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Una curación espontánea

Concientizar los traumas, especialmente el trauma de la muerte, puede ayudar a curar los problemas psicológicos y físicos de una persona


Por Carol Bowman – Especial para La Gran Época
26.10.2007 12:48


Carol Bowman es una terapeuta de vidas pasadas. Ella afirma que la terapia debería incluir todos los tiempos de vida del paciente. (Getty Images)

Quizás el término vidas paralelas sería más apropiado si tomamos en cuenta que el tiempo es tan ilusorio como todo lo que llamamos “realidad”, además es relativo y está condicionado a la noción de espacio, como demostró Einstein. Sin embargo, el fenómeno de “recordar” o “revivir” situaciones que han ocurrido en otras coordenadas, espacio temporales, es algo más común de lo que podría parecernos. La conciencia tiene la capacidad de vivenciar estos fenómenos y por lo tanto podemos hablar de “reencarnación” y “vidas pasadas”.

Cuando estaba dando una charla sobre memorias de vidas pasadas en niños, en la Fundación Edgar Cayce en Virginia Beach, Virginia, Estados Unidos, una acongojada madre contó la historia de su hijo.

Después de escucharme hablar de casos similares, ella estaba convencida de que el problema de salud congénito de su hijo Edward se había curado cuando él recordó su vida pasada.

Siendo Edward un bebé, siempre tuvo problemas para tragar. Cuando aprendió a hablar, señalaba a su garganta y se quejaba, “¡Mi tiro duele, mi tiro duele!” Sus padres asumieron que él estaba comparando el dolor de su garganta con el disparo de un arma, probablemente la única sensación de dolor que se le ocurría comparar.

A la edad de tres años, sus padres se alarmaron cuando notaron un gran bulto en su garganta. El especialista les dijo que Edward tenía un quiste tirogloso (thyroglossal duct cyst) -una anormalidad congénita- que debía ser removido lo más rápido posible. Entonces programaron una cirugía.

El cirujano primero requirió una cirugía de amígdala (amigdalectomía), y luego volverían unas semanas más tarde para remover el tumor con otra cirugía. Pero, después de la amigdalectomía, el pequeño Edward comentó a sus padres que ya no necesitaba de otra operación porque el disparo se había ido. Ellos asumieron que su hijo estaba un poco confuso por la cirugía y la anestesia, entonces lo dejaron hablar.

Más tarde, su conversación se volvió algo extraña: Edward contó a sus padres que antes, cuando fue grande, había sido un soldado en Francia llamado James. Contó que había ido a combatir siendo muy joven -tenía sólo 18 años- (¡un extraño comentario para un niño que en ese momento tenía 4 años!) y que sintió frío, hambre y soledad.

Un día frío y lluvioso, mientras él y sus compañeros soldados estaban caminando fatigosamente en el barro, un disparo le acertó por detrás y se alojó en su garganta. Edward, de 4 años, le dio a su padre, un físico, una precisa descripción médica de cómo es morir con una herida de bala en la garganta.

Él repitió su historia durante los días siguientes. Los padres de Edward estaban desconcertados por el realismo del relato. Más impresionados quedaron al notar que pocos días después, el tumor había desaparecido completamente.

El cirujano de Edward, estupefacto por la espontánea remisión del tumor, estaba completamente convencido de que el tumor regresaría. Pasaron más de diez años y no regresó.

Carol Bowman es una terapeuta de vidas pasadas que forma parte de un grupo creciente de terapeutas que creen que la terapia debería incluir todos los tiempos de vida del paciente.