Relatos de una sobreviviente de la persecución. Parte I

Parte I de III: Comienza la represión
Por Matthew Robertson – La Gran Época
Lun, 22 Dec 2008 18:45 +0000

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|nid=9038|title=|desc=Yanwei con un amigo, practicando una de las meditaciones de Falun Gong en el país. (Imagen privada) “Yo conté la verdad acerca de Falun Gong a clientes y administradores en nuestra compañía, a los amigos y a personas de otros entornos laborales, incluso a veces, hablaba con los pasajeros en un bus o con otros compradores cuando iba de tiendas. A veces les decía:“Falun Gong es bueno! Un amigo mío practica Falun Gong y es una persona muy buena. Estudió en la Universidad Nankai y actualmente trabaja como abogado en el Banco de las Comunicaciones. Todos conocen el prestigio de esa universidad y saben que sólo los jóvenes que poseen buenas cualidades van ahí.

¡El PCCh es tan malo porque persigue a personas buenas!.Cuando relataba esta historia a los pasajeros, o a mis amigos, ellos se mostraban siempre de acuerdo conmigo”.

Esta escena es muy común en la China de hoy. La relatora, llamada Yanwei, es una practicante de Falun Gong de 40 años. Desde 1999 ella y otros que practican la disciplina, han estado “esclareciendo la verdad” por toda China.

Ellos conversan directamente con la gente acerca de las experiencias positivas que han adquirido con la práctica de los cinco ejercicios y las enseñanzas morales de Falun Gong, conocidas tiempo atrás, de una manera masiva y popular en China. Les explican también acerca de las terribles consecuencias que tienen que sufrir aquellos que continúan practicando, desde que fue proscripto por el represivo régimen comunista en China.

Ella relata estas historias a sus colegas, amigos y desconocidos como una manera de contrarrestar la intensa campaña propagandística remunerada contra Falun Gong desde el 20 de julio de 1999. Hasta ese entonces, millones de chinos en todo el país, acudían cada amanecer, a los parques públicos, plazas y calles, a practicar los ejercicios y la meditación.

“Usted sabe, en nuestra ciudad se reunían más de 20.000 practicantes para hacer juntos la práctica de los ejercicios”, explica Yanwei.

Ella comenzó a practicar Falun Gong hace diez años cuando todavía no se había iniciado la persecución. Sus padres y otros parientes, también practicaban regularmente los ejercicios y juntos estudiaban las enseñanzas.

Falun Gong fue introducido al público en 1992 por Li Hongzhi. Fue una de las muchas prácticas de “qigong” que se difundieron ampliamente durante los años 80 y 90 atrayendo a cientos de millones de chinos de todas las clases sociales.

Qigong se refiere a una variedad de prácticas tradicionales que contempla movimientos dirigidos a regular el “qi” o “energía”. Falun Gong era diferente de otras formas de qigong que se centraron principalmente en la salud física. Enfatizaba en una enseñanza central de “Verdad, Benevolencia y Tolerancia”; hablaba acerca de no dar tanta importancia a la riqueza y a la fama y enseñaba a observar la propia conducta al encontrarse con dificultades. Obtuvo una rápida popularidad y en 1998 un estudio de la Administración Oficial de Deportes, estimó que había unos 70 millones de practicantes por todo el país.

Sin embargo, el crecimiento de Falun Gong en el interior de China fue interrumpido a mediados de 1999, cuando Jiang Zemin, el líder del Partido Comunista Chino (PCCh) de entonces, proscribió la práctica y exigió que fuera erradicada. Se dice que entre las órdenes que impartió señaló que, “no hay medidas demasiado excesivas” para eliminar a Falun Gong.

Las explicaciones para la campaña de Jiang incluyen los celos al fundador del grupo, la inmensa popularidad de Falun Gong y una crisis de legitimidad para una autocracia no elegida, desconectada de la gente común.

