Un editorial publicado en la portada del diario oficial "The New Light of Myanmar", que la Junta Militar de la ex Birmania emplea habitualmente para difundir sus mensajes, aseguró que la declaración "no supone motivo alguno de preocupación".
El artículo indicó que la ONU no puede justificar tomas medidas contra el país porque a su juicio "la situación en Myanmar (Birmania) no constituye ninguna amenaza a la paz y seguridad regional e internacional".
"Seguiremos adelante. No hay motivo para cambiar de rumbo", agregó el mensaje de la Junta Militar, que nuevamente acusó a los medios de comunicación extranjeros y a la disidencia en el exilio de fabricar noticias y sembrar el pánico entre la población.
El pasado sábado, China y Rusia se opusieron a una resolución de condena del Consejo de Seguridad, y éste optó finalmente por limitarse a deplorar "con firmeza" en la violencia de la represión de las protestas ejercida por los soldados birmanos.
La declaración presidencial pidió también la liberación de todos los presos políticos y detenidos y el inicio de un diálogo entre la Junta Militar y la oposición democrática liderada por la Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, bajo arresto domiciliario desde 2003.
El régimen ha admitido que diez personas murieron durante la represión de las marchas y que unos 2.700 manifestantes fueron detenidos, aunque fuentes de la disidencia calculan que el número de muertos llega a 200 y que la cifra de detenidos supera ampliamente los 6.000.
Sanciones de Japón
En este contexto, Japón canceló una subvención a Myanamar de 4,7 millones de dólares que debía destinarse a la construcción de un centro de recursos humanos en el centro del país, según la agencia Kyodo News.
Esta decisión del Gobierno japonés se produce como consecuencia de la muerte del periodista nipón Kenji Nagai el pasado mes durante las manifestaciones en Birmania en contra de la junta militar que gobierna el país.
Nagai murió a consecuencia de los disparos de un soldado, cuando fotografiaba las protestas populares contra la junta en Rangún.
Birmania está gobernada por los militares desde 1962 y no celebra elecciones parlamentarias desde 1990, cuando el partido oficial perdió estrepitosamente ante la coalición opositora encabezada por Suu Kyi, unos comicios cuyos resultados jamás fueron reconocidos por los generales.









