Proyecto de ley para penalizar el tráfico de órganos
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OTTAWA – Un miembro liberal del Parlamento de Canadá presentó un proyecto de ley para criminalizar a los ciudadanos canadienses, que tanto dentro como fuera del país, se sometan a cirugías de trasplantes que impliquen órganos comprados o sustraídos de donantes que no dieron su consentimiento.
El proyecto de ley C-500, presentado por el parlamentario Borys Wrzesnewskyj, propone enmendar el código criminal para castigar a cualquier canadiense que participe en un trasplante de órganos que se considere ilegal en Canadá, sin importar en qué lugar del mundo tenga lugar el trasplante.
Eso incluye trasplantes donde al “donante” se le pagó por la venta de su órgano, como en el caso reciente del “Doctor Horror”, Amit Kumar, que vivía con su esposa e hijos en Brampton, Ontario.
Kumar es buscado por la Interpol por las acusaciones de ser el cerebro de un negocio de tráfico de riñones, que consistía en la compra o robo de riñones a campesinos y obreros en India. Los órganos eran vendidos a hindúes ricos y a extranjeros, y según los informes, los ordenadores confiscados en un allanamiento a una de las clínicas de Kumar en India revelaban que había pedidos de órganos desde Canadá.
El proyecto de ley C-500 establecería una lista de personas como Kumar, a los que se les prohibiría entrar en Canadá por participar en la venta de órganos.
El proyecto de ley también hace responsables a los receptores de órganos en cuanto que deberán certificar que el órgano recibido fue obtenido legalmente. Todos los receptores de trasplantes tendrán que presentar un certificado que establezca que el órgano fue donado, y no comprado.
Mientras eso podría ser algo sencillo para los trasplantes dentro del país, los canadienses que viajan al extranjero para conseguir un trasplante -los llamados turistas de trasplante- podrían enfrentarse con inconvenientes, especialmente los que visitan países como China, conocido por tratar con órganos de personas que no dieron su consentimiento.
Cuando los turistas de trasplantes vuelven a Canadá, dependen del cuidado posterior a la cirugía, y de los fármacos proporcionados por sus sistemas médicos provinciales. Bajo este proyecto de ley, se requeriría a los médicos en Canadá que informaran a un programa de certificación, sobre todos los receptores de órganos que atiendan. Ese programa comprobaría que el receptor del órgano tiene un certificado que verifica que su órgano no fue comprado o robado. Los receptores de órganos que no tengan certificado podrían enfrentarse a una investigación y posterior denuncia.
El proyecto de ley recomienda una condena mínima de cinco años, y una máxima de cadena perpetua para los delincuentes.
Según Wrzesnewskyj, fueron las historias que escuchó en muchas partes del mundo lo que lo motivó a esbozar este proyecto de ley, entre éstas se encuentran una serie de artículos de Ucrania de hace unos años, sobre niños que desaparecían de los orfanatos.
Wrzesnewskyj reconoció, que como la mayoría de la gente, no estaba excesivamente perturbado por las historias, porque asumía que estas trataban sobre occidentales que llegaban y sobornaban a los funcionarios para poder adoptar a los niños. Pero un oficial de policía local descubrió algo diferente.
investigaba, algo bastante horrible se hizo aparente”, relataba Wrzesnewskyj. “Estos niños no estaban siendo adoptados. Estos niños eran en realidad sacrificados por su órganos; los órganos estaban siendo vendidos”.Por aquella época también leyó sobre el tráfico de órganos en India, donde algunos campesinos pobres vendían sus órganos por el precio de un taxi.
“Algunas veces las consecuencias eran horribles. De hecho, al final no obtenían el dinero prometido”.
Más recientemente, leyó un informe de investigación llevado a cabo por dos canadienses, el ex miembro del Parlamento David Kilgour y el reconocido abogado de derechos humanos David Matas. El informe detalla pruebas que indican los asesinatos a gran escala de practicantes de Falun Gong encarcelados ilegalmente en China para poder vender y trasplantar sus órganos.
Wrzesnewskyj describe el informe como “horrible”.
Según Wrzesnewskyj “en todos los casos, se trataba de las personas más vulnerables en sus respectivas sociedades”, pero cree que hay tres tendencias que impulsaron el tráfico ilícito de órganos: la tecnología médica que permite que cualquier órgano sea trasplantado de forma barata, los vuelos internacionales que permiten a una persona cruzar el globo en menos de un día, y el aumento de las diferencias entre los más ricos y los más pobres del planeta, en consecuencia “se unieron horribles consecuencias para aquellos que son vulnerables”.
Mientras se acaba de concretar la primera revisión del proyecto de ley –y puede que tenga que ser presentado de nuevo si la minoría del gobierno falla- según declaró Wrzesnewskyj es muy importante comenzar el proceso y establecer un ejemplo para que otros países lo sigan.
“Lo felicito por liderar el camino”, declaró el ex miembro del Parlamento David Kilgour. “Espero que consiga el apoyo de todos los partidos – continuó– Es exactamente el tipo de medida que Canadá debería aprobar”.
Kilgour y Wrzesnewskyj describen el proyecto de ley como un asunto no partidista
Según Kilgour, el proyecto es exhaustivo, pero sospecha que pueda encontrarse con críticas en cuanto que va demasiado lejos. A pesar de ello está seguro de que será aprobado.
“Simplemente no creo que ningún miembro del Parlamento querría ser asociado con hablar en contra de este proyecto o votar contra éste, se trata simplemente de un asunto demasiado serio y es un problema enorme que implica a nuestro propio país y a nuestros ciudadanos”.
Kilgour dijo que cada país debería tener su propia legislación sobre este asunto, y mencionó la necesidad de una convención de Naciones Unidas sobre la sustracción de órganos, de la misma manera que la hay sobre las minas anti persona.
“Una convención de Naciones Unidas… requeriría de 50 países para ratificarlo y eso podría probar que se trata de un asunto complejo, porque seguramente China se opondría”.
Una nota anunciando el proyecto decía: “El proyecto de ley C-500 se dirige a la explotación de los débiles en países en vías de desarrollo, o de los encarcelados por regímenes totalitarios cuyos órganos saludables son comprados o sustraídos a través de la coerción, y vendidos para el uso de los ricos”.
“Entonces -concluyó Wrzesnewskyj- al promulgar esta legislación, Canadá se convertirá en un líder internacional en el combate contra el siniestro comercio ilegal de órganos y miembros del cuerpo humano”.
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