En el balance el mundo se plantea las mismas preguntas ¿Realmente fueron un éxito los Juegos de Beijing? ¿Se hizo bien en otorgar los Juegos a China?
Según los comentarios del Comité Olímpico Internacional (COI), los Juegos resultaron ser “excepcionales” y esencialmente una “fuerza con buen fin”. Sin embargo, para los detractores, ha sido todo lo contrario. Esto es lo que se llama los dos lados de la medalla… ¿Pero esta expresión se puede contrastar? Si un lado de la medalla representa la hazaña deportiva y la otra la opresión, ¿podemos encontrar algún tipo de correlación y considerar que efectivamente hay un efecto de balancín entre los dos lados de la medalla?
Plantear la cuestión, es responder a ello. Querer distanciar los Juegos Olímpicos de sus valores fundadores, para excusar a una brutal dictadura y justificar la postura de una ceremonia deportiva, demuestra, o el fin de los Olímpicos como tales, o su transformación final en una aberración donde la cuestión monetaria y los intereses políticos atropellan sin conciencia, los pocos valores de humanidad que nos quedan.
El COI puede felicitarse por el buen desarrollo general de las pruebas deportivas. Sin embargo, de ahora en adelante deberá vivir con esta mancha espesa, ya que cuando se negocia con un socio mancillado, lo normal es terminar contaminado.
Todas las promesas hechas en relación con la libertad de prensa, los derechos humanos y los “parques de protesta”, eran el derecho del régimen chino. Pero en todos los casos, el COI sólo ha defendido su propia ingenuidad o complicidad. Para los Juegos de invierno de Sochi en el 2014, a menos que Rusia no sea un país más democrático, el COI se enfrentará con un rayo de críticas.
En el contexto actual, esto no indica quien vale. Sochi está a unos kilómetros de Georgia, sobre la costa del mar Negro y a unos 500 km de Grozny, capital derribada por Chechenia. La región en sí es muy explosiva, sin considerar las tendencias autoritarias y militaristas crecientes de Moscú. Pero esto, es un rompecabezas que difícilmente podrá frecuentar el COI antes de 2012.
Régimen chino
Además del COI, el régimen chino deberá evaluar su propia realización en este asunto. Tal como lo describen numerosos medios de comunicación occidentales la herencia dejada por esta “fiesta deportiva” como la presentación de una potencia sobre la escena internacional, no es todavía concluyente.
Por supuesto, la ceremonia de apertura habrá marcado los espíritus de millones de personas, con una raya roja sobre la frente de autómatas celebrando la disciplina militar y el engullimiento del individuo. Pero en el intento de exponerlo demasiado, Beijing dejó mostrar su juego, aquel en el que el régimen se apoya para dirigir el país: el engaño.
Así, poco a poco fuimos sabiendo que los fuegos artificiales presentados ante millones de pantallas en todo el mundo, incluidos los del estadio, eran unas animaciones computarizadas. Igualmente, que la pequeña cantante que interpretaba el himno de la madre-patria era “demasiado fea” para ser presentada delante de los ojos del mundo y valía más poner a una niña más guapa y con más gracia, y de esta manera, convertirla en la gran estrella de esta celebración. La voz no importa, una cara es todo para convertirse en el ídolo de la nación.
Para demostrar la “armonía social” y la unidad cultural en China, los 56 niños que representaban a cada una de las diferentes etnias portaban una gran bandera china.
Pero la bondad del régimen hacia los marginales tiene límites. Así, pudimos contrastar que en realidad todos los niños eran de la etnia mayoritaria Han y que tan sólo se habían puesto los trajes folklóricos.
Pensamos en seguida en el Tíbet colonizado, transformado en centro turístico y “depurado” de estos elementos tradicionales y por tanto “disidentes”. El Tíbet fue la gran región olvidada durante las fiestas, donde la represión prosiguió al amparo de las miradas.
Pero para el régimen, no cuentan los detalles. Convencer por la imagen, en una sociedad pasada de falsificación, el plagio y la piratería, es lo que cuenta.
Pero realmente, la imagen lanzada hacia el extranjero habrá sufrido un poco. Perturbar el trabajo de los periodistas no es lo ideal para obtener una buena prensa. Una promesa gruesa y quebrantada. Pero cuando usted tiene una influencia sobre ciertos medios de comunicación extranjeros, por la intervención de intereses comerciales con los propietarios de los grupos financieros, usted puede dormir un poco más tranquilo. En cuanto al “derecho a la protesta” también prometido, finalmente no fue más que un engañabobos.
