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Propuestas británicas para frenar el turismo de trasplante

Este fenómeno se ha convertido en un tema cada vez más controvertido en los dos últimos años, con la aparición de pruebas de que el régimen comunista chino está sustrayendo órganos a presos vivos y vendiéndolos a extranjeros


Por Martin Croucher - La Gran Época
21.01.2008 12:55


Gordon Brown, Primer Ministro británico. (Shaun Curry/AFP/Getty Images)

Los planes para aumentar el número de órganos humanos disponibles para trasplante en Gran Bretaña podrían reducir el número de pacientes que buscan una operación “poco ética” en el extranjero, según afirman los expertos.

Gordon Brown, Primer Ministro británico, ha sacado a flote proposiciones controvertidas para un sistema de “presunto consentimiento”, en el que los órganos sean automáticamente sustraídos de los pacientes después de su muerte, a no ser que estos hayan optado con anterioridad por lo contrario.

Se cree que un déficit de órganos en Gran Bretaña ha forzado a muchos pacientes a viajar a países en vías de desarrollo para que les realicen operaciones de trasplante, puesto que en estos países los sistemas son normalmente menos transparentes.

Un médico experto, que deseo no revelar su nombre, afirmaba: “Si nos dirigimos hacia el 'presunto consentimiento', lo probable es que la gente deje de viajar al extranjero. Aunque habría que ver hasta qué grado. El problema que hay es que nunca sabremos cuánta gente viaja allí para recibir un trasplante, puesto que no hay registros. Aunque en países donde hay 'presunto consentimiento', parece que son capaces de satisfacer la demanda mucho mejor”.

Y agregó, “Las enfermedades de corazón y pulmón son las más mortales. Pero es más difícil conseguir estos órganos porque la gente tiene que morir para donarlos. Lo extraño sobre la situación en China es que los chinos son capaces de ofrecer órganos de este tipo casi al mismo nivel de la demanda”.

En 2006, el político canadiense David Kilgour, junto con el abogado David Matas, publicó detalles de una investigación sobre la sustracción de órganos a practicantes de Falun Gong encarcelados en China . El informe confirma la existencia de una sustracción ilegal de órganos a gran escala para obtener grandes ganancias, a costa de un enorme banco de personas encarceladas que pertenecen a este grupo de meditación.

A pesar de ello, varias empresas ofrecen en Internet vuelos para aquellos que necesitan órganos, a países donde están más disponibles, incluyendo China.

Uno de estos “coordinadores de trasplante”, Jim Cohen, afirmaba que “probablemente cada día” han contactado con él británicos que necesitan una operación de trasplante y que están dispuestos a volar a un país extranjero para conseguirla. Éste añadió: “Cuando una persona se está muriendo, no le importa de dónde vienen los órganos”.

Un portavoz del Departamento de Salud declaró que el gobierno no tiene registros centralizados del número de “turistas de trasplante”, a pesar de los datos recopilados a nivel de hospitales individuales. Actualmente hay entre 7.000 y 8.000 personas esperando un trasplante en Gran Bretaña, pero normalmente sólo se llevan a cabo 3.000 operaciones de trasplante cada año.

El gobierno controla actualmente un sistema en el que los órganos sólo pueden ser sustraídos si los pacientes han puesto su nombre en un registro antes de su muerte. Actualmente hay 14,9 millones de personas en este registro de donantes de órganos, aproximadamente un 24% de la población.

En términos de donantes reales (no sólo gente dispuesta a donar, sino aquellos cuyos órganos se utilizan realmente) hay unos 13 donantes por cada millón de la población de Gran Bretaña. Un número pequeño comparado con los 22 donantes por millón de Francia, y los 25 donantes por millón de EEUU. España tiene un sistema de “presunto consentimiento” con una tasa de 35 donantes por millón, la más alta del mundo.

En un artículo para el diario Sunday Telegraph, Gordon Brown defendía un acercamiento al sistema español, el cual utiliza medidas “suaves” respecto a la donación de órganos, como que los parientes puedan intervenir para detener que los órganos del fallecido sean utilizados para trasplantes.

Austria lleva a cabo un sistema “duro”, en el que los parientes no tienen la última palabra si el fallecido no había optado por no donar los órganos.

Este acercamiento cuenta con el beneplácito de cirujanos y organizaciones benéficas médicas, pero ha provocado la oposición de grupos de pacientes e individuos.

Janet Valentine descubrió que numerosos órganos habían sido sustraídos del cuerpo de su hija de cinco meses, Kayleigh, al morir en el hospital de Alder Hey, Liverpool. Esta mujer de 48 años, de Wrexhan, norte de Gales, declaraba: “Estoy muy preocupada por que cambie la ley. Dar el regalo de la vida es lo más grande en el mundo. Puesto que debería ser un regalo, no debería ser robado”.

“Todos queremos que los trasplantes de órganos continúen. Me gustaría ver más trasplantes de órganos para salvar niños, debe ser terrible para sus padres. Tiene que hacerse algo al respecto, pero tiene que hacerse bien”, añadió.

El gobierno británico ha iniciado una campaña de consulta sobre el cambio de ley, pero los resultados no se esperan hasta dentro de un año.