El Instituto de Sismología de Wuhan había anticipado el terremoto el 7 de mayo, advirtiéndole a la gente que preparara. No obstante, según explicó un residente de Wuhan a la prensa, “algunos residentes llamaron al gobierno local para pedir más información, pero éste lo desmintió y calificó como un ‘rumor’”.
Los ‘rumores’, en realidad, ya circulaban desde bastante antes. Residentes de Chengdu dijeron a los reporteros que habían escuchado, “un mes atrás”, que habría un terremoto, “y ahora se hizo realidad”.
En Sichuan, residentes afirman que diez días antes se decía que iba a haber un terremoto. Sin embargo el gobierno de Sichuan expresó claramente que eran ‘rumores’ y ordenó a la Oficina de Protección de Terremotos que investigara la fuente del rumor y la cortara. La página web del gobierno de Sichuan publicó un comunicado al respecto.
Según varios conocedores de la política china, la tendencia de ocultar la posibilidad del terremoto responde al riesgo político que suponía generar temor por desastres naturales inminentes, a menos de tres meses para los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.
Señales
Varios días antes del terremoto, la naturaleza dio varias señales. La más llamativa fue que multitudes de cientos de miles de sapos atravesaron las ciudades, huyendo en masa. Las autoridades calificaron esto como ‘normal’, a pesar de la inquietud de la gente.
La indignación de la gente se hizo notar luego del terremoto, con frases como “Mejor confiar en los sapos, y no en las autoridades”.
Otra señal más que evidente ocurrió el 26 de abril, a las 7 de la mañana, cuando el agua siempre tranquila de un estanque de cien metros de diámetro y diez de profundidad comenzó a hacer remolinos, acompañados con un fuerte sonido. En menos de 5 horas, toda el agua desapareció; dejando sólo algo de barro en el fondo.









