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Casos de asombro (como pagar karma en una sola vida)

Frecuentemente, una buena o mala acción retorna de forma inmediata a su ejecutor. Otras veces, lo hace en tiempos más largos. Y a veces, lo hace de forma sorprendente


Por León Montier – La Gran Época
04.06.2008 14:07


(Wikimedia Commons)

Pagando un favor en una vida

Una historia extraía de la edición del 26 de junio de 1941 por el periódico “The Times”, narra lo acontecido en una noche de junio de 1935, cuando el jefe de patrullas de motociclistas de El Paso, en Texas, perseguía a un transportista que conducía a velocidades no permitidas. En un intento de evitar el prendimiento, el conductor viró en seco dando una curva pronunciada, lo que provocó el inevitable choque de su persecutor, el agente de la ley Allan Falby, de lleno contra el chasis del vehiculo.

Tras recuperar la conciencia, Falby dio cuenta de que su pierna derecha sangraba profundamente debido a una rotura de una arteria vital. Debido a la feliz coincidencia (llamada en ocasiones “destino”) un motociclista de nombre Alfred Smith, lo socorrió aplicándole un torniquete sobre la pierna herida, lo que menguó la hemorragia el tiempo suficiente para ser trasladado por una ambulancia hacia un hospital cercano.

Cinco años más tarde, en abril de 1940, el ya recuperado agente Falby escuchó una llamada de emergencia de la central de policía debido a un accidente automovilístico ocurrido en una carretera cercana a su localización, en Texas. Al llegar a la zona del hecho, Falby observó a un automóvil incrustado contra un árbol y a un conductor inconsciente sangrando profusamente de una pierna. El policía rápidamente le aplicó un torniquete para detener el sangrado, acción que ganó el tiempo suficiente para que llegue una ambulancia.

Luego de revisar las ropas del conductor inconsciente, el agente Falby se encontró con una inimaginable sorpresa: la identificación de su cartera correspondía a Alfred Smith, quien lo había salvado de la muerte, en iguales circunstancias, solo cinco años atrás.

Un destino escrito

En 1893 un individuo llamado Henry Ziegland, de Texas, EE. UU., dejó a su prometida, quien nunca pudo recuperarse del despecho. Cuando la dama se suicidó, su hermano en venganza, disparó una bala contra la integridad de Henry Ziegland, pero esta lo rozó para incrustarse en un árbol próximo.

Veinte años después, Ziegland decidió remover el árbol mediante una carga de dinamita, lo que ocasionó la despedida fulminante de la bala que, veinte años antes, el destino había reservado para él mismo.

El duelista ajusticiado

En el transcurso de 1861 a 1878, Henri Tragne, de Marsella, Francia, se había batido a duelo con cuatro hombres, resultando ganador impecable en cada uno de ellos. Pero la particularidad que unía al cuarteto de duelos vividos por Tragne era tal que, testigos de por medio, en ninguno de ellos se había alcanzado a disparar ni una sola bala. Todos los hombres habían perecido de súbito en el campo de encuentro.

Cuando en 1878 se encontró nuevamente enfrentado con un hombre en un duelo a muerte, el que cayera fulminado sin siquiera desenfundar terminó siendo él, en iguales y extrañas circunstancias que su predecesores.

Un par de vigas para un par de represores

Según la web Minghui.net, en el condado de Wennan, ciudad de Xintai, el director del pueblo Zhao Hongru y un secretario del Partido Comunista Chino llamado Guo, se dedicaban a arrestar activamente a practicantes de Falun Gong y miembros de sus familias.

Durante la primavera de 2007, cuando Zhao Hongru manejaba cuesta abajo su tractor con un trailer lleno de rocas, el carril de apoyo de la viga se rompió y Zhou fue aplastado entre el timón y el trailer, muriendo en el lugar del accidente.

Cuando el secretario del partido Guo y otros siete ayudaron a organizar el funeral de Zhao, una viga de madera cayó repentinamente de un pabellón y le dio de lleno a Guo en medio de la cabeza. El dolor fue tanto, que Guo permaneció atontado por un buen rato. Poco tiempo después, Guo renunciaba voluntariamente a su secretariado dentro del partido.