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Escapando de un campo de trabajos forzados chino

A pesar de la profunda lección histórica dejada por el holocausto nazi, la comunidad internacional aun no condena la existencia de campos de exterminio en China


Por Jennifer Zeng
21.04.2008 14:45

Practicantes de Falun Gong en vigilia con velas pidiendo al mundo el cese de la brutal persecución por parte del Partido Comunista Chino. (Dayin Chen/La Gran Época)

Nota del editor: Jennifer Zeng es una refugiada china en Australia y sobreviviente de los campos de trabajo forzado del régimen comunista chino. Lo siguiente es una trascripción de su discurso en el Relevo de la Antorcha de los Derechos Humanos en Israel.


Muchas gracias por darme la oportunidad de hablar.

Hace unos 60 años, conmocionados por lo que había sucedido a millones de judíos en los campos de concentración nazis, el mundo juró “Nunca Más”. Lamentablemente, semejantes crímenes contra la humanidad están sucediendo nuevamente en China desde hace más de ocho años - y siguen ocurriendo actualmente. Los crímenes, no sólo son similares, sino que tienen un nuevo giro del mal nunca antes visto en la historia registrada, el cual es matar a la gente masivamente para la venta de sus órganos vitales.

Para cualquier ser humano sensible, esto suena inconcebible. Pero sé que es cierto, yo misma soy una sobreviviente de ello. Con el fin de escapar de un campo de concentración del Partido Comunista Chino y poder decirle al mundo lo que está sucediendo allí, he experimentado algo peor que la muerte.

Por practicar Falun Gong fui enviada en el 2001 a un Campo de Trabajos Forzados para mujeres de Beijing. La policía dejó en claro que el único propósito por el cual se nos enviaba allí era para ser “reformadas”, lo cual significa obligarnos a que dejemos nuestras creencias. Con el fin de lograr este objetivo, la policía no se detuvo ante nada. No se nos permitía dormir por un periodo de hasta 15 días y 15 noches y a veces hasta de un mes. Fuimos electrocutadas con bastones eléctricos, golpeadas, sometidas a abusos sexuales y obligadas a trabajar en condiciones espantosas durante 16 y hasta 20 horas al día. Estábamos sometidas a una severa y eterna presión mental para traicionar nuestras propias creencias en “Verdad, Benevolencia y Tolerancia”.

La escritora Jennifer Zeng sostiene su autobiografia Witnessing History (Testigo de la Historia), que describe su experiencia en China como practicante de Falun Gong. (La Gran Epoca)

Vi gente volverse loca una por una, sabía acerca de casos de muerte. Esta llamada “reforma”, en realidad, privaba a las personas de la esencia misma del ser humano: la cordura, la libre voluntad, la dignidad y la conciencia de quién es uno. Después de ser “reformados”, los seres humanos quedan reducidos a cadáveres con vida.

Habiendo sido testigo de todo tipo de crímenes inimaginables durante meses, repentinamente desarrollé un fuerte impulso de escribir un libro para exponer todo. Cuando tomé la decisión de pretender dar una declaración para renunciar a mis convicciones - para entonces así conseguir mi libertad y poder escribir un libro-, no sabía que el costo sería tan alto. Me vi obligada a escribir “informes de pensamiento” y ensayos de hasta 18 páginas para difamar mis preciadas creencias. Me obligaron a leer un artículo calumniante manteniendo un rostro sereno delante de las cámaras y de cientos de reclusos en el campamento; incluso fui obligada a ayudar a la policía a torturar a los recién llegados, con el fin de “reformarlos”. Estoy demasiado avergonzada como para entrar en más detalles. En muchas ocasiones me preguntaba por qué no me habría muerto o vuelto loca.

Sin embargo, entre todos estos crímenes inhumanos, ¿usted puede creer que los oficiales del campamento parecían preocuparse tanto por nuestra salud que nos hacían profundos chequeos periódicos, incluidos rayos X y análisis de sangre? Estando en el campo de trabajo, nunca había tenido el corazón o la capacidad de pensar por qué lo hacían, hasta que, con un escalofriante descubrimiento, me enteré que los análisis de sangre y una base de datos de tipos de sangre y de tejidos son necesarios para la creación de un gran banco de órganos vivos.

Para aquellos que no saben como es el día a día en la vida detrás de los muros del siglo 21-como en los campos nazis, les invito a leer mi libro, Testigo de la Historia: la lucha de una mujer por la libertad y por Falun Gong. Es un relato de primera mano sobre mi vida, escrito con un mar de lágrimas. Trata sobre lo que ocurre en un lugar a unos 20 kilómetros de la Plaza Tiananmen, o a treinta de las principales instalaciones para las Olimpiadas de Beijing. Incluso antes de terminarlo, usted podrá sacar sus propias conclusiones en cuanto a si la humanidad y el movimiento de los Juegos Olímpicos se beneficiarán de una Olimpíada acogida por un régimen similar al de Hitler.

 

Witnessing History: One Woman's Fight for Freedom and Falun Gong
Por Zheng Zeng (Jennifer Zeng)
Publicado por Soho Press Inc.
http://www.sohopress.com/books/witnessing_history.html