Cada mañana a través de las calles desiertas de Lingao, Zhang Huimin completa la mitad de una maratón antes del amanecer.
Guiada por la esperanza de un día representar a su país en las Olimpíadas, Huimin se despierta a las 2:30 de la mañana todos los días para poder completar su entrenamiento antes de ir a la escuela.
Ella tiene 8 años de edad. Con algo mas de 1,20 m de alto y pesando solo 20 kg, Huimin ha entrenado de esta forma bajo la guía de su padre por mas de un año.
El verano pasado corrió desde su ciudad natal en la provincia de Huanan a la gran muralla vistiendo un chaleco amarillo que tenía bordado los caracteres de “espíritu olímpico, cuerpo fuerte, desafío extremo, honor de la nación”.
La pequeña es el ejemplo mas extremo de una moda que se apoderó de China en el camino a las Olimpíadas 2008.
No obstante en medio del tsunami del entusiasmo por los juegos, cientos de miles de atletas retirados fueron dejados a la deriva.
De acuerdo a los medios de propiedad del estado, el 80 por ciento de los 300.000 atletas retirados quedaron desempleados, pobres y vulnerables.
Muchos son motivados a abandonar la escuela a una edad temprana para entrenar como un atleta profesional. A cambio de llevar la nación a la gloria se les promete que el estado los protegerá una vez que se retiren.
Sin embargo la realidad revela otra cosa: en vez de dárseles un retiro confortable, los atletas son a menudo desechados y dejados con apenas fuerzas para arañar su subsistencia en trabajos menores debido a la falta de educación formal.
Generalmente quedan inválidos debido a los métodos extremos de entrenamiento usados para perfeccionar a los atletas.
Los expertos médicos creen que la pequeña estructura de Huimin no será capaz de sobrellevar el intenso entrenamiento por el cual está pasando actualmente y sufrirá un daño a mediano plazo, incluso antes de que tenga la oportunidad de competir en las próximas olimpíadas en 2016.
Si China no desarrolla un sistema para cuidar y compensar a los atletas, es previsible que el destino de Huimin siga el rumbo similar de aquellos que han quedado como indigentes.
Atletas retirados, abandonados, ignorados
Zou Chunlan abandonó la escuela a la edad de 13 años para entrenar como levantadora de pesas profesional. En 1990 con sus 19 cumplidos, ganó el título internacional de 48 kg y continuó para ganar otras cuatro competencias antes de retirarse en 1993.
Sin embargo descubrió que la promesa de que sería protegida luego de su retiro no fue cumplida. Se le dio un trabajo menor preparando comidas en la cocina del equipo de levantadoras de pesas hasta que se le pidió que se marchara.
Sin tener educación, fue forzada a volver al mercado laboral para ganar lo indispensable para sobrevivir. Antes de obtener el trabajo de masajista transportó bolsas de materiales de construcción y vendió brochetas de cordero en la calle.
Zou ha tenido que luchar para enfrentar los cambios en su cuerpo devenidos de su entrenamiento. Los esteróides suministrados por su entrenador la dejaron con una voz profunda, una pronunciada manzana de adán e infértil. Además debe afeitarse pasados algunos días debido a un crecimiento no natural de la barba.
“Yo preferiría ser una persona común antes que una campeona”, dijo Zou a un periodista.
Ella no es la única. En 2006 Ai Dongme, la ganadora de la maratón internacional de Beijing de 1999 fue forzada a vender 16 medallas que había ganado en competencias nacionales e internacionales después de caer en una dura situación.
Habiéndosele negado cualquier retiro a largo plazo y con serias heridas trabajó por un tiempo vendiendo ropa mientras su marido vendía pochoclos en los suburbios de Beijing.
Vendió sus medallas de oro y sus medallas de bronce por 100 yuanes (14,30 dólares) para que la pareja pueda alimentar a su hija de dos años y medio.
Se separó de su entrenador después de acusarlo de abusar físicamente de ella, soportó palizas rutinarias con un cinturón y una vez quebró su clavícula.
Zou manifestó que todas las victorias que debió haber ganado como atleta le fueron quitadas.
“Este grupo de atletas es el legado del desarrollo económico de China”, decía Liu Mingyu, director en jefe de la oficina provincial Liaoning de deportes dijo a Beijing News. “Lo siento por ellos, pero no hay nada que podamos hacer para ayudarlos a todos”.



