Noticias de todo el mundo. Primicias exclusivas de China. Política y cultura. La Gran Época - uniendo Oriente y Occidente
Compartir

Preocupa la progresiva hegemonía del PCCh en las calles de Buenos Aires

"Guardias rojos" aplicaron el rigor de la dictadura comunista china en uno de los festejos de año nuevo en el barrio chino de la capital argentina.


Por Axel Borgia - La Gran Época
27.02.2008 20:32


Los "administradores de la calle" durante el año nuevo chino, con sus uniformes rojos, merodeaban constantemente a los practicantes de Falun Gong.

En las ferias de año nuevo chino de Buenos Aires, miles de personas firmaron la petición para detener la persecución a Falun Gong en China antes de las Olimpiadas 2008.

A diferencia de años anteriores, este Año Nuevo Chino tuvo dos festejos separados en el barrio chino en lugar de uno, con una semana de diferencia entre ambos.

Sucede que en los años anteriores, fue siempre la Asociación de Taiwán quien organizó la celebración a la cual los aficionados a la cultura china están acostumbrados. Los festejos se fueron convirtiendo año tras año, en un boom de convocatoria, hasta el punto en que, en 2007, treinta mil personas y los principales medios de comunicación caminaron apretujadamente en un solo día las apenas dos cuadras de la calle Arribeños que comprende el “Barrio Chino” de Buenos Aires (conocido, en realidad, históricamente como “la calle de Taiwán) para ver e intentar ‘tocar’ el dragón de 30 metros que recorre los locales desparramando buenos augurios.  Pero este año, con tales antecedentes, la embajada de la República Popular China no quiso quedarse afuera.

Hasta aquí, si no existiera el conocido conflicto político entre China continental y Taiwán y las diferencias ideológicas entre uno y otro, todo parecería normal. Pero para el Partido Comunista Chino, Taiwán es una provincia china  –una “provincia rebelde”, como el Tibet– mientras que para los taiwaneses, Taiwán es un país soberano; además, si bien ambos pueblos poseen las mismas raíces de la cultura china, el primero lleva ya casi 60 años de dictadura y educación comunista, mientras que el segundo ahora es una democracia y aún mantiene el hilo cultural ancestral, las creencias y el pensamiento tradicional chino.

Este año, como todos los años, la Asociación de Taiwán solicitó y recibió el permiso para utilizar la calle Arribeños desde Juramento hasta Olazábal para la fiesta del Año Nuevo Chino. Pero la embajada de China, sin tener en cuenta que, en realidad, aquí se trata de la Asociación de Taiwán –una organización no gubernamental con personería jurídica dentro del marco de legislación Argentina– y no del país o provincia en cuestión, entendió que al estar ‘Taiwán dentro de China’ la Embajada China debía ser uno de los organizadores del evento que se llevaría a cabo en la fecha y lugar de las calles otorgadas a la Asociación de Taiwán. La intención de la embajada no era desplazar a la Asociación de Taiwán, sino incluirla, porque ‘Taiwán pertenece a China’.

Aparentemente con reclamos en Cancillería de por medio –pues Argentina hoy en día acepta la postura de China con respecto a Taiwán– la embajada se aferró entonces a la organización de la celebración dispuesta para el 3 de febrero, con una motivación que, a la luz de los hechos, no se ve muy ‘cultural’. A la Asociación de Taiwán le quedaron dos opciones, someterse a la idea política oficial de la embajada de China –cuestión que, de hecho, no debería tener nada que ver con un festejo de Año Nuevo– o correrse; así fue como aparecieron este año dos festejos similares: uno el domingo 3, ostentado por la embajada de China, y otro siete días después.

Para la gente, no hubo muchas diferencias entre ambos festejos, más allá de que en el primero llamaba la atención una gran bandera roja que tapaba, de punta a punta, el edificio de la Asociación de Taiwán –que estaba cerrado con candado–; mientras que en el segundo, recorrían las calles hombres chinos con expresión de firmeza, haciendo resonar los tradicionales tambores chinos de sonido profundo, sin apartarse de dos grandes banderas representativas de Taiwán.

Pero para los vendedores de los puestos y especialmente para los practicantes argentinos de Falun Dafa, la cosa fue muy distinta en ambas celebraciones. En cuanto a los vendedores, acostumbrados a asentarse gratuitamente todos los años para mostrar y vender sus productos chinos (mayormente alimenticios) a los argentinos ansiosos por probar ‘cosas raras’, debieron abonar en el evento de la embajada un caché de quinientos pesos, un porcentaje del cual sería devuelta una porción, sólo si ‘cumplieren’ con los requisitos de los organizadores durante el evento.

