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Taiwán 2008

Año crucial para la isla con nuevo Parlamento, nuevo presidente y un referéndum de adhesión a la ONU


Por Noé Chartier - La Gran Época
19.01.2008 10:28


Partidarios del actual presidente taiwanés, Chen Shui-bian, durante su campaña presidencial en 2004. (Paula Bronstein/Getty Images)

¿Será el año 2008 el de China, con los Juegos Olímpicos de Beijing, celebrando su status de gran potencia sobre la escena internacional? En la sombra de la dictadura de partido único, la pequeña isla de Taiwán atravesará, en 2008, importantes etapas que serán cruciales para determinar su futuro.

A pesar de todo no será “el año de Taiwán”, la República de China (nombre oficial) vive importantes cambios internos, con relación a su propia identidad y la cuestión de la amenaza militar de China que es siempre de mucha actualidad. Estos dos aspectos estarán en el corazón de las elecciones de 2008, que comenzaron con elecciones legislativas el pasado 12 de enero y continuarán el próximo marzo con la elección presidencial.

Al margen de estas dos elecciones, hay un hecho importante que está dando mucho que hablar y causando un malestar importante tanto a su principal aliado, Washington, como a los dirigentes de Beijing. Se trata de un referéndum propuesto por el presidente actual, Chen Shui-bian, sobre la adhesión de la República de China a la ONU, pero esta vez bajo el nombre de “Taiwán”.

Aislamiento

Cuando el gobierno comunista de la República Popular China (RPC) obtuvo en 1971 su plaza en la ONU, la República de China (Taiwán) fue expulsada de la organización internacional. Un número considerable de países se sintió aliviado con el cambio, estableciendo relaciones diplomáticas con Beijing en detrimento de Taipei.

En el momento de la guerra civil en China y la victoria de Mao Zedong (1949), las fuerzas nacionalistas de Chiang Kai-shek se refugiaron en Taiwán, liberados algunos años antes por la presencia japonesa al fin de la Segunda Guerra mundial. Japón había obtenido una cesión de perpetuidad en Taiwán por el tratado de Shimonoseki después de su victoria sobre China en 1895.

Taiwán jamás estuvo bajo el control del gobierno comunista de Beijing. Los nacionalistas que habían recuperado el control de la isla después de 1945 no iban a cederla debido a una derrota militar sobre el continente. Por ello, el partido comunista considera a Taiwán una provincia rebelde. Durante varios años, Taipei estuvo considerado como la representante legítima de China, hasta la mudanza de los años 1970.

Chiang Kai-shek, incluso tenía como plan volver a tomar un día el continente por la fuerza, ya que no era un demócrata, y al igual que los actores del Partido Comunista Chino, había sido formado en la escuela leninista de gestión de poder, una centralización muy autoritaria. Su establecimiento en Taiwán creó fricciones enormes, porque aunque los de Taiwán comparten ciertos aspectos chinos, constituían un grupo distinto que iba a sufrir la discriminación frente a los nuevos recién llegados de China continental.

Después del levantamiento de la ley marcial y la transición hacia la democracia en los años 1990, además del Kuomintang (KMT) de Chiang, otras fuerzas políticas iban a tomar valor y defender otras avenidas que la reunificación con el continente. En el año 2000, Chen Shui-bian y el Partido Democrático Progresivo (PDP) llegaron al poder rompiendo cincuenta años de reinado del KMT. Fue también otra aproximación que tomó la delantera, con las posiciones claras de Chen a favor de la independencia formal de Taiwán.

La isla es una democracia de 23 millones de habitantes, funcionando independientemente de Beijing, con una economía robusta. Pero su status de retoño con los juegos políticos la deja aislada en la escena internacional. El gobierno comunista chino exige que las relaciones diplomáticas oficiales con Taiwán se corten para establecer la única posibilidad de entablarlos con Beijing. Así, esta última, fuerza a la mayoría de los países en el mundo a aceptar el concepto de “una sola China”. Pero si se juzga los gobiernos de China y de Taiwán en términos de legitimidad, la diferencia es clara, mientras que una es una dictadura la otra es una nueva democracia.

Sin embargo, Taiwán se encuentra sin voz en el mundo, siendo excluida del aparato de la ONU y otras organizaciones intergubernamentales.

Para un reconocimiento

El referéndum propuesto por el presidente Chen Shui-bian es una búsqueda de legitimidad y un medio para censar el apoyo popular hacia la independencia formal, porque todas las tentativas precedentes de obtener un asiento en la ONU han resultado infructuosas. La última se remonta a septiembre de 2007.

Con Beijing que ocupa un asiento en el Consejo de Seguridad, las posibilidades permanecen prácticamente nulas para Taipei, sobre todo porque cuenta con el amparo de menos de 30 países.

Taiwán mantiene relaciones diplomáticas oficiales con 27 países, pero no dejan de pulverizarse mientras que los aliados desearían unirse con Beijing para gozar económicamente. El último de los países aliados a inclinarse a China comunista es Malawi. Estos países, amigos formales de Taiwán, no tienen ningún peso sobre la escena internacional, el más influyente es posiblemente el Vaticano, delante de Paraguay…

Actualmente, la única fuerza efectiva de Taiwán descansa en el apoyo que recibe de Estados Unidos. Taipei desarrolla su defensa militar desde el principio de la era Chiang pero, sin un empeño americano hacia la protección de Taiwán, la “provincia rebelde” sería posiblemente una “provincia sumisa”.

