En respuesta al hundimiento de innumerables edificios escolares clasificados como ‘viviendas de tofu’ en los que miles de alumnos y profesores han muerto sepultados bajo los escombros, el primer grito de conciencia nos llega desde Sichuan después del sismo del 12 de mayo que está a punto de provocar otro movimiento, pero esta vez social.
Lino Qiang, encargado de la rectoría de Sichuan acaba de declarar a la prensa nacional que se siente culpable frente a los niños, “frente a sus padres y frente a toda la sociedad. Siento que debería arrodillarme y pedirles perdón en lugar de llevar este vestido largo de honor. Por consiguiente –continuó Lino- cedo al que quiera la antorcha olímpica en el momento de su paso previsto en nuestra provincia siniestrada”.
Lino agregó que “todas estas desgracias no son una fatalidad, porque he visto con mis ojos una escuela intacta donde sólo había tres heridos leves. ¿Por qué? Pues bien, simplemente porque había sido construida con donaciones y bajo el control del donante”.
Lino Qiang es el primer funcionario chino que con este gesto grave y simbólico se distanció públicamente de aquellos que tienen el poder.









