Ya no es ciencia ficción, estamos ante un cambio climático cuya causa es, con un 90% de probabilidad, la actividad humana que ha dado lugar a la mayor concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera en 650,000 años.
Las Naciones Unidas encomiendan al Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, sus siglas en inglés), la revisión de la investigación científica de los últimos años, con el fin de asesorar a los gobiernos en todas las cuestiones científicas relativas al calentamiento global. Aproximadamente cada cinco años, el IPCC publica un informe exhaustivo elaborado con la participación de alrededor 4.000 científicos del clima de 130 países y redactado bajo consenso.
El informe pone a la vista los efectos del calentamiento actual con los cambios ya detectados, que no pueden explicarse por causas naturales.
Reducción del número de noches muy frías: un 10% de la temperatura media, hasta un 76% entre 1951 y 2003, mientras que las noches muy cálidas han aumentado un 72%.
Reducción de la superficie con nieve en el mundo: la nieve en abril, en el hemisferio norte, ha descendido un 5% entre 1996 y 2004. El ártico pierde cada década desde 1978 un 7.4% de su superficie helada en verano.
El retroceso de los glaciares ha aumentado el nivel del mar unos 0.5 milímetros al año entre 1961 y 2003 y unos 0.8 milímetros al año entre 1993 y 2003.
Tras analizar miles de series de todo el mundo, el 85% coincide con el calentamiento y no son explicables, suponiendo que éste responde a la variabilidad natural del clima, por lo que se impone la evidencia de la mano humana.
Este “destino anunciado” puede evitarse si se reduce el consumo de combustibles fósiles y es tecnológicamente posible mediante las energías renovables (NO la nuclear) y la eficiencia energética, sin la necesidad de disminuir nuestra calidad de vida. Además, la conciencia de los problemas ambientales que nos aporta este informe de la IPCC debe traer como consecuencia una actitud responsable respecto al consumo de energía y al uso del transporte, dos de las principales causas de esta situación.
Los científicos consideran que el cambio climático pone en grave riesgo de extinción al 30% de las especies del planeta. El incremento de la temperatura ya ha tenido un efecto fuerte en el planeta: plantas que despiertan del invierno antes o mantienen las hojas más tiempo; aves que varían sus periodos de migración o cría; alteraciones de comunidades marinas al aumentar la temperatura del agua o cambios en la salinidad y las corrientes, entre otros.
La escasez del agua, el aumento de la frecuencia e intensidad de las sequías, la reducción de las cosechas, la subida del nivel del mar, los territorios inundados o sometidos a fenómenos meteorológicos, pueden afectar a extensos territorios, sobre todo en las altitudes medias y bajas, donde vive la mayor parte de la población.
En cuanto a las regiones del planeta y en gran parte de África, sur, este y sureste de Asia y grandes territorios de América del Sur, resultarán muy afectados con impactos negativos en los sistemas naturales y socioeconómicos, de por si críticos. En Europa, destacan los impactos negativos del calentamiento en las regiones del sur, con riesgos para la salud por el incremento de olas de calor, menor disponibilidad de agua dulce, reducción de la producción hidroeléctrica y aumento de los incendios. Además si sube el nivel del mar hay peligro para las infraestructuras costeras y turísticas.
Aunque el mal ya está hecho, pues el cambio climático es inevitable y consecuencia del mismo desarrollo industrial y tecnológico actual, sobre todo del siglo XX, aún así se puede cambiar al uso extensivo de energías renovables, en lugar de las basadas en el carbón, petróleo, la nuclear y en un uso más inteligente y conciente de la energía, para conseguir reducir a la mitad las emisiones responsables del efecto invernadero y del calentamiento del planeta.
Ya sabemos que si prolongamos la acelerada acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera, particularmente dióxido de carbono, nos enfrentamos al calentamiento global o cambio climático. ¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros?
- Cambiar tus focos: reemplazar los focos tradicionales por los de bajo consumo, ahorra más de 45.000 gramos de dióxido de carbono al año.
- Conduce menos: camina, usa bicicleta, utiliza el transporte público, se ahorrará 25g de dióxido de carbono por cada 4 Km que no conduzcas.
- Recicla: se puede ahorrar más de 730.000 gramos de dióxido de carbono al año al reciclar la mitad de la basura que se produce en casa.
- Usa poca agua caliente. Se necesita una gran cantidad de energía para calentar agua. Instala un regulador de la cantidad de agua en la ducha y se evitará la emisión de más de 100 kilos de dióxido de carbono al año.
- Lava con agua fría o tibia y ahorrarás 150.000 gramos de dióxido de carbono.
- Ajusta el clima de la casa: la oscilación de 2 grados en invierno y en verano ahorra más de 600.000 gramos de dióxido de carbono en un solo año.
- Planta un árbol: un solo árbol en promedio absorbe un millón de gramos de dióxido de carbono durante toda su vida.
- Apaga los aparatos eléctricos: sólo con apagar la TV, el DVD o la computadora, o las lámparas cuando no están en uso, evitaras que miles de kilos de dióxido de carbono salgan a la atmósfera.
Estos son unos consejos prácticos por medio de los cuales podrás contribuir para mejorar nuestro, ya de por sí, deteriorado ambiente.
Los datos están basados en documentación del IPCC, y del Consejo Europeo para la Energía Renovable (EREC)









