Los chinos dicen, “Un hombre con codicia tratará de tragar más de lo que puede masticar, así como una serpiente voraz trata de tragar un elefante”. Aunque sea muy rica, una persona sin un corazón generoso nunca estará satisfecha; los recursos materiales en el mundo son limitados, pero el deseo del hombre por la riqueza no lo es. Muchas personas envidian a los millonarios y desean hacerse millonarios, pero pocas personas saben que sin un corazón amable, un millonario no alcanzará la felicidad o la alegría sólo por ser más rico que otras personas.
En China se cuenta que hace muchísimos años, había un hombre muy rico que de vez en cuando se internaba en un hospital, no porque tuviera problemas de salud, sino para huir de sus socios, amigos, incluso de su mujer e hijos. Este hombre tenía muchos familiares y amigos pero no quería perder ni un poco de su riqueza, entonces los veía a todos como posibles conspiradores. Cuando se internaba en el hospital, sus niños y nietos iban a visitarlo, pero él se decepcionaba porque pensaba que sólo iban con el fin de conseguir un pedazo de su riqueza y que ninguno tenía real preocupación por su salud. Si esto era realmente así o no, él nunca lo supo, pero a menudo tomaba somníferos para entumecer sus sentimientos. Fue un hombre que vivió muy solo y nunca se sintió feliz en absoluto.
En aquel tiempo también vivía un anciano que no sólo era rico sino también muy considerado con los demás. Sentía que tenía tanto dinero que debía ayudar a todos los que pudiese. Por lo tanto, además de ser generoso con la gente que lo rodeaba, buscaba beneficiar también a los pobres, enfermos, o a cualquier persona que pasara por alguna necesidad.
Una vez le dijeron, “Usted dio tanto de su fortuna y trabaja tan duro para todos. ¿Por qué no guarda su riqueza para sus descendientes? Si usted sigue haciendo esto, un día, todo su dinero se habrá ido”. El anciano sonrió y dijo, “Las cosas que existen entre la Tierra y el Cielo son para todos. Si yo guardara todo lo que tengo sólo para mi familia, sería una vergüenza. Mejor dejar que todo el mundo pueda disfrutar de ello”.
En otra ocasión alguien intentó engañarlo. “Según lo que yo sé, la gente que ama ayudar irá al infierno, y todos a los que ayude terminarán en el Cielo”. Al escuchar esto, el anciano dijo con júbilo, “Bien, mi deseo es que cada uno obtenga felicidad. Si puedo ayudar a muchas personas a ir al Cielo, no me opongo a ser la única persona en ir al infierno. ¡Me hace completamente feliz!”. Él pensaba esto sinceramente y en su época lo convirtió en todo un ejemplo de altruismo.
Así es como una vida materialista nos traerá sólo una breve felicidad, pero un corazón generoso nos dará toda una vida feliz. No todo el mundo entiende que el valor de la vida no yace en tomar, sino en dar. En la vida del hombre, la fama, el interés propio y la riqueza son algo externo y nunca puede estar totalmente satisfecho. La bondad es la riqueza interna. Es como un rayo de sol que aclara nuestro mundo y a la gente alrededor de nosotros; se parece al agua que alimenta un corazón seco y sediento.
Cuando un hombre de buen corazón no trata a quienes lo rodean como enemigos de los que debe defenderse, naturalmente tendrá una vida alegre, pues por su estado mental no será molestado o manipulado por toda clase de problemas y conflictos. Su alegría y la felicidad verdadera residen en su corazón de bondad, y este corazón le dará una vida maravillosa.
Lao Zi, dijo “Un hombre generoso lo tiene todo”. Simplemente quería decir que un hombre bueno será feliz con lo que tiene, porque un hombre de buen corazón podría no tener riqueza, propiedades, o una gran cantidad de bienes, pero su bondad le será suficiente para ser una persona feliz.
La generosidad o no de alguien está relacionada con la compasión o el egoísmo, respectivamente. Si una persona es generosa y amable, pero no tiene poder, riqueza, o fama, tiene mucho para dar a otros. Pero si es egoísta y envidiosa, aun si posee mucho, tiene poco para dar y vivirá una vida agotadora. En la antigua China se decía, “Si uno realmente piensa en otros antes que en sí mismo, el Cielo y la Tierra serán amplios; si uno está lleno de egoísmo, uno caminará con una carga pesada”.
Ser compasivo es dar y sembrar semillas. Esto incluye el pensamiento de primero preocuparse por los otros antes que por sí mismo, y alegrarse cuando los otros se alegran. Alguien con gran compasión considerará que su deber es llevar felicidad a los demás.
Cuando el compasivo considera primero a los demás, permite que otras personas ocupen su propio espacio. Mientras más él considera a otros, mayor extensión de personas abarca. Por lo tanto, para el compasivo, mientras camina, su camino se ensancha, nunca se siente solo y luego se hace uno con Cielo y Tierra.
Los motivos egoístas de alguien son tomar y retener, nunca soltar. Él desea fervientemente lo que pertenece a otros. Hace daño a los demás para su propio beneficio. Vuelca sus propios problemas en otros, y sus deseos nunca son totalmente satisfechos. La alegría del individuo envidioso y egoísta está en el dolor de otros, perturbándose cuando los otros se alegran. No puede comer ni dormir bien. Incluso en sus sueños pelea con otros, preocupado de perder sus cosas. Se regocija con pequeñas ganancias, y siente extremo dolor por las pequeñas cosas que pierde.
Cuando el egoísta piensa primero en sí mismo, rehúsa ofrecer su espacio a otros, y en cambio se empeña en tomar el espacio de los demás. Cuanto más se considera sólo a sí mismo, menos personas abarca. Así, mientras camina, el egoísta estrecha su camino, haciéndolo más y más pequeño. Podrá o no tener muchas cosas, pero su sendero ya es muy solitario, incómodo y agotador. Finalmente, pierde todo su espacio y se hiere mental y físicamente.
Como dice el viejo refrán chino, “Si das un paso hacia atrás, el Cielo se abrirá para ti”. Este paso parece una batalla entre compasión y egoísmo. La compasión da un paso hacia atrás, y el egoísmo da un paso hacia delante. Cuando damos un paso hacia atrás, parece que estamos perdiendo, pero de hecho, en ese instante nuestra perspectiva es más amplia, sin quererlo ganamos y se siente que el Cielo se abre. Si damos un paso hacia delante y pasamos por sobre los demás, parece que ganamos, pero de hecho esa actitud encoge nuestro propio espacio, por lo tanto terminamos solos y agotados. En el pasado esto también se conocía como “El que cree que va hacia adelante en realidad está retrocediendo”.
La generosidad y el egoísmo aparecen en la mente como la diferencia de vivir una vida alegre y feliz o una vida solitaria y agotadora. Ser generoso o egoísta es una decisión de cada individuo, y esto indefectiblemente determina su futuro.









