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Resistiendo al terrorismo de estado del PCCh

El abogado de derechos humanos Gao Zhisheng nos relata sus experiencias de vivir acechado por las tácticas mafiosas del régimen chino


Por Gao Zhisheng para Radio Free Asia
17.10.2007 12:29


Gao Zhisheng (La Gran Época)

Cuando la fábrica de ladrillos clandestina en la provincia de Shanxi fue puesta al descubierto, no me sorprendió en absoluto, aunque sí pareció conmocionar a los medios de comunicación dentro de China. Sin embargo, si alguien dijese que tal inhumanidad ha sido completamente eliminada y jamás ocurriría nuevamente, eso me sorprendería.

Ante tal barbárico suceso, la sorpresa de los medios dentro y fuera de China pareció expresar al mundo que tales atrocidades son extremadamente raras, y por lo tanto nada de que preocuparse.

El terrorismo clandestino es horrible. Pero lo que es aún peor es que son muy comunes; este tipo de tácticas estilo mafia se han vuelto completamente rutinarias en nuestro país. Esto es tan solo otro ejemplo de lo que la tiranía de hoy ha fomentado, un ambiente que es extremadamente inhumano, especialmente con el poder que la policía ejerce bajo este terrorismo nacional.

En los últimos dos años, el tormento que toda mi familia y yo tuvimos que soportar por parte del Comité de Asuntos Políticos y Legislativos del Comité Central del Partido Comunista Chino (PCCh), del Departamento de Seguridad Doméstica y Defensa del Ministerio de Seguridad Pública, y del Equipo General de Seguridad Nacional del Departamento Municipal de Seguridad Pública de Beijing demuestra claramente que la fuerza policial secreta son básicamente gángsteres del régimen comunista chino. Considere el comportamiento de estos individuos: Van y vienen sin nombre alguno. Son inexpresivos, nunca dicen una palabra, y demuestran abiertamente el comportamiento de matones en mi propia casa. Algunos a veces usan anteojos de sol o incluso mascarillas para ocultar su identidad; sus vehículos o no tienen patentes, o las patentes están cubiertas o son falsas (puedo ser seguido repetidamente por el mismo coche, pero su patente cambia a los pocos días).

A principios de septiembre del 2006 –medio mes después de que fui detenido ilegalmente– esos policías estilo mafia del Equipo General de Seguridad Nacional del Departamento Municipal de Seguridad Pública de Beijing construyeron una casa de un piso afuera de mi ventana. De hecho, originalmente tenían planeado ocupar mi habitación por un largo plazo, pero el 20 de agosto, un amigo vino de visita y encontró que la policía estaba dentro de mi casa ilegalmente. Tras continuas condenas de la comunidad internacional, y una rebelión continua de mi hija, su plan inicial de vigilancia dentro de la casa fue frustrado. Toda mi familia observó que la fuerza policial secreta exhibió frecuentemente comportamientos estilo gángster. En la pared de su pequeño cuartel de vigilancia, incluso colgaron un libro de registro detallado para mantenerse al tanto de los cambios de turnos a lo largo de su estadía de tres meses. Todos los días este grupo obedientemente llevó a cabo su orden del día estilo mafia y documentó las horas que estuvieron ahí.

Los últimos fines de semana que pasé bajo vigilancia no fueron verdaderos fines de semana para mí. Cuando llegaba el fin de semana grupos de visitantes también llegaban a mi puerta. No tengo nada que esconder, pero todos esos policías secretos que nos vigilaban tan de cerca saben, en sus corazones, por lo que nos han hecho pasar. Aparentemente, estos oficiales de la policía secreta, quienes reciben órdenes del Comité de Policía y Asuntos Legislativos, son hostiles a cualquier tipo de mejoría y hacen lo que pueden para prevenirlo. Lamentablemente, mis visitas tuvieron que pagar el precio.

Muchas de las personas que intentaron visitarme fueron secuestradas violentamente y encerradas en esa pequeña casa. La mayoría de las víctimas secuestradas sufrieron la misma terrible experiencia: el secuestrador sacó un formulario de un cajón, y se lo presentó al cautivo. En la esquina izquierda de arriba decía, “Gao Zhisheng es una mala persona”.

Sin ninguna señal de emoción, estos secuestradores dijeron a las víctimas, “Copia esta oración y llena toda la página. Esto demostrará que te mantienes en el mismo camino que el Partido y el gobierno. Si no tienes ninguna conexión con Gao, no es gran cosa copiar una página de oraciones. Si no haces esto, demuestra que estás con él, y serás responsable por las consecuencias”. Pero su intimidación no siempre funcionó. Un visitante de la provincia de Jiangxi dijo, ‘me rehusé a escribir y me torturaron por 11 horas. ¿Pero cuál es el sentido? No fueron capaces de asustarme’”.

