En la inauguración del 17º Congreso Nacional del PCCh, el renovado dictador chino Hu Jintao anunció su modelo de desarrollo para los próximos cinco años de su mandato, al cual tituló “Desarrollo científico”.
Según Hu, este “desarrollo científico” se basará en la conservación del medio ambiente, la justicia social y la reducción de la pobreza, con el fin de lograr una “sociedad armoniosa”.
No obstante, la conexión entre “desarrollo científico” y aquellos tres factores es un tanto nebulosa. Y la idea de llegar a la armonía social a través del desarrollo científico es, por demás, porosa.
En cambio -y concuerdan varios analistas-, la avidez por el desarrollo científico por parte del PCCh brota más bien de la inherente lucha de éste por asegurar su permanencia y mantener el status quo, para lo cual busca sostener su poder a nivel doméstico a toda costa, así como posicionarse en el ámbito internacional, sin tener en cuenta reformas existenciales. Desde este ángulo, se puede deducir que este “desarrollo científico” estará orientado más bien a la tecnología militar, la competitividad comercial y los sistemas de control de la población.
“Armonía social”
El hecho de que Hu Jintao haya presentado la “armonía social” como el fin último del modelo de desarrollo para los próximos cinco años refleja, más bien, la preocupación del PCCh por su propia supervivencia. Es decir, si ha decidido aceptar indirectamente y encarar la falta de armonía en el pueblo, es porque el descontento social está desbordando ya su capacidad de contenerlo.
La situación real es que, lejos de encontrase estable en el poder, la dictadura del PCCh está haciendo malabares con su crisis interna, con el descontento popular y para sostener el aval del extranjero.
Para conseguir el aval extranjero, el PCCh ha dependido hasta ahora de su control total y manipulación de la información sobre la realidad interna –especialmente en cuanto a la naturaleza represiva del régimen–, y de la manipulación de intereses a través de la apertura comercial.
Pero no es tan fácil lidiar con el descontento social. Y aquí es donde entra la paradoja existencial del PCCh.
Para existir como tal, el PCCh necesita mantener el status quo, perseverando inevitablemente en aquellas políticas que precisamente están conduciendo al hervor popular, las cuales se pueden resumir a muy grandes rasgos en: la dictadura unipartidaria (conllevando la censura ideológica y religiosa, la represión física sistemática, etc) y el desarrollo económico ultra dependiente de las exportaciones (con ingresos bajos, mala asignación de recursos en general y relegando el consumo interno) y de la industria petroquímica descontrolada (dando rienda suelta a la contaminación ambiental y la insalubridad laboral, en pos del rubro que genera la mayor proporción de la recaudación impositiva del régimen a nivel empresas).
Entonces, como el PCCh no puede encarar la crisis social desde el núcleo de la misma -debido a que esto involucraría reformas profundas, el desmantelamiento obligado del régimen y finalmente el ajusticiamiento a gran parte de los individuos que hoy ocupan la elite-, Hu Jintao y su séquito optaron por direccionar las fuerzas hacia el “desarrollo científico”.
El modelo de “desarrollo científico”, a nivel superficial, se alínea con la imagen de prosperidad que el PCCh quiere dar hacia fuera; tomándolo como base para el aliviar el descontento social -con la ilusión interna de que esto resolverá aquellos problemas que no puede encarar directamente-, alivia la ansiedad de supervivencia del PCCh; y orientándolo en verdad a los tres puntos mencionados arriba (la tecnología militar, la competitividad comercial y los sistemas de control de la población), alimenta la ambición del PCCh de mantener la dictadura y alcanzar la supremacía en el plano internacional. Así es como encaja verdaderamente el concepto del “desarrollo científico” en el proyecto del régimen comunista chino.
Ahora, ¿qué ocurre con los problemas existenciales?
