Beijing en guerra: el arma de la información

El objetivo del régimen comunista chino de conseguir que se acepten los crímenes contra la humanidad, es tener el camino libre para hacer cualquier cosa
Por Noé Chartier - La Gran Época
Lun, 11 Ago 2008 16:55 +0000

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Cuando se nombra la “guerra”, la inmensa mayoría de la gente evoca fusiles, carros de asalto, bombas, misiles, etc. Cuando los países o entidades se declaran la guerra, habitualmente lanzan en su batalla estos elementos, pero cuando dos enemigos están bien abastecidos de estos instrumentos de destrucción, una fuerza de disuasión mutua se instala en medio, provocando lo que conocemos popularmente como “guerra fría”.

La guerra fría se acabó con la caída de la Unión Soviética, pero ¿se acabó realmente, o sólo marcó una pausa? En la actualidad, cuando Rusia sueña con apuntar sus misiles nucleares hacia Europa, en respuesta al despliegue del escudo antimisil norteamericano en sus antiguas instalaciones (Times Online, 13 de julio de 2008), algunos evocan una nueva carrera de armamentos, pero nadie piensa en una guerra fría. A pesar de la implicación de Estados Unidos en Iraq y Afganistán, la hegemonía militar norteamericana todavía no es desafiada por un contrincante con la fuerza de la ex URSS.

Todavía serán necesarios algunos años más para que China desarrolle una flota que pueda rivalizar con la marina estadounidense en el Pacífico. En cuanto a Rusia, ha repetido ciertas prácticas de la guerra fría, tal como los vuelos rutinarios de bombarderos estratégicos, pero sólo puede soñar con su imperio rojo del siglo 20.

No obstante, tanto del lado ruso como chino, las ambiciones son muy reales. Debilitar la influencia norteamericana y occidental en general corresponde a objetivos estratégicos de estos dos países. ¿Cómo llegar a esto en un contexto en que la fuerza militar no es una opción? Es simple: por la guerra.

Para el teórico militar prusiano Carl von Clausewitz: “La guerra es simplemente la continuación de la política por otros medios”. Pero estos medios, ¿implican necesariamente la fuerza? Si se fía del autor a quien se le atribuye el legendario Arte de la guerra, el chino Sun Zi, el súmmum de la capacidad militar es someter al enemigo sin pelear.

Los comunistas en China, después de tanto saquear la cultura tradicional, aplican actualmente la máxima de Sun Zi.

Si no hay disparos a la vista, ¿realmente se puede hablar de guerra? Absolutamente sí. La era de la tecnología y de la información es este nuevo campo de batalla donde se celebran los conflictos de manera silenciosa y a una intensidad imperceptible por no ser advertido. Las operaciones de información forman parte integral de la estrategia militar.

Algunos pueden tratar con familiaridad las operaciones de relaciones públicas que un gobierno efectúa para preparar a su población para la guerra. Cuando un enemigo es designado, en una democracia hay que convencer a la población de la necesidad de un ataque. El ejemplo iraquí es típico.

Pero las operaciones de información, o Info Ops, van mucho más lejos en el dominio puramente militar. ¿De qué se trata?

Info Ops es la utilización de una gama vasta de instrumentos y técnicas que pretenden combatir o defenderse contra un enemigo sin utilizar la fuerza. En suma, hay que eliminar las capacidades del adversario de comunicar pudiendo imponer las propias comunicaciones o mensajes.

Los sistemas modernos de comunicación son bastante vastos y variados y según una perspectiva militar, representan un escollo fundamental al funcionamiento de las operaciones.

Info Ops comprende la utilización de la guerra electrónica: mezclar las ondas, destruir los radares, interceptar las comunicaciones, etc.

Las operaciones informáticas son precisas: destruir los sistemas informáticos, proteger contra los ataques del adversario, explotar los sistemas de recolección de información, etc.