Ahora las personas como Yanwei están en la clandestinidad en China, practicando en sus hogares y distribuyendo de forma anónima material informativo sobre la disciplina y su persecución, introduciéndolos en los buzones o en las cestas de las bicicletas. Yanwei dice que ella insiste en esto porque Falun Gong le enseñó que el verdadero sentido de la vida no está en las ganancias mundanas, sino en la pureza del corazón.

Cuando sus incrédulos colegas se burlan, ella les pregunta retóricamente: “Qué hay de incorrecto en Zhen-Shan-Ren?” (Palabras en chino de Verdad, Benevolencia, Tolerancia). No se cansa de explicar a sus amigos y colegas los beneficios de la práctica y les afirma su derecho a determinar su propia creencia.

 Afortunadamente, Yanwei no es una de los cientos de miles que han sido capturados por las fuerzas de seguridad y enviados a prisión o a campos de trabajos forzados o a clases de lavado de cerebro. Según el Informe de Libertad de Religión del Departamento de Estado de EEUU en 2007, se estima que la mitad de los prisioneros de los campos de trabajo en China, son practicantes de Falun Gong.

 De acuerdo a las declaraciones de los sobrevivientes de Falun Gong publicados en los sitios web, los practicantes detenidos en campos de trabajos forzados son rutinariamente golpeados, privados de comida y torturados, a veces hasta la muerte, en un esfuerzo para que renuncien a sus creencias. El Wall Street Journal, Washington Post, Amnistía Internacional, Human Right Watch, y el Relator Especial en tortura de las Naciones Unidas, entre otros, han informado de tal abuso sistemático.

 Sin embargo, la historia de su amigo Xiaowang, de 30 años, que trabajaba como ingeniero técnico en una fábrica de instalaciones eléctricas, es menos afortunada:

 “Debido a la popularidad que tenía en su lugar de trabajo, todos sabían que era un practicante. Un día, fue obligado a firmar una declaración que le comprometía a no practicar más Falun Gong pero él se rehusó firmar ese escrito. Entonces, fue detenido y enviado a prisión donde fue golpeado muy severamente”, comenta Yanwei.

“Su cabeza fue golpeada cruelmente dentro de un lavabo, por tres o cuatro policías con bastones eléctricos. Después de la paliza, como apenas podía moverse, cada tarde y cada noche, otro practicante le ayudaba a comer su comida”.

 Pero Xiaowang, en ningún momento se sintió intimidado y consiguió escapar de la prisión. Era natural de Shijiazhuang, una ciudad cercana a Beijing, y los tres años de prisión los pasó en el noreste de China. Ahí conoció a Xiaowu, otro joven practicante de Falun Gong y ambos pudieron regresar a Shijiazhuang.

 Actualmente, tanto los que han huido de prisión como los que han tenido que abandonar sus casas debido a sus creencias, consideraron necesario viajar por el país para ayudar a otros practicantes a atravesar el bloqueo interno y así cumplir con su misión. Durante un tiempo, permanecieron en la casa de Yanwei, le enseñaron a ella y a otros en la ciudad cómo usar Internet, y después continuaron su camino.

 Mientras estuvo en China, Yanwei nunca fue capturada y en el año 2007 huyó a Australia con su hija pequeña, una entre muchos de un flujo permanente de quienes son capaces de ingresar en países desarrollados como refugiados, aunque fue obligada a dejar a su esposo en China. Muchos refugiados de Falun Gong tienen historias similares.

Cuando ya se acercaba el 21 de julio, una severa y organizada campaña de persecución fue puesta en marcha por todo el país; una de las ciudades más golpeadas fue precisamente Shijiazhuang, lugar donde se encuentra el hogar de Yanwei. El coordinado esfuerzo nacional de “aplastar” la disciplina “en tres meses”, cumplía los objetivos iniciales de Jiang. Todos los “asistentes” en la ciudad, un nombre dado a quienes voluntariamente enseñan a otros los ejercicios de Falun Dafa, y actúan como un punto de contacto, fueron arrestados, siendo saqueadas sus casas y encontrándose en la actualidad con paradero desconocido.