Comparamos este episodio con la campaña de las 100 flores bajo Mao Zedong. Éste último, con el fin de rectificar el partido comunista, pidió a los intelectuales que se sometieran a las críticas y les prometió que nunca serían perseguidos. Los pobres que no habían comprendido la estratagema dieron un paso al frente y Mao tuvo la coartada servida para dirigirlos, detenerlos o perseguirlos.
El viejo truco funciona todavía hoy en día: ninguna demanda de protesta fue autorizada y por lo menos dos personas, después de haber hecho su demanda, fueron detenidas. Dos mujeres mayores de 70 años, Wu Dianyuan y Wang Xiuying, que querían protestar contra una compensación después de la destrucción de su domicilio por parte de las autoridades, fueron condenadas a un año en un campo de trabajos forzados, bajo el lema, “serán reeducadas por el trabajo”.
Se podrían dar muchos otros ejemplos, pero enumerar la lista del emborronamiento no es el fin de este artículo. Todo esto es perfectamente normal. Esto forma parte integrante de la vida bajo una dictadura. Esto forma parte integrante del modo de funcionamiento de un partido único al poder. Es lo que el COI sabía o, por lo menos debería saber, pero se negó a tenerlo en cuenta. Los salientes económicos y el aumento del nivel de vida en China no han cambiado gran cosa en la naturaleza del régimen, en su manera de funcionar y de garantizar su control sobre la población.
En este contexto, Beijing puede regocijarse de esta gran victoria sobre la ética, la moralidad, la justicia, la democracia y los derechos humanos. El régimen chino probó que todas estas cosas no se oponían ni ofrecían competencia alguna a la potencia económica. Poder doblegar a las instituciones y gobiernos por el dinero es crucial cuando la energía que se desempeña es repugnante. Someter por la cultura y el poder flexible es también eficaz cuando se hace frente a gente que no conoce la esencia de la cultura tradicional china y que no puede notar la naturaleza del régimen actual.
El éxito de Beijing en el extranjero será cierto en aquellos que se sientan abstraídos “del otro lado de la medalla”. Encabezando la lista, se encuentran personalidades como el ex primer Ministro canadiense Jean Chrétien, que mantiene relaciones amistosas con al menos un alto dirigente comunista, el ex dictador Jiang Zemin. Éste es todavía muy influyente en el aparato de seguridad del Estado y tiene acusaciones de crímenes contra la humanidad y genocidio en varios países a través del mundo por su dirección en la persecución de Falun Gong.
El Sr. Chrétien se dirigió abiertamente al primer ministro canadiense, Stephen Harper, por no haber asistido a la ceremonia de apertura de los Juegos.
El Secretario de Estado canadiense, Jason Kenney, afirmó para la televisión CTV el 24 de agosto, que la postura del Sr. Chrétien fue motivada por “los intereses financieros que defiende”, dejando entrever sus lazos con Power Corporation. Ésta última es compañera del régimen comunista chino a través de, principalmente, el poderoso holding chino CITIC.
De cara al interior, podemos estimar un éxito un tanto mitigado. Desde luego, la bandada de medallas de oro de China será excelente para el patriotismo. El cierre de las fábricas y la retirada de los coches por las carreteras, habrá permitido a los beijinenses sacar provecho, al menos unos días, de respirar un aire menos contaminado. Pero esto sólo ha sido temporal. Beijing va a seguir siendo una de las ciudades más contaminadas del planeta.
Para el trabajador medio que ha sido privado de su trabajo, que ha sido forzado a cerrar su comercio para presentar una imagen más bella, y que ha sufrido la locura de la seguridad pública, los Juegos dejarán sin lugar a dudas una memoria más amarga.
Para los disidentes, los perseguidos y los opositores de toda índole, la historia es una pesadilla real. Las Olimpiadas de 2008 han sido el pretexto para aumentar la opresión y, ahora, miles de cámaras de videos instaladas por doquier para los Juegos, quedarán para espiar sus movimientos.
Los Juegos han sido y serán como el opio en China por un tiempo, pero es difícil predecir cuánto tiempo las autoridades podrán navegar sobre esa nube. Los signos económicos no son muy buenos y los casos de corrupción locales pueden arrastrar a miles de personas amotinadas dirigiéndose contra el gobierno.
En el extranjero, el debate va a permanecer entre los poseedores de una relación calurosa con la dictadura de Beijing y los que privilegian una aproximación basada en principios. El régimen comunista chino no existirá para siempre. Un día, él y sus cómplices deberán rendir cuentas.
Los éxitos olímpicos son una gota de agua en la historia. Los crímenes perpetrados por gobiernos y hombres locos por el poder dejan rastros indelebles.
Un éxito deportivo, posiblemente, pero definitivamente una derrota para la humanidad.









