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Mañana es hoy

Sólo el presente es real y válido, si lo apreciamos habremos dominado el secreto del tiempo


Por Alejandra y Alberto Peralta - La Gran Época
28.07.2008 11:58


Abandonar el hoy es abandonar la mejor oportunidad. Sólo en este momento podemos sanar las heridas, secar las lágrimas y cumplir con los sueños de ayer.

Todo en este mundo es como el agua en el río: cambia a cada instante. Sin embargo, en la actualidad la gente no sabe cómo aferrarse al “hoy”. En vez de valorar las oportunidades que brinda el presente, ponen toda su preocupación en el futuro. En realidad, el tiempo no es lo mismo que el dinero, el tiempo no puede guardarse para los días lluviosos y eso convierte a este momento en algo mucho más valioso. No importa quién sea, todas las personas tienen este momento y un hoy.

En los tiempos antiguos, hubo un pequeño monje que se hizo cargo del patio del monasterio que tenía una gran arboleda. Cada mañana debía levantarse temprano para barrer el patio lleno de hojas. Era lo único que tenía que hacer pero no era una tarea fácil, sobre todo entre otoño e invierno con una gran cantidad de hojas que volaban por doquier, le tomaba bastante tiempo despejar de hojas el lugar. Todos los días buscaba encontrar una forma de hacer más fácil su vida.

Hasta que un día, otro monje en el templo que se consideraba a sí mismo muy brillante, le dijo al pequeño monje, “Por qué no agitas los árboles con toda tu fuerza antes de barrer mañana, así todas las hojas caerán, y entonces sólo tendrás que barrer una vez”. El pequeño monje estaba muy entusiasmado y pensó que había encontrado una solución definitiva. Al día siguiente, el pequeño monje se levantó temprano y sacudió cada árbol bien fuerte. Trabajó duro pero contento, pensando que barrería todas las hojas de una sola vez y que eso sería todo.

Sin embargo, la mañana siguiente él descubrió que en el patio había tantas hojas como antes. Ya que después de tanto trabajo nada había cambiado, su gran expectativa lo dejó muy decepcionado. Cuando llegó el abad del templo al ver la infelicidad en el pequeño, quiso saber que sucedía. Después de escuchar su historia, el abad le dijo: “Niño tonto, no importa lo fuerte que agites hoy los árboles, las hojas que están supuestas a caer mañana aun caerán mañana”.

Vemos que todo ha sido acordado por el destino y nadie puede apresurar las cosas. Conducirse bien durante el día es la actitud correcta hacia la vida. No es necesario esperar respuestas del mañana, porque el mañana se compone de muchas incertidumbres; cuanto mas esperemos del mañana más fácil será decepcionarnos.

Nadie sabe con certeza lo que ocurrirá en el entorno que nos rodea, ni cómo va a cambiar; sería difícil de predecir o incluso de comprender. Cuando uno está sólo preocupado por el mañana, está desperdiciando el presente y seguramente despreciando lo que se tiene alrededor.

Sólo el presente es real y válido. En el viaje de la vida -en comparación con el día de hoy- el mañana luce como un paisaje pálido y débil. Abandonar el hoy es abandonar la mejor oportunidad. Sólo en este momento podemos sanar las heridas, secar las lágrimas y cumplir con los sueños de ayer.

Apreciando este instante estamos valorando nuestra vida; y si se quiere cosechar felicidad en el futuro, la clave es sembrar hoy lo mejor de nosotros. Si podemos lograrlo, dominaremos el secreto del tiempo y viviremos una vida sin arrepentimientos.