 Cuando Yanwei y su madre se vieron ante esta situación, decidieron viajar a Beijing para ir a las oficinas de apelaciones y explicar la situación a las autoridades centrales. Según comentó después, llevaban dos mensajes principales: 1º) explicar los beneficios de Falun Dafa y 2º) protestar por las actividades ilegales de la policía en su ciudad.

 El esposo de Yanwei que había sufrido las consecuencias de una desgarrada violencia durante la Revolución Cultural, cuando sólo tenía cinco años, ahora, casi le suplicaba para que no fuera a Beijing. Según cuenta, sus padres fueron etiquetados como “contra revolucionarios” y obligados a desfilar por las calles siendo golpeados y atacados verbalmente.

Él le dijo: “éste es un gobierno del terror que no razonará contigo”. Sin embargo, Yanwei y su madre consideraron que su deber era ir. Ella comentaba que su esposo se desplomó en el sofá y suspiró; así estuvo durante días casi sin comer, ni dormir.

 La policía avanzaba lentamente por la plataforma del tren hacia Beijing, dijo Yanwei. Ellos llevaban consigo fotos del fundador de Falun Gong, llamado Maestro Li Hongzhi. Cualquiera que no pareciera un pasajero común era sacado de la muchedumbre y le pedían que escupiera o que pisara la foto. Al no hacer esto, se les negaba el pasaje del tren o eran enviados a la cárcel.

 Inmediatamente después de iniciarse la persecución el 20 de julio, la tarea de identificar a los practicantes de Falun Gong era fácil para la policía, muchas eran mujeres mayores del campo quienes no viajan comúnmente a Beijing.

 En la estación, la madre de Yanwei fue apartada y a ella la obligaron a dejarla atrás. Sin advertencia, la policía también registraba las maletas durante el viaje. La literatura de Falun Gong era confiscada y sus dueños arrestados.

 Alrededor de las oficinas de apelaciones en Beijing, había más policías que peatones registrando carteras y preguntando a la gente a qué venían. La copia de Yanwei de Zhuan Falun, el libro principal de Falun Gong, fue descubierta.

Ella y sus amigos fueron detenidos y sus pasaportes confiscados; fueron empujados dentro de un furgón policial para llevarlos al estadio de deportes más cercano, el que se había convertido en una prisión gigante para los practicantes de Falun Gong que habían viajado a Beijing.

 Ella reflexionó sobre ese suceso, dado que “Zhuan Falun” en 1996 estaba en la lista de los libros más vendidos de Beijing. Así explicaba: “Sentí una pena imposible de medir, porque no podía imaginar que un día iba a ser forzada a entrar en un furgón policial y tratada como un criminal, sólo por poseer “Zhuan Falun”.

“Durante el transcurso de mi vida, siempre había sido una buena estudiante, una buena empleada, y después de practicar Falun Dafa fui incluso una mejor persona”, comentó ella. “Ésta era la primera vez que había estado en un vehículo policial”.

En Beijing fueron miles los detenidos, puestos en furgones policiales y trasladados a estadios cada día. El uso del baño era muy limitado y el trato de la policía fue muy duro.

Yanwei recuerda que una de las mujeres que había hablado en contra de los arrestos exigiendo una explicación, “un oficial de policía le dio una patada y la tiró al suelo; al momento un grupo de policías abusaron de ella verbalmente y continuaron empujándola y abofeteándola por el suelo, hasta que su nariz comenzó a sangrar”. “En ese momento quise ir a detener esas acciones criminales, pero no lo hice por miedo”.

 Cuando se hizo de noche, fueron enviadas de regreso a su casa. Las obligaron a registrarse ante las autoridades, quienes se quedaron con sus nombres, direcciones y lugares de trabajo. Esta información -explica Yanwei- fue usada durante los años siguientes para acosar y arrestar a los practicantes.

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