Los practicantes argentinos de Falun Dafa, a quienes se los ve todos los años durante los festejos, con bailes tradicionales, bellas flores de loto hechas con papel y carteles denunciando la persecución contra ellos en China continental, sí sufrieron la diferencia.

Falun Dafa es una disciplina de origen chino, bien arraigada en la cultura tradicional china, que contiene ejercicios, meditación y enseñanzas de mejoramiento personal basadas en los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia. Si bien fue muy aceptada y se hizo ampliamente popular en China por sus efectos buenos en la salud y la moral de la gente, el régimen comunista, cuando una encuesta nacional mostró que la popularidad de Falun Dafa excedía a la del Partido Comunista, decidió prohibirla y agregarla a la larga lista de sus reprimidos, comenzando una feroz persecución que, según organismos de derechos humanos, ya lleva millones de arrestos ilegales, miles de muertes, torturas y hasta extracción sistemática de los órganos vitales de esta gente inocente detenida –aún viva– con fines lucrativos. Por otro lado, la disciplina Falun Dafa siempre ha sido bien recibida y hasta premiada en todo el mundo y especialmente en Taiwán, donde florece armoniosamente y actualmente es practicada por cerca de medio millón de personas.

 La persecución también llegó al extranjero y a la Argentina con incidentes como amenazas de muerte a la presidenta de la Asociación de Falun Dafa en Argentina por parte de diplomáticos de la embajada de China, y como cuando practicantes argentinos de Falun Dafa realizaron demostraciones pacífica durante las visitas de Hu Jintao en 2004 y del represor chino Luo Gan en 2005. En ambas oportunidades, las cámaras de televisión mostraron cómo los practicantes argentinos eran golpeados por aproximadamente 40 matones chinos que hacían de comitiva, bajo la mirada de la prefectura en un caso y de la Policía Federal en el otro, cuyos oficiales presentes afirmaban tener órdenes de no intervenir con los chinos.  Esto dio pie para deducir que seguramente había funcionarios  argentinos avalando este tipo de comportamiento de los extranjeros en el país que los acoge.

En ambos casos hubo denuncias judiciales sobre una presunta participación de la embajada. En el segundo caso, los practicantes de Falun Dafa presentaron evidencias sobre la participación de dirigentes de CASRECH (Cámara de Supermercados de Residentes Chinos). Según comentó una fuente, los que les pegaron a los practicantes son casi todos miembros de CASRECH a quienes se los llamó simplemente para apoyar la visita, pero en el momento se les ordenó expulsar con violencia a los practicantes de Falun Dafa. Según confesaron algunos de los agresores apartadamente, la mayoría de ellos no querían golpear, pero había algunos matones –que las embajadas de China suelen llevar a otros países para hacer cosas sucias– que estaban entre ellos dirigiendo, empujando e incitando a la violencia.

El pasado 3 de febrero, cuando los practicantes argentinos de Falun Dafa se establecían en la esquina de siempre, la de Arribeños y Mendoza, de repente, hombres chinos con remeras y gorros rojos comenzaron a llegar desde los cuatro puntos cardinales y se aglutinaron rodeando a los practicantes intentando desplazarlos. Se hacían llamar, traducido del chino, “administradores de las calles”.  La vestimenta roja obviamente tiene que ver con la bandera rojo sangre del PCCh, ¿Acaso la dictadura china pretende exportar el rigor comunista a Argentina además de los productos made in China? Lo triste es que se ve hasta una evolución en la forma de estos matones que ejercen con inmunidad e impunidad los intereses de la embajada de China. En la primera ecuación, durante la visita de Hu Jintao, los matones estaban de civil y sólo poseían banderas rojas; en segunda ocasión, durante la visita del represor Luo Gan, frente al Congreso de la Nación, además de banderas rojas, lo matones tenían credenciales colgadas de sus cuellos; y en esta última ocasión, además de la infaltable bandera roja, los matones incluso estaban uniformados.

