Quizás no haya oído sobre “las manifestaciones de los lunes”, pero puede estar seguro que los jefes del Partido Comunista Chino (PCCh) saben bien lo que son. Recordar aquellos días de 1989, nos ayudará a explicar las pandillas organizadas hace un par de meses en Flushing, Nueva York, que intentaron acabar con quienes exponen los abusos del PCCh.
No obstante, la historia está llena de ironías. De una forma que recuerda la dialéctica ahora olvidada de la teoría comunista; aquellas pandillas han propinado a los esfuerzos por renunciar al PCCh, un mayor impulso y prominencia.
En los 80, la Iglesia Nikolai en Leipzig, de la República Democrática Alemana (RDA, también conocida como Alemania del Este), convocaba tradicionalmente cada lunes, a orar por la paz.
Cada lunes, la gente se reunía pacíficamente en la iglesia Nikolai y cantaba “Wir sind das Volk!” (“¡Somos el pueblo!”). La gente reclamaba sus derechos—nada más. Las manifestaciones eran siempre pacíficas y los manifestantes se abstenían fuertemente de la violencia, aunque la policía rodeaba las masas e intentaba dispersarlos.
Muchos consideran el carácter completamente pacífico de las concentraciones, el principal factor que explica por qué la policía no usó la violencia para atacar a los manifestantes. El coraje del pueblo alemán era particularmente notable ya que sólo tres meses antes, en la Plaza Tiananmen, el PCCh había dado ejemplo de un ataque violento contra manifestantes pacíficos por la democracia.
Cada manifestación exitosa, conducía a la siguiente, haciendo que más gente se reuniera la siguiente semana. El lunes 2 de octubre, hubieron 20.000 manifestantes; el siguiente lunes 70.000; el 16 de octubre 150.000 y el 23 de octubre 300.000 personas se manifestaron contra el régimen comunista en la RDA. Mientras tanto, las manifestaciones en Leipzig dispararon manifestaciones similares en otras ciudades del este, como Halle, Schwerin y Berlín del Este.
El 9 de noviembre, el Muro de Berlín cayó. En 1991, la una vez poderosa Unión Soviética se desplomó y Yeltsin proscribió el Partido Comunista de la Unión Soviética.
Leipzig, una ciudad con 500.000 habitantes, se convirtió en la promotora del cambio pacífico en la RDA, con la iglesia Nikolai como punto de partida. El deseo de libertad en los corazones de la gente demostró ser más fuerte que el aparato del Partido Comunista.
Esta historia explica la violencia en la Plaza Tiananmen en 1989: El PCCh buscaba impedir que se desparramara en China el reclamo pacífico de los derechos que ya estaba transformando a Europa del Este.
Hoy, en 2008, el PCCh enfrenta el mismo temor que en 1989—que la gente despierte y reclame ser libre del Partido.
Esta vez, el temor del PCCh ha sido despertado por la manera en que la catástrofe natural del terremoto de Sichuan expuso la corrupción e incompetencia del Partido. Que el Partido no alertara a la gente con advertencias dadas por algunos sismólogos chinos, combinado con la inexcusable pobre construcción de escuelas y otros edificios que colapsaron completamente bajo el poder del terremoto, condujeron a la innecesaria muerte de decenas de miles de personas.
Por temor, el PCCh ha organizado pandillas que han tratado de intimidar y cerrar el Centro de Servicio para Renunciar al PCCh en Flushing, Nueva York—un lugar donde los voluntarios ayudan a aquellos que quieren renunciar al Partido. El PCCh ha apostado que puede silenciar sus críticas.
Pero algo tan sorprendente como lo que pasó en Leipzig en 1989, está también ocurriendo en Flushing hoy día.
En Leipzig, al clero de la iglesia Nikolai la fuerza que les daba sus creencias espirituales los conducía a pedir oraciones los lunes y llevar a cabo las manifestaciones de los lunes frente a la presión del Partido Comunista.
En Flushing, el barrio chino más grande fuera del continente, la fuerza espiritual les ha permitido a los practicantes de Falun Gong enfrentar las pandillas del PCCh. En vez de ser intimidados, los practicantes han explicado pacientemente los crímenes del PCCh a aquellos enviados a pelearlos, y muchos de ellos que fueron a silenciar a los practicantes ahora se rehúsan a continuar con el trabajo sucio que el Partido les pidió hacer.
Al mismo tiempo, muchos de aquellos en el barrio de Flushing que originalmente estaban al margen de esta contienda, luego de ver el claro contraste entre el comportamiento pacífico y dignificante de los practicantes de Falun Gong y el violento y feo comportamiento de las pandillas instigadas por el PCCh, han comenzado a apoyar a los practicantes.
Casi cuarenta millones de chinos han renunciado al PCCh en los últimos cuatro años, pero en Flushing, por primera vez, el intento organizado de detener el movimiento de renunciar al PCCh ha aparecido fuera de China continental y ha sido derrotado públicamente. Uno puede estar seguro de que el pueblo chino en todo el mundo está observando.
Tal como en Leipzig, el reclamo de libertad es contagioso. Tal como el espíritu de las manifestaciones de los lunes barrieron con la RDA, también el espíritu de Flushing comenzará a desparramarse entre la población china en todo el mundo y eventualmente encontrará su rumbo hacia China continental.
El cínico intento de silenciar a los que piden un fin al PCCh terminará amplificando sus voces. Tal como el grito “¡Somos el pueblo!” se hizo eco por todo Leipzig, también la potente voz del pueblo chino pronto resonará en Beijing.









