Según fuentes, la embajada del régimen comunista chino ejerció gran presión sobre el gobierno de la ciudad de Buenos Aires, exigiendo la prohibición de todo tipo de protesta relacionada con el paso de la antorcha olímpica por la ciudad. Pero esto no se puede aplicar en Argentina según la ley.
Tal vez esa fue la razón por la que algunos ciudadanos chinos fueron organizados como “tropas de control” por los dirigentes de la cámara de supermercados chinos –a quienes se los vincula con la Embajada China– para que se exhibiera un apoyo absoluto a los Juegos Olímpicos de Beijing en las calles de Buenos Aires, a la vez que hicieran de público amigable y numeroso para las cámaras del mundo y –en especial de China. A estos grupos se los puede describir como ‘tropas rojas’ o ‘guardias rojos’, por sus gorros y sacos de color rojo brillante. Esas tropas de control consistieron mayormente de chinos impulsados con el engaño de ‘defender las Olimpiadas de Beijing’ en nombre del ‘patriotismo’. Mientras, paramilitares chinos vestidos de deportistas llevaban a cabo en Argentina su misión –la de defender la antorcha a cualquier precio, como si fuera una vida, siendo el instrumento de propaganda número uno del régimen en este periodo de los Juegos Olímpicos. Obviamente el Partido Comunista Chino cree que es su derecho controlar las calles de los países que atraviesa la antorcha de las Olimpiadas.
La nota de que religiosos budistas argentinos fueron corridos a golpes y palazos frente al Campo de Polo de Buenos Aires, por las mismas personas que posaban para las cámaras del mundo con banderas de China comunista y argentinas es preocupante. Casi todas las banderas argentinas que se ven flameando en las imágenes de televisión estaban sostenidas por ellos.
En el acto del Relevo Mundial de la Antorcha de los Derechos Humanos en el obelisco, la presencia policial pareció no importar a las ‘tropas rojas de control’ del régimen chino. Ellas atravesaron el cordón policial, coparon una esquina y robaron y rompieron carteles del evento de Antorcha de Derechos Humanos para luego permanecer allí flameando sus banderas de China comunista y de Argentina.
Las ‘tropas de control’ estaban conformadas por algunos jóvenes que estudian en Argentina y supermercadistas y empleados de supermercados, miembros de CASRECH (Cámara de Autoservicios y Supermercados de Residentes Chinos). La amplia mayoría de los miembros de CASRECH son gente trabajadora y respetuosa de la ley, que se ve obligada a ser miembro de CASRECH por diferentes razones. Pero un grupo pequeño de elite de CASRECH que conforma una pandilla de matones, coordinaba las acciones de los residentes chinos; ellos reciben órdenes directamente del presidente, vice presidente y secretario de CASRECH, quienes obedecen a los intereses de la Embajada de la R.P. China.
En las fotos de los agresores tomadas ese día, aparecieron actuando como organizadores las mismas personas, que, una semana antes, frente a la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires habían amenazado de muerte y advertido a la representante de Falun Gong en Argentina que no apareciera en las actividades del 11, de otro modo sería atacada como en ocasiones anteriores frente al Congreso de la Nación en diciembre de 2005. Ya se realizó una denuncia en la Corte Criminal por las amenazas, “con pruebas, testigos y fotos”, afirmó una de las víctimas.
El paso de la antorcha olímpica, “tranquilo” pero solitario
El paso de la Antorcha Olímpica por Buenos Aires sucedió de manera relativamente tranquila, pero también solitaria. Al inicio de su recorrido –en Puerto Madero y el tramo entre la Plaza de Mayo y el Obelisco- se ve mucha gente; había más de tres mil empleados públicos a quienes se el gobierno les dio asueto para que, junto con sus familias, le dieran “la bienvenida a la antorcha”. El otro porcentaje eran chinos, también con asueto solicitado por su convocante y organizador, la cámara de supermercados, para ser parte del público y también para eliminar todo aspecto contra las olimpiadas en las calles. Lejos de la idea transmitida por los medios de comunicación en general, el número de espectadores espontáneos entre el público fue de hecho pequeño.
Aunque terminó el trayecto oficial de la Antorcha Olímpica “pacíficamente” en Argentina y aunque el alcalde de Buenos Aires y la Embajada de China tildaron esto como un “éxito”, fue muy pequeño el interés del pueblo argentino, en lo que el gobierno de la ciudad de Buenos Aires calificó como una “fiesta familiar”. En ello radica, quizás, el error fundamental; no se debió querer organizar un acto sustentado y promotor de un régimen genocida como una “fiesta familiar”.
El recorrido de la antorcha olímpica es definitivamente un acto político y no deportivo. No debemos olvidar que fue una creación nazi para las Olimpiadas de Berlín de 1936, con un claro objetivo propagandístico. No es casual que éste sea el recorrido más largo de la historia, pues el régimen chino está ávido de transmitir los cálidos recibimientos de la antorcha olímpica como “avales” de los países y pueblos a su dictadura y reconocimiento como “gran potencia”, palabra que ha sido repetida numerosamente por los canales de televisión que transmitieron el recorrido.
Por eso, la ausencia del pueblo argentino para dar bienvenida a la antorcha olímpica fue un golpe para el régimen chino y un éxito para los derechos humanos, pues el propósito de mostrar al mundo y especialmente al pueblo chino la alegre recepción del pueblo argentino al PCCh, no se cumplió.






