De visita en la Universidad Beihua en la ciudad de Jilin, en el nordeste de China en septiembre de 2006 fui testigo, en varias ocasiones, de algunas de las actividades a las que son sometidos los estudiantes del primer año durante su entrenamiento militar, el cual se realiza en todo el país durante tres o cuatro semanas al comienzo del año académico.
A pesar de haber sido prevenido sobre lo que le ocurre a varios estudiantes, aún me sorprendió ver a cientos de jóvenes en posición de firmes y, en distintos intervalos, girar noventa grados a la izquierda o a la derecha según las órdenes de un sargento.
La pregunta que les hice a mis acompañantes chinos fue por cuánto tiempo continuaban este tipo de actividades. Resulta que lo hacen durante horas, con algunas variaciones que incluyen sentarse con las piernas cruzadas o mantener posiciones de brazos específicas mientras se balancean en un solo pie.
Un estudiante me comentó las dificultades para permanecer en posición de firmes y prestando atención durante períodos de tiempo prolongados, justo después del desayuno. Casi todos los días, algunos estudiantes de su grupo se desmayaban como resultado del esfuerzo físico, no obstante, esto no detenía la continuidad de las clases matutinas.
El programa de entrenamiento entero carece de ejercicios y de actividades apuntadas a resolver problemas y a desarrollar habilidades sociales de cooperación y creatividad. La idea de “trabajo en equipo” se reduce a hacer exactamente lo mismo que el resto del grupo durante los ejercicios.
La mayoría de los estudiantes con quienes tuve contacto me dijeron que consideraban la experiencia, humillante y una pérdida de tiempo, sin perjuicio de que el primer periódico estatal supuestamente “independiente”, el China Youth Daily, realizó una encuesta en 2005 y concluyó que el 69% de los estudiantes encuestados consideraban la experiencia como “valiosa e inolvidable”.
Si bien el China Youth Daily finalmente cae bajo el control del Departamento de Propaganda del Partido Comunista Chino (PCCh), los resultados favorables no necesariamente son irreales, mas bien son consistentes con lo que se puede esperar de personas que crecieron en una sociedad totalitaria, con estos programas “sociales” y otros fenómenos típicos de tales regímenes inculcados en su psiquis.
El entrenamiento militar en escuelas secundarias e institutos terciarios se estableció por primera vez en 1985, aunque fue el 21 de abril de este año que el Ministerio de Educación sintió que era necesario formalizar el entrenamiento –que se realiza bajo la supervisión del Ejército de Liberación Popular (ELP) –en todo el país.
Junto con una lista de otros cambios, el entrenamiento se volvió inequívocamente obligatorio.
El objetivo, ¿aplacar a los estudiantes?
Es improbable que la motivación principal del entrenamiento sea una maniobra de reclusión del ELP, ya que la gran mayoría de sus reclutas provienen consistentemente de la población rural pobre y sólo unos pocos estudiantes universitarios se reclutan cada año.
En realidad, a pesar de ser promovido como un esfuerzo por incrementar la autodisciplina de los estudiantes y el sentimiento de unidad nacional, el entrenamiento parece ser un intento por reducir el potencial de rebelión y resistencia contra el Estado y sus instituciones.
Esto quedó evidenciado en la respuesta a las manifestaciones pro-democráticas y en la Masacre de la Plaza Tiananmen de 1989, cuando, justamente en septiembre de 1989, a los estudiantes universitarios del primer año de las universidades de Beijing y Fudan en Shanghai de repente se les requirió participar en un entrenamiento militar de un año.En septiembre del año siguiente, esto se extendió a otras universidades y escuelas de todo el país, y recién en 1993 se redujo a su duración actual.
Pocas esperanzas laborales para los egresados
Vale la pena ahora girar el análisis hacia la situación conflictiva de una gran proporción de los estudiantes chinos en la actualidad
A pesar de los varios indicadores que manifiestan un continuo crecimiento en la economía china, las perspectivas de los estudiantes universitarios para obtener un empleo empeoraron en los últimos años, al igual que la situación general de la mayoría de los chinos en edad de trabajar.
