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Sri Lanka: Lágrima de la India

Su gran herencia cultural y religiosa nos transporta a los días más antiguos de la vieja Ceylon


La Gran Época
03.10.2007 07:32


Estatua de Buda Polonnaruwa, Sri Lanka. ( Hugh Sitton/GettyImages )

Hasta 1972 se llamó Ceylon, y es la cuna de los famosos tés. Su particular forma y su cercanía a la India hicieron que se la llame la “Lágrima de la India”. Adentrémonos en su gran herencia cultural y religiosa, que permanece intacta a pesar de las catástrofes naturales que la azolaron.

Sri Lanka, cuyo nombre literalmente significa «Lanka la Bendita», es una isla con forma de lágrima situada al sur de la India. A pesar de la trágica destrucción que provocó el tsunami de diciembre de 2004, todavía está bendecida con una impresionante ascendencia de reliquias culturales situadas tierra adentro, lejos de las costas.

El más extraordinario de estos sitios es Sigiriya: las ruinas de un fuerte del siglo V d.C. construido por el Rey Kasyapa, quien mató a su padre para robar la corona de su medio hermano. Para evitar la venganza, Kasyapa construyó su palacio encima de una roca gigante de 200 m, rodeada por una ciudad fortificada de 70 hectáreas. Según la leyenda, prevaleció el heredero legítimo, y al final, Kasyapa se suicidó. Más tarde, la ciudad se convirtió en un complejo de monasterios budistas hasta que fue abandonada en el siglo XIV.

Dos mujeres contemplando frescos de Sigiriya, Sri Lanka. (Frans Lemmens/GettyImages )

Sigiriya aún retiene un aire de extravagancia. Por el camino hacia la ciudad, se pueden ver 22 frescos sobrevivientes de los 500 que una vez adornaron las paredes de piedra. Los expertos no se ponen de acuerdo sobre si las seductoras mujeres retratadas son ángeles celestiales o bellezas terrenales de la corte. Un poco más adelante está la Pared Espejo, con una superficie reluciente que fue lograda usando una clara de huevo y glaseado de miel. La pared está cubierta de graffitis, algunos de los cuales datan del siglo VIII.

A través de la Escalera de León se llega a la ciudadela más alta, llamada Sigiriya, literalmente «roca de león». Sólo quedan las patas del felino gigante cuyas mandíbulas una vez enmarcaron la entrada al palacio. Es una subida empinada, pero la vista es espectacular. Mirando hacia abajo se pueden ver los Jardines de Agua, una asombrosa hazaña de ingeniería para la época. En el palacio se pueden explorar las paredes que aún permanecen y sus cimientos, así como una piscina tallada de una roca grande. Entre estas ruinas antiguas se puede encontrar el trono de piedra de Kasyapa, desde el cual vigilaba ansiosamente su reino hasta que le llegó su hora.

Sigiriya se encuentra a 169 km al nordeste de Colombo, a 2-3 horas en tren o automóvil. Es mejor ir temprano por la mañana, evitando el calor del mediodía; toma al menos tres horas ver todo. El precio de la entrada es de 20 dólares aproximadamente, pero vale la pena ver lo que con razón se considera la Octava Maravilla del Mundo.

Estatuas budistas y pinturas en los Templos de Cueva Dambulla, Sri Lanka. (Gavin Hellier/GettyImages)

Después de pasar la mañana en Sigiriya, puede tomar un almuerzo distendido y luego diríjase al Templo Dorado de Dambulla, a sólo 19 km siguiendo la carretera en dirección a Kandy. Este complejo de cinco templos-cueva fue establecido en el siglo I a.C. y ha estado activo desde entonces. Las oscuras cuevas albergan 157 estatuas de Buda, así como imágenes de dioses hindúes, todos hechos de granito, ladrillo o madera. El techo y las paredes están cubiertos por casi 2.000 m2 de frescos, convirtiéndola en el área más grande del mundo con este tipo de pinturas, y también un Patrimonio Mundial. Un sitio interesante que se destaca es el Templo «Agua de Roca», donde constantemente gotea agua desde un misterioso lugar. Los monjes realizan ceremonias privadas con esta agua sagrada todos los días a las 10:30 de la mañana.

Vale la pena conseguir un guía local que lo ayude a descifrar estas reliquias budistas. Se pueden aprender muchas cosas, por ejemplo, cómo diferenciar las estatuas de Buda recostado de las de Buda después de su muerte, y cómo distinguir el arte de hace 2.100 años, del arte del siglo XX. El precio de la entrada es modesto; los guías están disponibles por una propina (se recomiendan entre 2 y 5 dólares).

Desde Dambulla son 73 km a Kandy, el lugar de peregrinaje budista más importante de Sri Lanka: Dalada Maligawa, «Templo de la Reliquia del Diente», el cual contiene el diente canino izquierdo del fundador de la religión budista. El diente pasó de contrabando a Sri Lanka desde la India en el siglo IV d.C. tras escapar milagrosamente de los brahmanes fanáticos que lo querían destruir. Llegó a su presente ubicación a fines del siglo XVI.

Los monjes budistas suben pasos escarpados de la fortaleza de roca de Sigiriya. (Joe Beynon/GettyImages)

Los seis cofres de tamaño decreciente que contienen el diente se abren cada tres o cuatro años, ocasión que atrae a millones de fieles. Varias veces al año se hacen desfiles con una réplica del diente, más notablemente durante el Kandy Esala Perahera, entre julio y agosto. Este deslumbrante desfile incluye portadores de velas, bailarines y tambores, y culmina en la procesión del «diente» en la espalda de un elefante adornado en detalle.

Hay cuatro santuarios con estatuas de Buda obsequio de todo del mundo (incluyendo un holograma), escrituras en hojas de palmera de 960 años, y el santuario sagrado del diente, el cual se identifica fácilmente por la larga cola de gente para conocerlo. Tres veces al día una ceremonia con tambores indica la apertura al público de los santuarios. Asegúrese de llegar primera hora para evitar la desilusión; el templo permanece abierto al público de 6 a 16 hs.

Estos tres magníficos sitios, junto con las ruinas de las capitales perdidas de Anuradhapura y Polonnaruwa, forman lo que se conoce como el «Triángulo Cultural» de Sri Lanka. Son sólo una pizca de los placeres antiguos que lo esperan. Así que olvídese de la bikini, y sumérjase en la antigüedad.