert Oppenheimer fue interrogado sobre la naturaleza primeriza de aquella explosión, el padre de la bomba atómica respondió: “Bueno, sí, (es la primer bomba) en la historia moderna”. La sentencia, enigmática e incomprendida en su momento, refiere al conocimiento que Oppenheimer tenía acerca de los texto hindúes clásicos, donde una catástrofe apocalíptica parece haber sido retratada con lujo de detalles. Un desastre global causado por “Un arma desconocida, un rayo de hierro”, que no concuerda con erupciones volcánicas u otros fenómenos conocidos.

Alarmando a la facción conservadora de la comunidad científica, la existencia de armas atómicas previas al presente ciclo de civilización parece susurrar sus versos desde cada rincón del planeta. No ya versos hindúes, sino joyas, amplias extensiones de fragmentos vítreos posados sobre el arena de muchos desiertos. Cristales de sílice fundido idénticos, curiosamente, a los provocados sobre la zona de White Sands después de la primera explosión atómica.

En diciembre de 1932, Patrick Clayton, agrimensor del  Egyptian Geological Survey, manejaba entre las dunas del Gran Mar de Arena, próximo a la Meseta de Saad, Egipto, cuando escuchó crujir bajo las ruedas, grandes láminas de vidrio. El hallazgo, que despertó el interés de la geología internacional, llevaría a plantear uno de los enigmas más grandes de la ciencia moderna ¿qué fenómeno es capaz de elevar la temperatura del arena hasta 1.800 grados centígrados fundiéndola en grandes hojas de cristal amarillo verdoso?

Albion W. Hart, uno de los primeros ingenieros graduados en el Instituto Tecnológico de Massachussets, se dio cuenta en su paso por White Sands, que las hojas de vidrio dejadas por la explosión nuclear eran idénticas a las formaciones que había observado 50 años antes en el desierto africano. Sin embargo, la extensión de desierto fundido requería que la explosión fuera unas 10.000 veces más poderosa que aquella observada en Nuevo México.

Muchos científicos intentaron explicar la dispersión de las grandes rocas de vidrio en el desierto del Líbia, el Sahara, Mojave y muchos otros lugares del mundo, como impactos de meteoros gigantes. Sin embargo, la teoría es insostenible debido a la ausencia de cráteres en el desierto. Nunca fueron detectadas huellas de tales impactos, ni por imágenes satelitales ni por sonar.

Además, las piedras vítreas encontradas en el desierto libio presentan en un grado de transparencia y pureza tal (99%), que no es típico de las fusiones registradas en la caída de meteoritos, en las que el hierro y otros materiales se mezclan con el sílice fundido tras el impacto.

Ante este enigma, los científicos proponen que los meteoritos causantes de las piedras de vidrio podrían haber explotado unos kilómetros por encima de la superficie de la Tierra, como supuestamente sucedió en Tunguska, o simplemente rebotar, llevándose consigo la evidencia del impacto, pero dejando el calor de la fricción. Pero esto no explicaría como dos áreas próximas del desierto libio presentan el mismo patrón, siendo la probabilidad de dos impactos cercanos de meteoritos tan baja. Tampoco explicaría la ausencia de agua en las placas (tectitas) cuando las áreas de impacto abundaban en ella unos siete milenios en el pasado.

Mohenjo Daro, la Sodoma moderna

La ciudad donde surgió la cultura del Valle del Indo presenta hoy un gran enigma. Las rocas de sus ruinas parecen vitrificadas en parte, y sus habitantes esfumados. Además, misteriosos textos locales aducen un período de siete días de gracia para que los 30.000 habitantes salven su vida de un episodio horroroso, citando en forma reiterada a carros voladores llamados Vimana.

En 1927, años después del descubrimiento de las ruinas de Mohenjo Daro, 44 esqueletos humanos fueron encontrados en las afueras de la ciudad. La mayoría de ellos en posturas antinaturales, como si una grave catástrofe los hubiera alcanzado en una carrera inútil. Con la cara mirando al suelo, ambos padres y una niña aún permanecían tomados de la mano, cuatro milenios después. Algunos cuerpos presentaban signos de radiación inexplicable, casi tanto como el calor necesario para fundir los ladrillos de la ciudad. Muchos expertos opinan que Mohenjo Daro es un inequívoco signo de catástrofes nucleares milenios antes de Cristo.

No obstante, la ciudad no es la única alcanzada por la supuesta ira nuclear. Decenas de edificaciones del mundo antiguo presentan ladrillos de roca fusionados, cómo prueba de un calor que los científicos modernos no pueden explicar:

Antiguas fortificaciones y torres en Escocia, Irlanda e Inglaterra

La ciudad de Catal Huyuk, en Turquía

Las construcciones reales de Alalakh en el norte de Siria

Las ruinas de Siete Ciudades, en la proximidad del Ecuador

Ciudades entre el Río Ganges de la India y las colinas de Rajmahal

Las arenas del desierto de Mojave, en los Estados Unidos

En cualquier lugar del mundo, presencias de una temperatura abismal hacen eco de una época en la que posiblemente la tecnología nuclear ya era conocida. Una época en la que los avances de la física atómica se volvieron contra el hombre.