A 30 años del Mundial 78, es hora de saldar la deuda
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“En la década del 70, en Argentina se empezó a programar el mundial de fútbol; y todavía debe quedar algún coche en algún desarmadero con ese sticker que decía ‘los argentinos somos derechos y humanos’, un slogan que estaba bastante lejos de la verdad; pero nosotros no nos dábamos cuenta. El mundial sirvió para tapar el genocidio argentino”.
Bermúdez, quien preside de la rama argentina de la Coalición Internacional para Investigar la Persecución a Falun Gong (CIPFG), hizo referencia a fines de los ’70 y principios de los ‘80, cuando “La comunidad internacional se concentraba frente a las embajadas de Argentina en todo el mundo, pidiendo por el cese de la guerra sucia”.
“Claro –dijo el periodista– que esto conlleva un compromiso de la Argentina hacia el resto de la comunidad internacional, porque quedamos en deuda. Y da la sensación, la dolorosa sensación, de que todavía no nos dimos cuenta de que no estamos honrando esa deuda y estamos mirando a otro lado cuando asistimos a un genocidio que está ocurriendo en China en la actualidad”.
Bermúdez se ha dedicado, desde 2004, a investigar la persecución que lleva adelante el régimen comunista chino desde 1999 contra los practicantes de la disciplina tradicional china de meditación Falun Gong. Cuenta que realizó numerosas entrevistas alrededor del mundo con víctimas de torturas, personajes relacionados y con otros investigadores, y finalmente compiló su trabajo en un libro, titulado “Una historia de silencios” (el cual se puede bajar gratuitamente de su página de Internet).
“Una cosa es cuando mirábamos los informes de ‘Nunca más’ en Argentina, que lo mirábamos por televisión, salvo los periodistas que estaban acreditados…, y otra cosa es tener sentada, a un metro, a una persona con la mirada muerta, sin una sola expresión que se parezca a una sonrisa –bajo ningún punto de vista–, contando cómo era violada todos los días, varias veces por día; contando cómo la picaneaban, cómo la soltaban en los pabellones de hombres para que fuera violada –porque eso era parte de la tortura– . Ese día yo hice mi programa llorando, hice mi programa de radio desde Madrid, por teléfono, llorando. Tarde descubrí que no sólo no es vergüenza llorar, sino que muchas veces es una honra. Pero quisiera dejar de llorar. Quisiera que alguna vez alguien se comprometa y nos ayude para que termine de una vez por todas este genocidio en China”.
Bermúdez dijo no ser practicante de Falun Gong y que no lo será “al menos” hasta que finalice la persecución, “para mantener la objetividad” a la hora de denunciarla. El periodista afirmó que ya hay documentados miles de casos de muerte como consecuencia de esta persecución que ocurre a la par de las Olimpiadas y que llama “genocidio”. También citó a organismos de derechos humanos que aducen que cientos de miles de practicantes de esa disciplina pacífica han sido arrestados sin fundamento legal, y sometidos a severas torturas destinadas a forzarlos a renunciar a sus creencias, basadas en los principios de verdad, benevolencia y tolerancia; estos abusos, explicó, “se han incrementado el último año” junto con el aumento del rigor policial previo a las Olimpiadas. También hizo referencia a otro informe, elaborado independientemente por un alto funcionario canadiense y un renombrado abogado canadiense de Amnesty International, que confirma la utilización de los prisioneros de Falun Gong como fuentes involuntarias de órganos para trasplante. Según el informe –que Bermúdez califica como una “segunda parte” de su libro– 41.500 trasplantes en China se realizaron con órganos sustraídos a practicantes de Falun Gong desaparecidos.
“Desde el mes de abril –cuando fue el paso de la Antorcha Olímpica por Buenos Aires–hasta ahora, han seguido ocurriendo muertes. Es más, la cosa se encarnizó más ahora. No sólo no logramos nada, sino que fuimos para atrás, y fuimos para atrás porque los gobiernos no se comprometen”.
Bermúdez señaló la actitud pasiva del gobierno argentino, en contradicción con los discursos dados por la presidenta Cristina Fernández en foros internacionales.
“Argentina tuvo un saldo muy doloroso durante la década del setenta y principios de los ochenta, que no deberíamos olvidar, Argentina tuvo 30 mil desaparecidos” “… todavía no sabemos qué hacer con lo que pasó en la década del 70. Sin embargo, este país, que tiene un gobierno que dice que el eje central de sus actos de gobierno es el respeto a los derechos humanos, poco hace, a la hora de aunque sea, declamar que lo que está ocurriendo en China es un genocidio”.
China. Lamentablemente, la dependencia económica hace que muchos países miren para otro lado”.“Argentina necesita a China como cliente, pero, ¿cuál es el precio? ¿Podemos realmente callarnos la boca? ¿Podemos realmente echar un manto de olvido sobre lo que está pasando porque, total, nos compran soja?”
Con tono de perseverancia, el Presidente de la rama argentina de la CIPFG convocó a “denunciar, como comunidad, y pedir a las autoridades de la Nación, una vez más –y ya van muchas–, que tome cartas en el asunto”.
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