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30 millones de voces para la libertad

Un libro prohibido en China logró en sólo tres años que el pueblo chino por primera vez se anime, desde la Masacre de Tiananmen, a manifestar ampliamente su descontento.


Por Caylan Ford
22.12.2007 11:42

Un cartel de “Renuncie al PCCh” en un poste de teléfono. (La Gran Época)

El 17º Congreso Nacional del Partido Comunista Chino, que tuvo lugar en octubre, aparentemente concluyó si ningún percance. Sin embargo, por debajo de la pulida superficie de China moderna, la marea de disidencia continúa creciendo a lo largo de espectro completo de la sociedad.

A simple vista, el Partido Comunista Chino, que clama tener 73 millones de miembros, parece que continuará reinando China indefinidamente, aferrado fuertemente a sus columnas de poder. El líder Hu Jintao reaseguró a los delegados que el partido mantendrá su rol de proveer “el eje de liderazgo en todos los ámbitos” de China.

Fuera del Congreso, no se veía ni una señal de protesta, lo cual le confirmaba a los aproximadamente mil periodistas presentes que aparentemente la trinchera del poder del Partido está segura.

Ésa es la China que se les permite ver a los medios de comunicación extranjeros: la imagen de una nación en crecimiento, estable y, en palabras de Hu Jintao, armoniosa. Pero fuera del alcance de los radares de la mayoría de los observadores internacionales, existe una China que se mueve en otra dirección. 

La evidencia está en las cifras. El número de chinos que ha cortado sus lazos con el Partido Comunista Chino (PCCh) y sus organizaciones afiliadas está por alcanzar los 30 millones en los próximos días.

Las renuncias al PCCh comenzaron a partir de una serie de fascículos editoriales publicados por primera vez hace un poco más de tres años -el 24 de noviembre de 2004- por la edición en idioma chino de La Gran Época (Da Ji Yuan). 9 Comentarios sobre el Partido Comunista, cuyos extractos son publicados quincenalmente en la edición impresa de La Gran Época, detalla la historia del Partido Comunista Chino y sus décadas de violaciones de a los derechos humanos, las cuales derivaron en 80 millones de muertes no naturales durante tiempos de paz. 

El resultado ha sido un amplio, masivo y arraigado movimiento clandestino en busca de un cambio político pacífico en la última superpotencia comunista del mundo.

La ‘lucha’ es enviar y recolectar las declaraciones

Alguna gente se las arregla para atravesar el bloqueo de Internet de China para publicar on-line sus declaraciones de renuncia en el sitio web en idioma chino de La Gran Época. Esto, no obstante, requiere un software especial, y la mayoría de la población china nunca ha usado una computadora. 

Muchos realizan llamadas a los “centros de renuncia” establecidos por disidentes chinos en el exterior, los cuales registran las declaraciones de renuncias por ellos. Los números de los centros de renuncia los obtienen de emails, llamados automáticos, campañas de faxes, así como hojas volante, folletos y copias del prohibido 9 Comentarios distribuidos clandestinamente por residentes locales.

Quienes tienen la posibilidad de viajar a Hong Kong se encuentran con disidentes en las calles principales y sitios turísticos, quienes toman sus declaraciones. Esta vía ha juntado alrededor de 10.000 declaraciones de turistas chinos por año. 

Asimismo, muchos que carecen de estos accesos optan por publicar sus declaraciones de renuncia en áreas públicas de China como postes de luz, carteles y carteleras en calles concurridas.

Para resguardarse, la mayoría prefiere usar pseudónimos a la hora de firmar. Este suele ser un argumento para desacreditar el número creciente de renuncias; no obstante, en una sociedad oprimida como la de China bajo el régimen comunista, no hay otra manera.

Se trata de un fenómeno frente al cual los observadores y quienes elaboran las políticas exteriores deberían tomarse una pausa para prestarle atención. Si el movimiento de renuncias al Partido Comunista es un indicador de lo que está ocurriendo en la práctica, China puede estar ahora en medio de una revolución silenciosa.

Desde campesinos hasta funcionarios

Yi Ping, un residente de Mongolia Interior, es un campesino típico.