China tiene la más alta población con educación terciara en el mundo, con alrededor de 23 millones de estudiantes. Este año se estima que el 60% de los 4,13 millones de graduados no podrá encontrar ningún tipo de empleo.
Esto se agrava por el hecho de que muchos graduados de 2005 y 2006 todavía no encontraron empleo. Lo que es más, la mayor parte del trabajo que encuentran los graduados no es aquello para lo cual se calificaron; en cambio, muchos son forzados a aceptar trabajos de poca categoría, sin futuro y con bajos salarios durante tiempos indefinidos.
Al respecto, muchos graduados terciarios no están en mejor situación que los trabajadores sin educación.
Además, debido a los altos y crecientes costos en educación, muchos de los graduados más pobres, cuyas familias hicieron esfuerzos extraordinarios para hacerlos llegar a la universidad, tienen grandes deudas o han gastado grandes cantidades de dinero de sus padres en el proceso, con poca o ninguna recompensa.
A pesar de la situación cada vez peor, las instituciones terciarias enfrentan un incremento gradual en el número de estudiantes. Las autoridades estiman que para el año 2050, alrededor del 50% de los graduados continuarán su educación, un 10% más de lo proyectado para 2010.
La situación es exacerbada por el número de instituciones de educación superior, que ahora llegan a las 2.000, de las cuales, en 2006, 605 eran universidades de grado. Los estudiantes que provienen de universidades menos respetadas, que obviamente son muchos, generalmente son los que tienen más dificultades para encontrar un empleo bien pago.
La Universidad de Beihua, por ejemplo, está tercera empezando desde abajo, y muchos estudiantes me expresaron sus miedos sobre sus perspectivas de trabajo.
En la vecina ciudad de Changchun se realiza una feria anual de trabajo en la que los empleadores pueden reunirse con estudiantes y graduados. Muchos estudiantes de la Universidad de Beihua no asisten debido a las conocidas experiencias negativas de otros estudiantes que asistieron antes que ellos –compitiendo con los de la altamente respetada Universidad de Jilin en Changchun, ubicada en el puesto 8º o 9º del país en dos ranking de 2006.
El régimen chino está bien al tanto de los crecientes problemas, ya que recientemente hubo varios incidentes serios en diferentes universidades que terminaron violentamente. Por ejemplo, el 15 de junio, 10.000 de los 13.000 estudiantes se amotinaron y chocaron con la policía en el Instituto privado de Economía, Comercio y Gerencia de Shengda, en la ciudad de Zhengzhou en China central. El instituto está afiliado a la relativamente prestigiosa Universidad de Zhangzhou. Los estudiantes se enfurecieron al saber que sus diplomas revelarían que ellos habían asistido al instituto y no a la Universidad de Zhengzhou, como prometían en las publicidades, disminuyendo así sus perspectivas de empleo.
Educación militar y disconformidad, una ecuación peligrosa
Dados los recientes disturbios, que ocurrieron bastante después de que comenzaran los entrenamientos militares, no es probable que un programa de entrenamiento militar sea efectivo para pacificar a la población en las severas condiciones sociales que enfrenta. Los problemas potenciales que pueden aparecer con las cada vez peores perspectivas de los graduados –sin mencionar las del resto de los trabajadores pobres –son enormes e intratables, aun para el PCCh.
Podría asegurarse que, antes tales conflictos, el PCCh del pasado posiblemente iniciaría una estrategia efectiva, pero brutal, de supresión; pero, ¿podría hacer lo mismo esta versión actual del régimen, más relacionada y expuesta internacionalmente? Sustituir las promesas asociadas con el desarrollo de la economía de las últimas tres décadas por oscuras perspectivas de futuro que incluyen explotación laboral y sueldos relativamente estancados que quedan muy detrás de la inflación, conllevará inevitablemente a profundos efectos sociales.
Con esta tendencia, unas pocas semanas de entrenamiento militar bien podrían terminar yendo en contra del PCCh, al otorgarle a este creciente porcentaje insatisfecho de la población el ímpetu y la confianza para demandar que las cada vez más medidas diseñadas para sustentar las políticas y el poder del régimen, se inviertan a favor de reformas significativas.