“Para evitar inconvenientes”, según contó Álvaro –un practicante de Falun Dafa– a La Gran Época, los practicantes de Falun Dafa se movieron a otro lugar. Pero una media hora después, cuando otra vez entre quince y veinte de aquellos “guardias rojos” comenzaron a amontonarse nuevamente intentando expulsarlos, los practicantes de Falun Dafa fueron corrido nuevamente, esta vez hasta la punta de la feria, donde no había más puestos, para colocar su mesa sobre la cual recolectaban firmas para detener la persecución “en China”, persecución que a veces parece ocurrir mucho más cerca –como durante las visitas de Hu Jintao y Luo Gan, o en este mismo festejo del Año Nuevo Chinos. 

Pero terminado este incidente, sucedió algo impensado en Argentina pero lamentablemente corriente en el día a día de la China comunista –sin comparar la diferencia en el grado de violencia, porque, al fin y al cabo, éste todavía es un país extranjero e independiente para la Embajada China-.

Resulta que un practicante de Falun Dafa llamado Daniel caminaba por la calle Mendoza con una camiseta amarilla que decía en chino y en español “Falun Dafa es bueno”, cuando repentinamente varios hombres chinos con gorros rojos, seguidos por dos “guardias rojos” particularmente grandes y gordos –siempre callados y con expresión seria, casi de enojados– lo frenaron tomándolo del brazo y se interpusieron en su camino diciendo en  castellano con acento chino, “vos no podes caminar por acá”.

“No te tengo miedo”, respondió Daniel, aún sorprendido y con el paso bloqueado, pacífico pero firme.

“Pero si no te vamos a hacer nada”, decía uno de los chinos con tono irónico, según contó Daniel. Pero los dos matones gordos seguían bloqueando el camino con sus panzas contra el cuerpo de Daniel.

   Después de unos segundos, también para la sorpresa de Daniel, el mismo chino llamó a unos policías que pasaban por ahí. Entonces Daniel tomó la posta y comenzó a llamar más enérgicamente a los policías. Cuando éstos se acercaron, Daniel primereó y les dijo, “Oficial, estas personas no me dejan circular”.

Rápidamente, uno de los chinos aclaró, “No, no, con esa ropa no puede circular”. El policía, desorientado, comenzó a observar la vestimenta de Daniel y, sin poder encontrar algún peligro que pudiera conllevar tal vestimenta, se le acercó y le preguntó, “¿qué dice la remera?”

“Dice ‘ Falun Dafa es bueno’”, respondió Daniel.

“Ah, ¿ustedes son los que están los fines de semana en esa esquina repartiendo volantes, no?”. El policía entendió. Entonces, se dio vuelta y le dijo a los chinos, mirando de reojo a Daniel, “ustedes se quedan acá. Usted [Daniel] circule libremente; cualquier problema me llama a mí o a mi compañero”.

En el correr de la tarde, los practicantes de Falun Dafa pudieron recaudar más de dos mil firmas, contó Daniel.

“Los argentinos decían ‘Sí, por supuesto’ apenas se enteraban de que la firma era para juntar un millón de firmas para ayudar a que detener los graves abusos a los derechos humanos de los practicantes de Falun Dafa en China por parte del Partido Comunista Chino a Falun Dafa en China. Lentamente, el mundo está entendiendo que el Partido Comunista Chino no es China.”, comentó Daniel a La Gran Época. 

 Ahora... estos hechos, especialmente este último, dan que pensar. ¿Acaso una autorización de corte de calles puede habilitar a organizadores de un evento emparentados con una embajada, a desplegar una “policía propia” para hacer regir la “ley” represiva de una dictadura extranjera dentro de ese espacio ‘autorizado’ en Buenos Aires? ¿Qué le habrá dicho la embajada de China a los pobres chinos que son utilizados como matones? ¿Qué Argentina pertenece al PCCh y lo que dice el PCCh es la ley cualquiera sea el país anfitrión? La versión en chino de La Gran Época dedicó una llamado a los chinos que vinieron para estar lejos de la manipulación del régimen chino, en búsqueda de una mejor vida, a que no vendan su conciencia comportándose como les manda el PCCh; explicó además que “Argentina es una democracia, no tiene un Estado totalitario o despótico, razón por la cual pueden comportarse libremente y vivir una vida sin miedo y con autodeterminación”.

Lo ocurrido en pasado 3 de febrero y los acontecimientos de violencia anteriores son buenos ejemplos para recordar y para saber qué puede llegar a ocurrir cuando se negocia y se le ceden o venden espacios a una dictadura acusada de cometer graves y masivas violaciones contra los derechos humanos básicos.