Como muchos de los 900 millones de pobladores rurales que han sido dejados atrás en el boom económico de las ciudades, Yi Ping ha experimentado en carne propia cómo el Partido Comunista Chino les dio la espalda a los campesinos que lo llevaron a la victoria en 1949, relegándolos al estatus de ciudadanos de segunda clase.

En China, el descontento sobre asuntos como la corrupción estatal, la degradación del medioambiente y las expropiaciones de tierras han derivado en un marcado incremento de las protestas por año. De acuerdo con el Ministerio de Seguridad Pública de China, hubo 84.000 protestas masivas en 2005, en contraste con las 8.700 de 1993. 

Pero, en lugar de recurrir a protestar abiertamente como tantos de sus compatriotas, Yi Ping ha optado por adherir su voz a las de millones que han renunciado al PCCh.

“Porque se hayan lanzado algunos satélites al espacio, no necesariamente la mayoría del pueblo chino puede poner un plato de comida sobre la mesa o ropa sobre sus espaldas”, dice Yi Ping en una declaración publicada en el sitio web en idioma Chino de La Gran Época. “Los campesinos chinos están sufriendo de extrema pobreza mientras hablamos. Por lo tanto, renuncio a la Liga Juvenil Comunista”.

No sólo aquellos que han sido han sido privados de sus derechos o sufrieron abusos están renunciando públicamente al Partido Comunista. Algunos de los más brillantes y destacados miembros del partido también están desertando.

Atletas y académicos de alto perfil, así como algunos de los abogados más prominentes de China, como Gao Zhisheng, han renunciado a sus afiliaciones al PCCh. Gao recientemente escribió una carta al Congreso de EE.UU. requiriendo el boicot de los Juegos Olímpicos debido los abusos masivos a los derechos humanos. Rápidamente fue arrestado, y su paradero aún es desconocido.

Funcionarios de gobierno actualmente en funciones también han dado el paso adelante. Wang Zhaojun, miembro permanente del Comité Político Consultivo de la provincia de Anhui escribió recientemente una carta de 40.000 palabras a Hu Jintao y Wen Jiabao pidiendo reformas dramáticas.

Otros civiles y oficiales militares también renunciaron. En el caso de ellos, no fue el beneficio personal lo que los llevó a tomar una postura contra el partido gobernante, sino sus esperanzas de una China más democrática y el fin de las persecuciones religiosas y políticas.

Chen Yonglin, por ejemplo, era Primer Secretario del Consulado Chino en Sydney cuando desertó y renunció al Partido Comunista. Él explicó su decisión de renunciar al Partido, detallando cómo él mismo era responsable de vigilar y acosar a grupos disidentes, activistas democráticas y practicantes de Falun Gong.

“Dejé el Consulado Chino buscando liberar mi espíritu y mi conciencia”, dijo Chen. “Espero poder empezar una vida nueva. También espero que lo que hice despierte a más personas con conciencia que están dentro del sistema del PCCh, para que puedan escapar del afán del éste por dominar sus espíritus”

Chen continuó capturando titulares con sus declaraciones en Australia y alrededor del mundo para exponer las tácticas de espionaje chinas. Su deserción inspiró a otros que también dieron el paso adelante para revelar sus conocimientos sobre los crímenes del PCCh.

Una declaración publicada recientemente en representación de cuatro funcionarios de nivel departamental de la provincia de Harbin dice, “Algunos de nosotros hemos sido parte del sistema burocrático del Partido Comunista Chino durante 30 años, durante los cuales nuestras almas han sido profundamente dormidas. Para ser exactos, nuestras almas estuvieron  esclavizadas y exiliadas por 30 años. Hoy, hemos despertado de la pesadilla y estamos recuperando nuestras almas perdidas.”

“Estamos tan estremecidos por la pérdida que nos sentimos como llorando. El PCCh ha esclavizado tanto nuestros pensamientos y almas que nos convertimos en seres sin hogar, en huérfanos desamparados. Nuestros cuerpos han sido reformados cascarones vacíos sin pensamientos propios o naturaleza humana, sino más bien con sólo los ‘principios del partido’. Tristemente, no estábamos concientes de esto; ¡por el contrario, nos sentimos muy bien todo el tiempo!”

El movimiento de “renuncias al PCCh”, generado por un libro, probablemente el libro más prohibido y, a la vez, de mayor difusión de China, avanzará silenciosamente hasta que Occidente se percate.