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Vivir de la tierra con otra mirada

Para cultivar la tierra sin corroerla hay que modificar completamente el modo de producción, que responda tanto al imperativo económico como al ecológico


Catherine Séller - La Gran Época
29.11.2007 15:10


(Cate Gillon/Getty Images)

Aunque el último siglo hubiera metamorfoseado la agricultura, los conocimientos de base que tenemos se practican desde que los hombres se reagruparon en las ciudades, hace más de 6.000 años. Sin embargo éste no ha sido siempre el caso y puede evolucionar.

Es difícil aceptar que sus conocimientos sobre un tema sean erróneos, y el profesor Claude Borgoñón lo sabe muy bien. Ingeniero agrónomo con formación en bioquímica y microbioquímica, trabajó durante diez años con su esposa, Lidia, en el INRA (Instituto Nacional de Investigación Agrónoma). Haciendo estudios sobre la investigación de la vida en la tierra para la sección “microbiología de los suelos” pusieron a punto un método que mide la actividad biológica de los suelos. Según los resultados de su estudio, el 90 % de los suelos cultivados en Europa han muerto.

El INRA le pidió que no revelara su descubrimiento y a raíz de esto, decidió dimitir y abrir un laboratorio privado junto con su esposa. En el marco del 2º ciclo de conferencias André Dupuy, dirigido a los círculos de labradores de Feurs (Loira) en Francia, Claude Borgoñón expone el resultado de sus observaciones. El título de su ponencia es: “Hacia nuevas técnicas de rotación de cultivos”. Durante su intervención, llega a exponer que no es correcto subvencionar la agricultura destinada a ser competitiva. Ciertos economistas hasta prevén la desaparición de estas subvenciones de aquí a 2012.

Claude Borgoñón explica que para tener una agricultura viable, hace falta que esté basada en el desarrollo duradero, y para defender esta tesis nos da algunas cifras: en 50 años, el 90% de los agricultores desaparecieron. Esto representa una pérdida de 200.000 agricultores cada año en Europa. La calidad de la producción no es buena; en calidad de ejemplo, el 40 % de la producción de trigo no es panificable y va a alimentar a los cerdos. Demasiado a menudo, la producción es superior al consumo, por ejemplo, la cultura de los tomates fuera del suelo representa el 99 % de la producción.

Para ello, se consume 36 calorías para producir 1 caloría agrícola (energía de calentamiento, etc.).

Además, esta agricultura empobrece el suelo. Éste muere y los desiertos avanzan cada año 10 millones de hectáreas mientras que el bosque tropical pierde 17 millones. Por otra parte, desde 1994, la producción mundial cerealista no ha aumentado contrariamente a la población.

¿Cómo muere un suelo?

La tierra bulle vida. Las lombrices, llamadas comúnmente lombrices, son particularmente activas. Se alimentan de elementos que se sitúan en profundidad, los digieren añadiendo a eso calcio producido por sus intestinos y los echan de nuevo a la superficie. Esta aportación nutricional (fosfato, nitrato, etc.) enriquece la tierra e impide la erosión. Los plaguicidas matan a los animales que viven en el suelo. Por otra parte, la labranza pone de manifiesto en la superficie a los animales que viven en la tierra más profunda y entierra a los que viven en la superficie, trabando gravemente su desarrollo. Además, los excrementos de las lombrices son digeridos por estos microbios de más profundidad, lo que transforma el terreno. Las setas se desarrollan y el humus no se fija. Así, se crea una placa de tierra que impide circular al agua.

Después, las lluvias limpian el suelo, llevándose los nutrientes como el fosfato y los nitratos que reencuentra en las capas superficiales. Esto se puede comprobar perfectamente observando un río después de unas lluvias fuertes, ya que su aspecto es anormalmente pantanoso. Claude Borgoñón presenta una foto aérea donde se puede ver un río amazónico sobre el cual se observan rastros de lodo provocados por un afluente y esto se extiende sobre las tierras de cultivo. La diferencia es evidente.

¿Cómo responder a un imperativo económico al mismo tiempo que ecológico?

Para cultivar la tierra sin corroerla, hay que modificar completamente el modo de producción. Hasta ahora, añadimos estiércol para alimentar las plantas, pero si lo hacemos en exceso, el estiércol enferma a las plantas y en ese caso, éstas deben ser tratadas. Un análisis del suelo permite saber lo que conviene aportar al mismo para que ofrezca todo lo que las plantas necesitan.

La diversidad de las plantas, tanto a nivel de las especies como las variedades, limita la propagación de las enfermedades. Vale más privilegiar variedades más rústicas, menos productoras pero más resistentes y que necesiten menos agua. Los plaguicidas deberían ser utilizados sólo en el momento que se confirme un ataque de parásitos. Además, vale más privilegiar los productos biodegradables y naturales. Contrariamente a lo que siempre se enseñó, es preferible no labrar la tierra.