En mi opinión, los oficiales vestidos de civil son muy hostiles hacia la gente que desea verme y pretenden frenarlos a través de amenazas y violencia. Tener que encontrarme con estos visitantes afecta mi programa diario; después de todo, el tiempo que pasé en prisión hirió mi cuerpo y todavía necesito mucho reposo para recuperarme. Aunque su presencia es algo inconveniente, sus visitas también son alentadoras.

Ya que recibo tantas visitas, esto indica que las autoridades han fracasado en sus esfuerzos para desalentar a la gente a visitarme. Estos individuos enfrentan posible violencia, probando que el coraje de nuestra nacionalidad todavía puede ser encontrada entre algunos chinos. Además, estas visitas sirvieron como una valiosa fuente de información durante mi aislamiento. Esta gente comparte una característica en común, a pesar de que vienen de distintas zonas de China, la fuerza policial estilo mafia a la que se enfrentan puede ser encontrada a través de todo el país.

Una de estas valientes almas es Zheng Mingfang –residente de Tianjin. Por su continuo esfuerzo para desenmascarar a los funcionarios locales corruptos y su abuso hacia los derechos humanos de los residentes y su propiedad, Zheng ha sido detenida ilegalmente varias veces, su detención más larga fue de dos años.

Recuerdo haberla visitado hace dos años. Las torturas que sufrió son horripilantes. Temblé de miedo mientras imaginaba la inflamación que desarrolló debido a las heridas que sufrió su cuerpo. Incluso después de haber sido puesta en libertad habiendo sufrido estas torturas inhumanas, la policía local aún la perseguía. Todos los días por más de medio año, las autoridades locales estacionaron varios vehículos y más de 20 oficiales permanecían afuera de su casa. No fue antes de recibir una visita del activista de derechos humanos de Beijing, Hu Jia, que la policía retiró su continua vigilancia. Antes de eso, Zheng fue golpeada muchas veces y las autoridades triunfaron poniendo a toda su familia en quiebra. “¡Continuaré demandándolos hasta que me muera!” Esta fue la última frase que Zheng dijo antes de irse de mi casa.

Cuando otro grupo de gente vino a verme, pusieron la foto de Duan Huimin en mi mesa. La foto, tomada justo antes de que Duan muera, era tan aterradora que hizo gritar a mi hija. Aunque mis amigos parecieron ignorar su reacción sus corazones estaban llenos de pena e indignación, mi pequeña hija estaba abrumada por la violencia de la imagen.

A las 1 a.m., del 3 de noviembre del 2006 en Beijing, Duan Huimin y su hermana Chunfang, fueron arrastrados de la cama de su hotel a un coche que esperaba afuera. Grupos de matones encabezados por Gao Weiguo, un jefe de la división de la Oficina de la Autoridad de Shanghai en Beijing, golpearon a los dos hermanos por largo tiempo.

Chunfang, quien sobrevivió la terrible experiencia, dijo que fue horripilante. Los responsables eran depravados y brutales. Después de golpear a las víctimas, estos oficiales de la mafia negra marcaron el “110” [número de emergencias en China], afirmando que los Duan estaban “armando peleas y causando problemas”.

La policía de Beijing supo de inmediato lo que realmente había ocurrido cuando vieron la escena del crimen. Aún así, los perversos oficiales de Beijing pusieron a Duan Huimin dentro del coche de policía y esposaron sus manos detrás de su espalda a pesar de que estaba exhausto y vomitando sangre, y los responsables no fueron cuestionados en absoluto.

Aún más preocupante, con graves heridas abiertas, Duan Huimin fue enviado a Shanghai esa misma tarde y no recibió ningún tratamiento médico. Durante su viaje a Shanghai, la familia de Duan pidió que Jin Jun, el subdirector del centro de detenciones de Huangpu le diese tratamiento médico. Pero este rehusó su urgente solicitud, afirmando que “Duan Huimin fue arrestado en Beijing, por lo tanto debe ser enviado de vuelta y procesado allí”.

El 2 de enero del 2007 Duan murió; seguidamente sus padres se prepararon para una apelación. “¿Cómo podemos tolerar la injusta y trágica muerte de nuestro hijo cuando tenía tan solo 48 años de edad? Somos sus padres pero tuvimos que verlo morir. Solo por que manifestó su derecho a trabajar las autoridades lo mataron, ¿Dónde está la justicia? ¿Dónde está la decencia humana? ¿Dónde está la ley?”

 

Artículo original en chino