En plena guerra fría, el presidente Nixon y el secretario de Estado Kissinger, viendo las tensiones severas entre URSS y China, habían considerado buena la aproximación con Beijing, de ahí su adhesión a la ONU y el establecimiento de relaciones diplomáticas con Washington.

Esta última maniobra sorprendió completamente a Japón y Taiwán, que ambos estaban sobre las líneas de contención de la amenaza roja. Japón imitó el gesto de los estadounidenses poco tiempo después, más preocupado por su economía que por la política, pero Taiwán no podía ser tan pragmático.

Entre dos gigantes

Sin embargo, para no abandonar Taiwán completamente, Estados Unidos promulgó una ley en 1979, Taiwán Relations Act, exigiendo a Washington a venir en defensa de la isla que sufría una agresión. Esta ley “es necesaria para mantener la capacidad de Estados Unidos de resistir a cualquier recurso a la fuerza u otra forma de coerción que pondría en peligro la seguridad, o el sistema económico-social, de la población de Taiwán”, según lo certifica el documento oficial del Departamento de Estado.

Por su parte, el régimen chino adoptó una ley “antisecesión” en 2005, estipulando que pasando “la independencia de Taiwán”, cualquier medio, incluyendo medios “no pacíficos”, serían utilizados para aplastar las fuerzas “secesionistas”.

Después del anuncio del referéndum sobre la adhesión en la ONU por el presidente de Taiwán, Chen Shui-bian, Washington y Beijing han fijado su oposición profunda, sabiendo que están vinculadas por leyes a las que proyectan en guerra aconteciendo una ruptura del statu quo.

Condoleezza Rice, secretaria del Departamento de Estado norteamericano, pronunció estas palabras en su discurso de fin de año: “Creemos que el referéndum de Taiwán para pedir la adhesión a las Naciones Unidas bajo el nombre ‘Taiwán’ es una política provocadora. Esto aumenta sin necesidad las tensiones en el estrecho de Taiwán y no aportará ningún beneficio real para la población de Taiwán sobre la escena internacional”.

A esto, Chen Shui-bian replicó: “Esta es la expresión de la voluntad de nuestra población. El referéndum es un derecho fundamental garantizado por la ley… China se opone con vehemencia al referéndum, a la democracia y al respeto de los derechos humanos, mientras que otros países hacen pesar los intereses nacionales contra los valores democráticos”.

Actividad militar

Las cuestiones militares son siempre de actualidad en Taiwán y son objeto de debates acalorados. Las autoridades cultivan una necesidad de protección frente a la militarización creciente de China y frente a sus intenciones de “reunificación”. Las posiciones entre campos políticos mayoritarios difieren.

El KMT, que se refiere a una aproximación con China continental, es siempre reticente a aceptar gastos acrecentados, porque no quiere lastimar a Beijing. El PDP de Chen, al contrario, cultivando deseos de independencia, ve el desarrollo militar como una cuestión de supervivencia democrática de Taiwán. Sus detractores pueden acusarlo de jugar con la amenaza externa para consolidar sus bases, pero el aparato militar chino está lejos de ser un vulgar espantapájaros.

Con la llegada de los legislativos el pasado 12 de enero, un nuevo presupuesto militar importante ha sido votado después de meses de obstinación del KMT. Este presupuesto incluye fondos para el desarrollo local de misiles que tienen una capacidad ofensiva que puede alcanzar ciudades chinas, hasta Shanghai. Observadores subrayaron que esta aceptación de último minuto del KMT era totalmente atribuible a las elecciones, para no aparentar demasiado flexible sobre la cuestión de la Defensa Nacional.

Algunos días después de la adopción del presupuesto militar, el presidente Chen declaró que China tenía ahora 1328 misiles balísticos apuntados sobre Taiwán, que es más del tercio de las estimaciones precedentes, comentaba la agencia Reuters. Según el presidente, Beijing ya completó su plano de invasión.

Que Chen Shui-bian sea alarmista o prudente, su salida del puesto presidencial será bien acogido en Beijing, porque no puede presentarse para otro mandato. La historia hace las cosas de manera singular, pero la RPC desea ardientemente la vuelta al poder de su enemigo del pasado, el Kuomintang, para la instauración de una política de aproximación entre ambos países.

Chen, por su parte, separó recientemente un poco más a Taiwán moderno de su pasado bajo la férula del KMT recuperando un monumento en honor de Chiang Kai-shek para dedicarlo a las víctimas de abusos de los derechos humanos, mientras que Chiang y el KMT dirigían la isla con mano de hierro. Una tentativa de subrayar los progresos cumplidos bajo la democracia y de pisar el peón a los herederos del KMT que constituye todavía una fuerza política de primer plano.

Actualmente, el KMT tiene más asientos que el PDP, pero este último controla a pesar de todo el ejecutivo. Las elecciones se anuncian calientes, ya que una mayoría de la población encuentra la posición americana de statu quo confortable. En este sentido, podría reproducirse el mismo guión cinematográfico actual, y aunque el KMT consiga más votos, no podría ir a por la presidencia.

En cuanto al referéndum, anterior al voto presidencial, su resultado debería abastecer un buen indicador de apoyo a la causa independentista, aunque fuera realmente menos atrayente que un voto sobre una declaración de soberanía formal, desenterrando así algunas hachas de guerra.