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¡Por fin libre!

Una maestra china que arriesgó su vida por la verdad y la justicia descubre el verdadero significado de las palabras de Martin Luther King


Por Louise Rothman – La Gran Época
31.01.2008 10:48


El líder por los derechos civiles Martin Luther King saluda a sus seguidores el 28 de agosto de 1963 en el Mall de Washington durante la ‘Marcha en Washington’. (AFP/Getty images)

El Dr. Martin Luther King Jr. y su movimiento por los derechos civiles tocaron a la gente alrededor del mundo, influenciándolos a compartir un sueño, a tener la valentía de hablar por la verdad, de defender la justicia, y de encarar la brutalidad con la no violencia.

Victoria, una joven mujer china, puede dar testimonio del gran alcance del impacto de Luther King.

En el pasado trabajaba como profesora de inglés en un colegio de China. En septiembre de 2004, Victoria (que prefiere no utilizar su nombre chino por temor a represalias hacia su familia en China) había dado en una de sus clases una copia del discurso de Luther King “Yo tengo un sueño” para complementar una referencia de un libro de texto.

Durante el período de debate después de leer del discurso de King, un estudiante dijo que en China todos son iguales, no como en América donde las personas como Martin Luther King tenían que luchar por los derechos de las personas. El estudiante dijo que el pueblo chino tenía suerte de tener un gobierno al que le importaran sus ciudadanos, y que el pueblo chino era muy feliz.

Victoria apremiada por sus experiencias sentía que tenía que hablar, pero titubea por conocer bien los riesgos.

Ponerse de pie por la justicia

Tres años atrás, Victoria había sido arrestada y encarcelada por entregar volantes informando a la gente acerca de la violenta supresión del régimen a Falun Gong, una práctica espiritual de meditación basada en los principios de verdad, benevolencia y tolerancia.

En un paso reminiscente a la violenta Revolución Cultural dirigida por Mao Zedong en 1966, el régimen instituyó en 1999 una campaña para erradicar a Falun Gong justo cuando su popularidad alcanzaba el punto máximo; estimadamente 100 millones de chinos estaban practicando.

Como muchos otros practicantes de Falun Gong, Victoria se había armado de coraje para hablar de esta injusticia y fue posteriormente detenida.

Para protestar por su ilícita detención llevó adelante una huelga de hambre. Como castigo, fue forzada a estar de pie mirando una pared por dos días, con reclusos de prisión designados para pegarle si se movía o cerraba sus ojos. Por persistir en su huelga de hambre, fue atada con una correa a tablas y sometida por los propios reclusos de la prisión a duras sesiones de alimentación forzada.

Victoria dice que la alimentación forzada es una forma de tortura que es muy dolorosa y ha conducido a muchas muertes. “Después que fui liberada, me enteré que cerca de un mes antes de mi arresto, otro practicante de Falun Gong había muerto mientras era alimentado a la fuerza en el mismo centro de detención”.

Los detenidos trataron de forzarla a suspender su huelga de hambre y no le permitieron dormir o cerrar sus ojos. “Pronto perdí toda sensación en mis brazos y piernas”.

Las ataduras cortaron y penetraron su carne; aún tiene las cicatrices.

Tomando el riesgo una vez más

Tal experiencia podría fácilmente disuadir a una persona a arriesgarse por segunda vez a la furia de las autoridades comunistas. Pero inspirada en sus creencias y movida por el ejemplo de King, Victoria eligió hablar.

“Pedí a los estudiantes que pensaran acerca de cuán libres eran en China, y si el pueblo era realmente feliz”. Los estudiantes la presionaron para que se explicara; finalmente ella les contó que había sido encarcelada por sus creencias en Falun Gong. Y les mostró las cicatrices en su brazo.

Los practicantes de Falun Gong realizan la meditación. Como con otras disciplinas similares de China, es tradicional practicar los ejercicios al aire libre. (La Gran Época)

“Además les expliqué a los estudiantes que no deberían creer la propaganda oficial acerca de Falun Gong. Como maestra, sentí que era mi misión educar a los estudiantes y decirles la verdad”.

Sin embargo, uno de los estudiantes le contó a su padre, un policía que creía que los profesores debían ajustarse a la posición del Partido Comunista y la reportó al departamento de seguridad.

Al día siguiente, el departamento de seguridad notificó al secretario del partido de la escuela, y vinieron policías a interrogar a sus estudiantes. En China, dice Victoria, es extremadamente serio cuando el departamento de seguridad está involucrado.

El primer grupo de estudiantes rehusó decir nada que pudiera poner a su profesora en problemas. Cuando los oficiales interrogaron a los estudiantes de otro curso, llamaron para esto solo a quines eran miembros del Partido Comunista y jefes de curso. “La policía puso mucha presión sobre esos estudiantes, diciéndoles que tenían un deber con el gobierno y con el partido de decirles lo que habían discutido en la clase. Los estudiantes cedieron y contaron todo”

Al día siguiente, el secretario del partido de su departamento demandó una explicación de parte de ella. “Yo le dije que estaba ejercitando mi derecho a la libertad de expresión y que solo había dicho la verdad”.

Asignada a estudiar la doctrina comunista

Como resultado, le quitaron su clase y se le requirió reportarse en la escuela todos los días para sentarse sola en una pequeña pieza en el décimo piso y reflexionar acerca de su “error”.

“A los otros profesores y a todos mis estudiantes se les prohibió hablarme. Me ordenaron que leyera ensayos sobre marxismo, Mao, y Deng Xiaoping, y que escribiera acerca de ellos”.

“Todos los días estaba sola, excepto cuando el secretario del partido venia a tratar de convencerme de que renunciara a mis creencias. Fue la peor época para mí y la primera vez que empecé a pensar en irme de China. Algunas veces me deprimí tanto que tuve la idea de saltar por la ventana. Se me ordenó que continuara haciendo esto por un año”.

El sueldo de Victoria fue además severamente reducido, de 4.500 yuanes al mes (620 dólares) a 100 yuanes (14 dólares). “El secretario del partido me dijo que debiera estar agradecida a la dirección del colegio, porque si no me hubiera protegido, ya hubiera sido puesta en prisión”.

Antes de este incidente, yo era considerada una profesora excelente. Todos los profesores habían sido evaluados por los estudiantes, por colegas profesores, y expertos en pedagogía contratados por la universidad. Yo fui evaluada como la tercera mejor profesora entre muchos cientos. Me di cuenta que no había manera de que pudiera vivir una vida normal en China sin renunciar a Falun Gong, y no era posible para mí hacer eso”.

Hoy Victoria vive en Estados Unidos donde enseña chino y practica sus creencias libremente. Recordando ese día que cambió su vida cuando su curso discutió el discurso de Luther King “Yo tengo un sueño”, ella afirma que tiene un ahora entendimiento mucho mas profundo de sus palabras: “¡Por fin libre! ¡Por fin libre!”