Operaciones psicológicas. ¿No da miedo esto? Una técnica temible utilizada tanto por los militares, los gobiernos, las compañías y las empresas populares, cuyos objetivos prioritarios son la defensa de ciertos intereses antes que la libertad de información. El fin es evidente: conseguir influir en los comportamientos de una población civil, de un enemigo, y hasta sobre sus propias tropas o población. En términos más terrenales, relaciones públicas o marketing. Entrar en contacto con diferentes públicos con el objetivo claro de hacerles creer un mensaje para provocar o cambiar un comportamiento.

Además de esta guerra de la información como el medio de combatir sin utilizar la fuerza, anotemos la guerra silenciosa del espionaje, un dominio extremadamente activo y que es ampliamente ignorado por el público. Añadamos también la guerra económica y evoquemos solamente a modo de ejemplo a Rusia que corta el gas a sus clientes cuando algo lo inoportuna.

El régimen chino en todo esto

No les falta sentido del humor a algunos teóricos y analistas cuando tratan de imaginar un futuro conflicto militar entre China y Estados Unidos. El presupuesto militar chino está en crecimiento constante y siempre estimado a mucho más que lo que oficialmente es revelado por el gobierno chino. Del lado norteamericano, podemos quejarnos de este military build-up mientras que China no tiene enemigo oficial y no hace frente a ninguna amenaza. Entre los analistas de la escuela realista, el nuevo estatuto de superpotencia de China naturalmente va a acompañado de un aparato militar más moderno y poderoso.

Pero concentrarse solamente sobre el despliegue de submarinos nucleares a la altura de las costas del mar de China, o de nuevas capacidades balísticas que pueden destruir satélites, es pasar por alto a gruesos elementos.

El Partido Comunista Chino (PCCh) ya está en guerra. Un solo comentario sobre la gestión de sus “asuntos internos” es percibido como una ofensiva y seguido por un contraataque virulento.

La llegada de los Juegos Olímpicos hace ver un poco más claro a los ojos de la gente el funcionamiento de esta dictadura. Por supuesto, el despliegue de baterías y misiles antiaéreos alrededor de las instalaciones olímpicas, no es algo que se hace normalmente en tiempos de paz. Poner estas instalaciones olímpicas bajo gestión militar directa, es posiblemente dar demasiado peso a los “potenciales terroristas”.

Pero esto, son sólo unos detalles de distracción. El frente principal de la guerra que lleva China es con Info Ops.

La censura de Internet en China no es un secreto para la mayoría de la gente del mundo. Cuando los últimos días, varios periodistas extranjeros se quejaron que varios sitios web estaban bloqueados, algunos llegaron a desbloquearse después de repetidas presiones, pero otros permanecen inaccesibles, particularmente los de Falun Gong y grupos tibetanos. Todo esto contradice evidentemente las promesas hechas por el régimen comunista chino en materia de acceso a la información durante los Juegos. En la capacidad de “garantizar la armonía social”, el control de la información es tanto una estrategia gubernamental como militar, particularmente cuando un gobierno no tiene autoridad legítima y su poder reposa en el aparato militar.

Al margen de que Internet esté bloqueado o no para los periodistas, todos sus movimientos son vigilados de cerca por la policía web, compuesta por miles de operadores. Esta acción se podría calificar como “la censura de operación defensiva”.

En materia de ofensiva, los sistemas informáticos de algunos gobiernos han sufrido ataques provenientes de China. ¿Se trataba de jóvenes piratas, simples informáticos y patrióticos, como lo adelantan ciertos analistas? ¿O más bien una operación coordinada que pretende someter a un test las defensas de los sistemas occidentales y trasladar información sensible? Lo uno o lo otro, o la combinación de ambos.

Los gobiernos no son los únicos objetivos de las operaciones informáticas que emanan del régimen chino. Los sitios de Internet considerados como “enemigos” por el PCCh son víctimas de ataques regulares que pretenden hacer plantar a los servidores. Es el caso de nuestro sitio de La Gran Época en los distintos idiomas. Los sistemas de servidores utilizados por cualquier disidente del régimen a menudo son hackeados, sin mencionar el envío constante de virus por piratas informáticos.

