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El gusano lunar: la romántica idea que nunca se concretó

Con un movimiento contráctil, el gran vehiculo de forma cilíndrica, sería capaz de sortear los terrenos más difíciles a una velocidad considerable


Por Leonardo Vintiñi – La Gran Época
15.01.2008 12:00

Futuro alternativo: un gusano lunar emerge en pleno paisaje selenita (NASA)

Una de las variantes de gusano lunar

Otro aspecto de gusano

Estructura "gusanoforme" de vientre chato

Gusano lunar… ¡que romántica propuesta! Y no me refiero al amigable gusano de tres ojos que acompaña a la caricatura de plastilina “Jim de la Luna” cada temporada, sino al proyecto nunca fraguado del rover espacial, presentado por la división Aeronutronic, de Philco Corporation.

Inspirado en el movimiento de pliegue y repliegue de ciertos ofidios, el proyecto del gusano lunar parecía prometedor. Fue presentado a la NASA en 1966, y se estudió como una posibilidad seria de movilidad, en un ambiente hasta ese entonces desconocido como lo era la Luna. Finalmente el proyecto nunca fue aprobado, pero sus ventajas eran, y lo siguen siendo, más o menos obvias: con un movimiento contráctil, un gran vehiculo en forma cilíndrica, sería capaz de sortear los terrenos más difíciles a una velocidad considerable (5 millas por hora) y salir airoso de accidentes geográficos que, para otro tipo de vehículos, resultaría un verdadero sortilegio, cuando no un fin de carrera.

El gran fuelle que representa el gusano lunar también poseería otras ventajas sobre sus antagonistas con rueda: la indiferencia al tan indeseado polvo lunar, capaz de inmiscuirse en cada recoveco, parte móvil y circuito electrónico de las maquinarias espaciales. Además, el espacio interno del gusano podría albergar a todo el material científico y dos tripulantes en forma mucho más acogedora que otros albergues temporarios.

Según el extenso y dedicado informe sobre el gusano lunar, uno de los mayores desafíos de la propuesta era la elección de la membrana flexible, capaz de soportar adecuadamente el rozamiento, las temperaturas, y la erosión continua del ambiente selenita.

El modelo de gusano espacial, tenía una vida media calculada de seis meses. Su gran superficie le daba más posibilidades de no hundirse sobre el suelo lunar (hasta el momento poco conocido) y también poseía la cualidad de plegarse totalmente para su envío o almacenamiento. Las ondas peristálticas a modo de ola, producirían un viaje suave y sin rebotes; sus movimientos verticales y horizontales, la virtud de evadir rocas y grandes grietas. Sin embargo, el gusano no triunfó.

Para la posteridad quedarán (o para el futuro tal vez) los cálculos y los diagramas de uno de los tantos proyectos científicos frustrados, que parecen haber escapado de un cuento de ciencia ficción.