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¿Por qué los funcionarios occidentales temen al Partido Comunista Chino?

Pareciera que nadie puede tocar al régimen chino, pero es sabido en la historia que echar luz sobre la oscuridad siempre fue el mejor método para combatir la perversidad


Por Ren Baiming especial para La Gran Época
18.02.2008 09:20


Mientras los gobiernos occidentales callan y no opinan, cada vez más gente dispuesta a develar las atrocidades ocultas del PCCh salen a la calle. (AFP/Getty Imágenes)

El pueblo chino está muy intimidado por el Partido Comunista Chino (PCCh). Este temor es resultado directo de la dictadura del PCCh, la cual ha prevalecido durante las últimas seis décadas. Parece que muchos gobiernos de países democráticos en el occidente, también están acongojados por temores hacia el PCCh.

En particular, ciertos funcionarios de países occidentales, no comunican en absoluto sus opiniones sobre el PCCh. Incluso entre amigos, al conversar sobre temas vitales, algunas autoridades solicitan que sus amigos apaguen sus celulares antes de que estén dispuestos a entablar una conversación seria.

¿Están estos funcionarios occidentales temerosos del PCCh, debido a su carencia de conocimiento sobre éste? No. En realidad, muchos de ellos saben bastante sobre el PCCh.

Entonces, ¿Qué ha hecho que le teman tanto al PCCh? ¿Se debe a que ellos piden favores económicos o políticos al PCCh, y entonces sus manos están atadas? Esto es posible, pero no es la causa fundamental.

¡Tú no puedes tocarme!

En la sociedad occidental, la policía es el organismo de seguridad que está a cargo de restringir a los criminales. Sin embargo, en relación con el manejo con China, aunque los líderes occidentales saben que el PCCh se conduce como un criminal, no hay ninguna agencia de seguridad que pueda intervenir, y no hay ningún tipo de recurso a tomar a través de alguna corte penal. Tal criminal puede hacer casi cualquier cosa, e incluso cuando uno suplica por ayuda, no hay una fuente disponible de ayuda. Este es un pensamiento que asusta. Claramente, algunas autoridades de gobiernos occidentales actúan especialmente cautelosos, reprimiendo su indignación moral ante los eventuales favores por obtener, en vez de arriesgar la cólera del PCCh.

“Yo soy un sinvergüenza, ¿a quién debería yo temer? Nuestro partido siempre se adelanta en el tiempo”. Caracteres en el saco: La Ley. Caracteres en la bandera: Tres representantes (ideología de Jiang Zemin)

El PCCh saca provecho oportunamente de tal temor, comportándose incluso más descaradamente, explotando ampliamente distintas situaciones.

El periódico Sydney Morning Herald publicó recientemente un artículo titulado, “Destrozado el sueño chino de Murdoch”. En este artículo, Bruce Dover, ex director de Desarrollos de Negocios para Asia de News Corp's, habló acerca de la pérdida de al menos mil millones de dólares del magnate de los medios Robert Murdoch, o la mitad de su inversión en el mercado de medios de China. El enorme éxito de Murdoch en el mercado de Europa, Estados Unidos y Australia, no pudo traducirse en éxito en el mercado de los medios de China, precisamente debido a que sus capacidades no pudieron prevalecer por sobre la imposición de los criminales gobernantes.

El ejemplo de Murdoch es uno en el cual un occidental va derecho a la trampa del PCCh. Por supuesto, el PCCh no duda en enviar a sus bribones al extranjero para llevar a cabo ataques personales. Recientemente, varias mujeres del personal del consulado chino, escribieron cartas a las autoridades de gobierno de los Estados Unidos, difamando a Falun Gong, y alentándolos a no asistir a las actuaciones del grupo de danzas Divine Performing Arts Troupe.

El gobierno de EEUU no tiene una forma efectiva de manejar actos tan sinvergüenzas, aparte de tirar las cartas en el basurero. ¿A quien puede informar de esto? Nadie acusa al gobierno chino de ser responsable de estos actos libertinos.

Desarmando al criminal

Existe una forma potencialmente buena de manejar al gobierno chino, aunque tal vez los occidentales no se sientan cómodos con esto. La aproximación sería exponer completamente sus actos criminales. Aquellos que han vivido bajo un régimen totalitario, pueden dar testimonio acerca de la efectividad de este acercamiento directo.

Vigilar y demandar no llevará a nada. Todo lo que necesita hacerse es publicitar todas las evidencias en contra del criminal. Todos tendrían que acceder a exponer completamente al criminal por lo que es. Toda la sociedad debería saber acerca de sus crimines y hablar sobre ello.

Aunque esta aproximación no encaja ni de cerca con la cultura occidental de países democráticos, es el método más efectivo para usar en contra del PCCh. Mientras más publicitados sean sus acciones, menos inclinado estará a actuar como un criminal que sabe que puede salir adelante con sus acciones.

El PCCh tiene un dicho “Soy un sinvergüenza, ¿a quien debería temer?” Siendo ese el caso, los gobiernos preocupados necesitan compartir, complementarse y aprender uno del otro. Si cada uno publicitara los actos moralmente reprochables del PCCh, el mundo formularía sus propias conclusiones. Consecuentemente, el PCCh quedaría intimidado por el pueblo recto, honesto y de conciencias fuertes de las sociedades democráticas.