Al nivel de las operaciones psicológicas, una cantidad de ejemplos pueden ser subrayados. Lo que es el más indetectable concierne a los casos donde medios de comunicación occidentales prácticamente están en simbiosis con la línea del PCCh. Allí reencontramos exactamente los mismos discursos y argumentos que en los medios de comunicación oficiales de la dictadura comunista. Un cierto diario canadiense publica regularmente editoriales que incitan a los lectores a ir a la par del régimen de Beijing sin aplicar “conceptos occidentales como los derechos humanos y la democracia” para juzgar a China.

¿Cómo podemos vincular estas posiciones Info Ops del régimen chino? Los propietarios de este periódico acogen calurosamente a los altos funcionarios comunistas chinos cuando visitan Canadá, aunque éstos a menudo tienen que hacer frente a acusaciones de genocidio y crímenes contra la humanidad.

Neutralizar el apoyo de los grandes medios de comunicación permite al PCCh controlar su imagen en el extranjero e incluso publicar sus espacios de propaganda por medio de cartas de sus embajadores o cónsules, que a menudo cubren las páginas de los periódicos.

Fraternizar con los políticos locales también permite a Beijing asegurarse una protección en el seno de las instituciones democráticamente elegidas en el mundo.

El ex primer ministro canadiense, Jean Chrétien, declaraba en una entrevista del periódico La Presse publicada el pasado 2 de agosto: “A Jiang Zemin, lo conozco muy bien. Cuando regreso a China dos o tres veces al año, él me recibe siempre”.

Juicios por genocidio, crímenes contra la humanidad y tortura son llevados en varios países contra Jiang Zemin, ex dirigente chino e iniciador de la brutal persecución a 100 millones de adherentes de Falun Gong.

Además de garantizarse sistemas de apoyo o control de elementos occidentales, el régimen chino controla una gran cantidad de medios de comunicación en lengua china dirigida a los chinos que están fuera de su país. Si los medios de comunicación no son locales, los suculentos acuerdos con diferentes cables de distribución permiten a las cadenas nacionalizadas chinas difundirse en los hogares de chinos en el extranjero.

CCTV, la principal televisora y órgano de propaganda del país, es un instrumento extremadamente central que controla toda la información en China así como en el seno de las comunidades chinas del extranjero.

Los centros de enseñanza superiores no escapan de la estrategia de Beijing. Por ejemplo, el concurso oratorio de mandarín de la Universidad de Montreal acoge siempre a elementos de la embajada china. De esta manera, queda prohibido hacer cualquier tipo de declaración que pueda desagradarles. Ninguna regla oficial encuadra lo que puede o no puede ser dicho, pero el estudiante que es marcado como “marginal”, aunque cumpla con las capacidades de participar en el concurso, se le negará el acceso si no sigue la línea.

De manera más organizada, el régimen chino ha establecido los Institutos Confucio en varias universidades, una manera de controlar las búsquedas y el saber que concierne a China de la gente del mundo. Es lo que se llama el soft power.

El objetivo de una operación psicológica es ganar los corazones. Ganar los corazones, es ganar la batalla sin combatir. Controlar la opinión, es asegurarse apoyos e inventarse una legitimidad.

Conseguir que se acepten los crímenes contra la humanidad, es tener el camino libre para hacer cualquier cosa.

Beijing está en guerra por mantener su ficticia legitimidad. La “guerra popular”, un concepto maoísta, ha sido reavivada últimamente por el régimen comunista para “proteger las Olimpíadas” no sólo con los 100.000 policías y militares, y 400.000 “voluntarios urbanos” que se encargan de las tareas de vigilancia y seguridad de las ciudades olímpicas.

La guerra del espionaje, para el robo de los secretos militares e industriales, es otro eje de esta guerra silenciosa, que será cubierta mas adelante.

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