Los chinos quieren que los Juegos terminen
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Recorriendo las calles de Beijing un periodista de Radio Sonido de la Esperanza registró algunos relatos de vecinos que viven a diario la otra cara de los Juegos Olímpicos.
El ánimo que se vive en la ciudad es muy tenso y ni hablar para los que residen en las inmediaciones de las sedes olímpicas, que recibieron la orden de pasar el mayor tiempo posible encerrados en sus casas con las cortinas cerradas. El área está llena de patrullas policiales de fuerzas especiales para asegurar que esto se cumpla.
Los controles abarcan todas las áreas; según un vecino “cada una de las personas que viajan todos los días desde su casa a su trabajo están sujetos a inspección, se vive en un estado de alerta y con mucho temor”.
Para tener una idea de estas medidas “extremas”, el hombre sugirió acercarse a los puntos clave donde los peticionarios se reúnen para apelar, allí “no se ven mas que murallas”.
Otro vecino entrevistado declaró que como los jóvenes son tratados como sospechosos criminales, fueron reemplazados de sus tareas de servicios a la comunidad como las brigadas de incendio, por gente de la tercera edad.
“El integrante más anciano de una brigada de incendio en Beijing, es una dama de 104 años de edad. Antes había una miríada de jóvenes patrullando como guardias, pero ahora los jóvenes están bajo vigilancia, dejando las tareas para las generaciones mayores. ¡Hablar de esto suena como broma!”, exclamó el vecino.
En los intentos por mantener bajos sus altos niveles de polución durante los Juegos Olímpicos, el régimen chino prohibió la circulación de muchos autos particulares y buses por las calles de la ciudad. Esto provocó que mucha más gente tome el transporte público y tenga que soportar largos períodos de espera, apretujamiento, y agobiantes y calurosos viajes. “Una vez que subes al bus, te sientes como en un sauna y estarás empapado en sudor cuando te bajes”, se quejó el hombre.
“Las Olimpíadas deberían desarrollarse como en occidente, de manera armoniosa y alegre. Todos deberían sentirse en paz y felices ¿cierto? Pero acá nos quejamos todos, desde la gente común hasta la policía. Todos los círculos de la sociedad se sienten abatidos”, reflexionó el vecino.
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