Veamos unos pocos ejemplos: un factor más que conocido es la pobreza y la marginación social, que de por sí acosa a la mayor parte de la población. Según Fei Liangyong, presidente de la Federación por una China Democrática, “…la distribución de la riqueza en China es la más desproporcionada en la historia de ese país, y ha convertido al orden social en una bomba de tiempo… El 70% del dinero chino pertenece al 0,4 % de la población”. Según Fei, el sistema actual chino es la peor combinación entre capitalismo y comunismo.
Sin perjuicio de que la reducción de la pobreza sea una de las “bases” del “desarrollo científico”, quedó claro en el 17º Congreso Nacional que Hu Jintao y Wen Jiabao, siguiendo esta necesidad existencial del PCCh, pretenden mantener aquella inestable combinación el máximo tiempo posible a través del afianzamiento del control estatal. Paradójicamente, la omnipotente intervención estatal es justamente el factor que ha propiciado la corrupción y elevado las tensiones. Y dada la corrupción endémica, con casi 100.000 miembros del Partido Comunista penalizados por corrupción el año pasado, es dudoso que algún proyecto para favorecer a la gente pobre –sea científico o de cualquier otro orden- puede sortear los intereses de la elite y prosperar bajo este sistema, porque el Estado en su conjunto es corrupto.
Además las políticas opresivas contra la libre creencia, expresión y pensamiento, van incrementando la ansiedad de la gente, más especialmente en la medida en que –a través de la tecnología– logra tomar contacto y contrastar con el mundo exterior.
Actualmente, otro problema social –por llamarlo de alguna manera- que vaticina un verdadero giro en China es la persecución a Falun Gong. Más de 100 millones de personas han sido afectadas directamente, o sea, una de cada trece personas en China está siendo vorazmente victimizada de diversas formas sólo por sostener una creencia espiritual pacífica y practicar ejercicios y meditación. Dados los números, podría decirse que cada familia tiene algún miembro que es víctima directa de este genocidio. Por lo tanto, el resentimiento social acumulado es grande, y la presión internacional se incrementa cada vez más con relación a este genocidio. Ahora, ¿puede el PCCh revertir esta situación sin pagar por ello? ¿podría reconocer y revertir estos hechos, y a su vez, mantenerse en el poder? Este es un claro ejemplo del problema existencial de PCCh.
Otro factor clave es que el descontento no es sólo popular, sino también interno en el PCCh. Esto se manifiesta, por ejemplo, en la campaña de “renuncias al PCCh”, en la cual los miembros del PCCh, de la Liga Juventud Comunista y de los Jóvenes Pioneros están declarando su renuncia al Partido Comunista de manera alternativa. Esta campaña comenzó a fines de 2004 y ya ha llegado a registrar 28 millones de renuncias en un sitio web de Da Jiyuan (La Gran Época) en idioma chino, avanzando ahora a razón de un millón de renuncias por mes.
En conclusión
La situación se le ha ido de las manos al PCCh, y éste no tiene manera de resolver los problemas cruciales que acechan su subsistencia. Afrontar los asuntos cruciales como el genocidio contra Falun Gong, encarando concretamente tales problemas, significaría reconocerlos, y esto llevaría a la disolución inmediata del régimen. O sea, el régimen no puede revertirlos, y Hu Jintao tampoco tiene manera de solucionarlos aunque así lo quiera, a no ser que esté dispuesto a desbaratar el Partido Comunista.
Pero todos estos factores avanzan, y ya son irreversibles para el PCCh; se han constituido en un cáncer que lo está destruyendo. El PCCh, entonces, no tiene otra alternativa más que seguir trasmitiendo la imagen de prosperidad y esconder la basura debajo de la alfombra hasta el último momento, pues no se ve ninguna conexión entre el ponderado “desarrollo científico” y la solución de todos estos conflictos.
Así, hay suficientes elementos para entender que el modelo de “desarrollo científico” que supuestamente alcanzaría la “armonía social” quedará en la historia como uno de últimos intentos desesperados del PCCh para mantenerse en el poder poco antes de su derrumbe final.


