El 10 de marzo de 1959 los habitantes de la ciudad de Lhasa salieron a la calle para pedir la independencia de Tíbet y el final de la represión china, en lo que supuso la mayor manifestación en la historia de esta pequeña nación. El ejército chino aplastó esta protesta pacífica, asesinando a más de 80.000 personas aquel día, y el Dalai Lama se vio forzado a huir hacia el exilio en India.
Hoy, a más de 50 años de aquella matanza en Lhasa y a un año y unos días de la violenta represión que sufrió el pueblo tibetano previo a las Olimpiadas, aún siguen llegando informes a occidente de las torturas bajo custodia policial que sufren cientos de tibetanos inocentes. Más de 2.000 personas arrestadas, más de 200 asesinadas y más de 1.000 heridas, son algunas de las cifras que ofrecen las organizaciones tibetanas en el exilio, como resultado de la violenta represión del régimen comunista en 2008.
A pesar de la significativa prohibición de entrada a la prensa en la región, la comunidad internacional fue testigo de una brutal represión contra el pueblo tibetano, que el régimen chino intentó ocultar sin éxito. Cada día, los medios de comunicación occidentales informaban sobre protestas contra la situación en Tíbet, sobre un posible boicot a las Olimpiadas de Beijing, sobre exigencias de un diálogo entre las autoridades chinas y el Dalai Lama, etc.
Sin embargo, todo esto pareció diluirse cuando un terrible terremoto sacudió la provincia china de Sichuan el 12 de mayo. Las autoridades comunistas se las arreglaron para utilizar esta catástrofe en su favor y ganarse la simpatía del mundo occidental. Y además consiguieron que el asunto del Tíbet pasara a un segundo plano. Mientras tanto, la policía china hacía registros casa por casa en Lhasa, ofrecía recompensas a cambio de información sobre los manifestantes, y arrestaba a centenares de personas a las que obligaba a firmar declaraciones escritas.
Las negociaciones entre el Dalai Lama y las autoridades chinas nunca se encaminaron realmente, básicamente porque el régimen comunista se negó a ello, mientras continuaba difamando al líder espiritual tibetano, acusándolo de organizar los disturbios. A la vez, algunos líderes políticos mundiales parecieron olvidar sus condiciones para evitar el boicot a la ceremonia inaugural de las Olimpiadas.
Los informes de arrestos en la región tibetana empezaron a llegar con cuentagotas, mientras las autoridades chinas anunciaban la implantación de un nuevo programa de educación “patriótica” en la región, es decir, una aceleración de la destrucción de la identidad cultural y espiritual del pueblo tibetano.
Y con las fotos de las personas asesinadas a tiros en las calles de Lhasa aún en nuestra memoria, estamos nuevamente en el mes de marzo. El partido comunista chino ha cerrado Tíbet hace semanas; algunos tibetanos fueron arrestados después de tímidas protestas en algunas regiones; un monje budista fue abatido a tiros por la policía china después de prenderse fuego en señal de protesta.
Mientras el régimen chino pretende ofrecer una imagen de calma en la región a través de visitas guiadas para periodistas selectos en ciudades tibetanas infestadas de fuerzas armadas, el Dalai Lama declaró recientemente que “La represión china ha convertido el Tíbet en un infierno en la Tierra”. Decenas de miles de personas se manifestaron pacíficamente en todo el mundo para recordarnos a todos que el pasado 10 de marzo se cumplió un año más de la ocupación del Tíbet por la República Popular China; un año más cargado de opresión, violencia y destrucción de la cultura tibetana, y ya van cincuenta.
http://www.lagranepoca.com/articles/2009/03/10/2955.html
