¡FELIZ AÑO NUEVO!
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“Nian”–como lo llamaron los primeros pobladores de la zona– vivía durante todo el año en la profundidad del océano, pero ese día atravesaba la costa para devorar ganado y seres humanos, devastando año tras año al pueblo. Para evitar la tragedia, el día anterior, todos en el pueblo abandonaban sus hogares y se refugiaban en las montañas para esconderse del temible Nian.
Una vez, justo antes del día que Nian iba a subir a tierra y la gente en un pueblo se disponía a buscar consuelo en las montañas, un viejo mendigo llegó al pueblo. El anciano, aun con bastón y pelo blanco, parecía más bien un joven; estaba lleno de vigor y mostraba un notorio temperamento.
Algunos aldeanos estaban ocupados guardando sus cosas, mientras otros trataban de organizar sus vacas y ovejas. El pueblo entero era un caos. Nadie le prestaba atención al viejo mendigo. Sólo una amable anciana le ofreció algo de comer y lo urgió a ir a la montaña para evadir al monstruo.
El anciano le dijo, “Si usted me permite quedarme en su casa esta noche, espantaré a la bestia”. La vieja señora pensó que el hombre sólo bromeaba y le aconsejó ir a la montaña a esconderse con el resto de la gente, pero el anciano simplemente sacudía su cabeza. La señora, al ver que no podría persuadirlo, se fue a la montaña dejando al viejo mendigo solo en su casa.
Cerca de la medianoche, el monstruo Nian irrumpió en el pueblo. De repente, una luz muy brillante que salía de una casa atrajo su atención, y Nian se dirigió hacia ella. Cuando llegó vio varios pedazos grandes de papel rojo en la puerta. El monstruo contempló la casa por un momento y luego se lanzó contra la puerta. En ese instante, se oyeron grandes explosiones como fuertes truenos, la puerta se abrió, y entre luces incandescentes apareció un hombre de traje rojo riendo a carcajadas.
Nian, desconcertado, comenzó a temblar y, aterrorizado por el ruido de las explosiones, las llamas y el color rojo, volvió corriendo al agua.
A la mañana siguiente, cuando los aldeanos bajaron de la montaña preparados para lo peor, encontraron que el pueblo estaba intacto. Una gran felicidad invadió a toda la gente. Sorprendida, la vieja señora sospechó que el anciano debió haber cumplido su palabra, entonces contó a los aldeanos la historia del viejo mendigo.
Toda la gente del pueblo, curiosa por conocer al anciano, se apiñó en la casa de la vieja señora; pero el mendigo ya no estaba, sólo encontraron papel rojo en la puerta, trozos de petardos desparramados por el patio y muchas velas rojas aún encendidas dentro de la casa.
Con esos tres elementos –luces, petardos y color rojo- la gente finalmente aprendió a espantar a Nian. Emocionados por este descubrimiento, los aldeanos vistieron sus mejores ropas y sombreros para visitar a sus amigos y parientes, y celebrar juntos la derrota del monstruo.
La palabra Nian empezó a significar “Año” en chino, y el día que Nian solía aparecer en la costa se convirtió en el día “Guo Nian” –“sobrevivir a Nian” o “el paso de Nian”–, que hoy significa Año Nuevo.
La costumbre se propagó a lo largo y a lo ancho del país, y como la primavera es la primera estación del año, estas celebraciones tomaron el nombre de “Festival de la Primavera”, convirtiéndose así en los días de fiesta más tradicionales e importantes de China.
Curiosas costumbres
El Festival del Año Nuevo chino es una de las fiestas más significativas para el pueblo chino en todo el mundo, indistintamente del origen de los antepasados. La fiesta es una ocasión muy jubilosa principalmente porque es el tiempo en que la gente se libera del trabajo para reunirse con la familia y los amigos.
En estos días, cada familia limpia su casa y se prepara para recibir el año. Por la noche, toda la familia reunida disfruta comidas típicas de la ocasión. En particular, al norte de China comen “dumplings”, que simbolizan la unión y la felicidad de la familia. Al sur de China, la gente come la torta de Año Nuevo (preparada con harina de arroz aglutinado), que connota una vida dulce y el progreso. A las doce de la noche, ¡cada familia comienza a encender los petardos!
El pueblo chino ha creído por mucho tiempo que permanecer despierto durante toda la noche de la Víspera del Año Nuevo ayuda a que sus padres tengan una vida más larga. Hoy, se mantienen las luces encendidas durante toda la noche no sólo para alejar a Nian como en los tiempos antiguos, sino también como una excusa para mantener a la mayor parte de la familia reunida.
Otra curiosa costumbre son las “coplas de primavera” que se cuelgan alrededor de la casa. Vistosos rollos y cuadros de papel escritos con palabras de buen augurio, tales como “buena suerte”, “riqueza”, “longevidad” y “tiempo de primavera”, que se pegan al revés porque el ideograma equivalente a “al revés” –dao– se pronuncia igual que la palabra “llegada” –dao– y es precisamente la llegada de la primavera y el “arribo” de tiempos más prósperos.
La celebración día por día
El primer día del Año Nuevo Lunar es la “bienvenida a los dioses de los Cielos y la Tierra”. La gente viste ropa nueva y les desean a los mayores de la familia un feliz Año Nuevo. Cuando los niños les desean un feliz Año Nuevo a sus mayores, reciben dinero en un tradicional sobre rojo. Muchas personas se abstienen de la carne en este día porque se cree que esto les asegurará una vida larga y feliz.
El segundo día, veneran a sus ancestros y a todos los dioses. También son muy cariñosos con los perros y los alimentan bien ¡porque se cree que el segundo día del año es el cumpleaños de todos los perros!
Los días tercero y cuarto son para que los yernos y nueras muestren sus respetos a sus suegros.
El quinto día se llama “Po Wu”, y la gente se queda en casa para recibir al dios de la riqueza. Nadie visita a su familia ni a sus amigos este día porque eso traería mala suerte a ambas partes.
Del sexto al décimo día, los chinos visitan a sus familiares y a sus amigos. También visitan los templos en busca de buena fortuna y salud.
En el séptimo día del Año Nuevo, los campesinos muestran lo que produjeron y preparan una bebida con siete tipos de vegetales para celebrar la ocasión. El séptimo día también se considera el cumpleaños de los seres humanos. Comen fideos para promover la longevidad, y pescado para favorecer el éxito.
El octavo día, la gente de Fujian tiene otra cena familiar y a la medianoche rezan a Tian Gong, el Dios de los Cielos.
El noveno día se realizan ofrendas al Emperador de Jade.
Del décimo al decimosegundo día se invita a amigos y familiares a cenar; y después de tanta comida,
El décimo tercer día se come liviano para limpiar el cuerpo.
El décimo cuarto día se dedica a preparar la celebración del Festival de la Linterna, que se realiza en la quinceava noche.
El término del decimoquinto día del primer mes lunar, cuando se celebra el Festival de la Linterna, se considera el fin de las celebraciones de Año Nuevo chino.
Los rituales y las creencias que marcan estas fiestas tienen una connotación espiritual, por eso las celebraciones que los acompañan son insuperables en significado. No importa qué cambios ocurran a través del tiempo o qué difícil situación atraviese el pueblo chino, la magia de reunirse con la familia siempre estará en el centro del festejo del Año Nuevo chino.
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