Es curioso observar que la visita de alguien que se describe como un “simple monje” cause tanta emoción y controversia. ¿Será porque adoptamos en este asunto una postura que defiende lo más razonable y que la vida de un hombre vestido de una túnica de azafrán despierta en nosotros un amplio sentimiento de laicidad?
No precisamente. Según Loïc Tassé, profesor de la Universidad de Montreal, quien criticó en una entrevista para Radio Canadá el fundamento o la base que propuso la instauración de una teocracia en el Tíbet en 1992, a pesar de la acogida reservada al Dalai Lama por el primer ministro Harper, ya que Canadá respalda habitualmente la democracia. También hizo eco a las amenazas chinas afirmando que este encuentro iba a dificultar mucho las relaciones bilaterales.
Posiblemente tenga razón, pero es uno de los pocos que piensa así. Anotamos, sobre todo en las editoriales de los periódicos anglófonos, que China jamás dio curso a sus amenazas, independientemente del país hacia el que fueron proferidas. En efecto, en Alemania, en respuesta al encuentro del Dalai Lama con la canciller Angela Merkel, Beijing anuló un encuentro que concernía a los derechos humanos. En Canadá, este género de encuentros ha sido cuestionado el último año por el gobierno conservador, por considerarlo inadecuado en este momento. Está claro que toda discusión debe hacerse a puerta cerrada, de modo que las violaciones en China no sean reveladas a la luz pública. Bajo el pretexto de “respetar la cultura china”, varios países han tenido este tipo de discusiones con China, quien muestra siempre una actitud de indiferencia en estos encuentros, enviando a funcionarios de un nivel bajo, sin competencia en la materia. Hay que comprender que los derechos humanos no son su especialidad.
La verdad es que China no tiene interés en olvidarse de los canadienses. Su balanza comercial es ampliamente deficitaria y los impactos de la competencia sobre sus industrias, sobre todo la textil, son bien conocidos. Las grandes empresas canadienses ¿van a sufrir discriminación si van a China? ¿no podrán obtener su parte de beneficio del mercado en cuestión? Vemos que sus intereses son puramente egoístas y que los impactos reales sobre la salud de la economía canadiense y de la vida del trabajador canadiense son despreciables.
Y para las “más grandes” como Power Corporation of Canadá (PCC) y otros, que han establecido lazos tan estrechos con China, no sería sorprendente encontrar un teléfono rojo que conecte otra vez directamente el dominio de Desmarais a la residencia de los agentes del Partido Comunista Chino (PCCh) en Zhongnanhai, Beijing. Pero pueden dormir tranquilos, la compañía canadiense PCC, está asociada entre otros, con un holding inmenso del estado chino, llamado CITIC. No es el Dalai Lama quien va a enturbiar sus beneficios, puede que lo que enturbie sea también precioso: su imagen. En efecto, a nadie le gusta estar asociado públicamente con el régimen dictatorial más brutal del planeta, todavía menos con la opresión perpetua sobre el pueblo tibetano.
Y para trabajar esta imagen, ¿qué mejor que el diario francés más grande de América? La Presse, propiedad de Gesca y Power Corporation que ofreció una cobertura minimalista de la visita del Dalai Lama en Canadá. En la edición del 29 de octubre, había a pesar de todo, una foto en primera plana, pero ésta invitaba a leer “nuestro reportaje” en la página A14. Al final de la página, se podía leer la información, pero de ninguna manera se trataba de “su” reportaje: el artículo estaba firmado por Presse Canadiense. El 30 de octubre, mientras Le Devoir trataba la visita al igual que The Gazette y Toronto Star, La Presse abordaba el tema en la página A19. Esta vez, un texto todavía más corto con sólo cuatro párrafos y firmado por Presse Canadianse. ¿Esto quiere decir que La Presse es el único periódico que no ha enviado a ningún periodista?
El tratamiento de esta noticia hace recordar el encuentro del ex primer ministro Pablo Martín con el Dalai Lama en 2004, que tuvo lugar a puertas cerradas, en un terreno neutro como es el arzobispado de Ottawa. El Sr. Martín hizo de todo para reducir al jefe espiritual tibetano al mínimo necesario. Según una editorial de National Post, este tipo de encuentro, es una vergüenza, es todavía peor que negarse a ir directamente a recibir al Dalai Lama.
Pablo Martín, habiendo ascendido en cargo en Power Corporation of Canadá actuó como La Presse: no hablar de ello sería demasiado raro, pero minimizar de esta manera solo puede alimentar sospechas.
Volviendo a lo comentado por el Sr. Tassé, tratándose de un profesor de universidad, su opinión hace demasiado eco a las intenciones del régimen comunista. Este último defiende siempre su invasión del Tíbet proclamándose libertador de una región que vivía en la “servidumbre”. Bella liberación… es verdad que el Dalai Lama no recorre la Tierra para hablar de democracia, porque no es un político y no milita en este sentido, permanece sin embargo como candidato del premio Nóbel de la Paz. Es un artesano de la paz y representa la voz de su pueblo oprimido, que no tiene voz. Converjo con usted en el sentido que el Sr. Harper posiblemente jugó una carta política. En este caso, era la buena, la de la moralidad, de la justicia y de la compasión.
Cada uno se posiciona. Una posición es noble, la otra no.
Sueño con el día en que nuestros políticos no se sometan más a ninguna amenaza que venga de regímenes autoritarios acusados de genocidios y de crímenes contra la humanidad.









