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El emperador del Tao

La historia de Kangxi, quien unificó China y terminó con las invasiones extranjeras a través de la bondad y sin violencia


Adaptado por Alejandra y Alberto Peralta – La Gran Época
24.09.2007 15:38


Kangxi, un gran emperador que gobernó China de acuerdo al Tao y quedó en la memoria del pueblo por generaciones. (Clearwisdom)

Hoy muchos piensan que los emperadores chinos gobernaron con un sistema arcaico y con suma crueldad, pero en realidad esta creencia se origina hace poco más de 60 años luego de que el Partido Comunista Chino destruyera y reescribiera la historia china para poder justificar su “revolución” ante el pueblo chino y el resto del mundo. En verdad hubo algunos emperadores déspotas y crueles, pero abundan en la historia quienes aplicaron noblemente los valores que los grandes pensadores chinos transmitieron a través de los siglos: gobernar con virtud, benevolencia y tolerancia siguiendo el Tao; si el emperador no cumplía estas normas básicas el mismo pueblo se levantaba para derrocarlo.

Un gran ejemplo lo encontramos en uno de los emperadores más queridos y recordados de la historia china, el Emperador Kangxi (1654-1722), quién accedió al trono imperial de la Dinastía Qing a la edad de 8 años y gobernó durante 61 años. Kangxi era un gobernante noble, generoso y compasivo, determinado a construir una gran nación. Durante su reinado, China llegó a ser una nación grande y fuerte, con la mayor población, la cultura más gloriosa y la economía más próspera.

Desde pequeño fue muy estricto consigo mismo, comenzó a instruirse a los 5 años y estudiaba día y noche. Le gustaba la caligrafía y podía recitar de memoria las enseñanzas de Confucio y Mencio; personalmente escribió un cartel que decía “Confucio, un modelo para todas las generaciones” y lo colgó en el palacio. Siempre estaba leyendo, componiendo poemas o escribiendo ensayos. Incluso a los 60 años, leía constantemente y era muy versado en literatura, historia, geografía, matemáticas, medicina y demás disciplinas, incluso los estudiosos lo admiraban por su profundo conocimiento.

Cuando Kangxi asumió el trono, China no era un país unificado, sufría rebeliones internas y continuas invasiones extranjeras. La gente vivía en la miseria y no podía alcanzar la paz. A los 16 años, el emperador ya poseía extraordinaria sabiduría y valentía, y una clara visión sobre la situación del país. “Una persona con gran amor no tiene ningún enemigo en el mundo”. Basado en este principio de Mencio, les indicaba a sus ministros, “La forma de acabar una rebelión es ser tolerante, generoso y noble. Podemos ganar el corazón de la gente mediante la indulgencia, para gobernar una nación uno necesita ser tolerante”.

Con estas premisas, pudo deponer gobernadores despóticos y autoritarios y dar término a las rebeliones, detuvo la invasión de los rusos en la frontera norte, conquistó Taiwán y unificó China. Kangxi utilizaba la diplomacia con benevolencia, así tuvo éxito en reunificar a los mogoles que se rindieron voluntariamente “arrodillándose tres veces y tocando la tierra con la cabeza nueve veces”, un antiguo ritual de la gente demostrando sumo respeto al emperador.

Cuando Galdan, el jefe tribal mongol se rindió, Kangxi dijo a sus ministros, “Para gobernar una nación, uno debe tratar a la gente con benevolencia, no se debe usar la coerción. Galdan es opresor y violento, pero lo trato con tolerancia y misericordia. Galdan es astuto y malicioso, pero le muestro honestidad y confianza”. Los oficiales suplicaron al emperador que aceptara un título honorífico, pero Kangxi simplemente dijo, “El pueblo ha experimentado la furia de la guerra y ha vivido bajo penosas circunstancias. Yo sólo he asistido sus necesidades y no acepto títulos poco prácticos”.

En cambio, sabía qué era lo esencial para gobernar. Cuando una parte de la Gran Muralla se derrumbó, Kangxi dijo a sus ingenieros, “Cuando un emperador gobierna una nación, se apoya en recursos internos y no depende sólo de barricadas. La Gran Muralla fue construida durante la Dinastía Qin y constantemente reparada durante las Dinastías Han, Tang y Song. Sin embargo, no previno las invasiones extranjeras. Defender una nación es cultivar la virtud y tratar a la gente respetuosamente. Cuando la gente está feliz, la nación está en armonía y la frontera estará fortificada”.

Las personas fueron la primera prioridad del emperador; siempre estaba atento a sus penalidades y orientaba a sus oficiales a tratar a su gente de la misma forma en que ellos querrían ser tratados. Cuando escogía a las personas para puestos gubernamentales, mantenía un muy estricto y alto criterio de selección. “Cuando se escoge a un empleado público, la moralidad de la persona, la imparcialidad y el espíritu de generosidad vienen primero, sus talentos y habilidades vienen después. Sería ideal si la persona poseyera virtud y talento. Sin embargo, es más importante que posea más virtud que talento, porque el talento de una persona debe estar basado en sus virtudes. Por lo tanto, cuando posee más virtud que talento, es un verdadero caballero. Si posee más talento que virtud, es un hombre rencoroso”.

También se encontró con oficiales poco virtuosos y corruptos como Mu Ersai, gobernador de la provincia Shanxi, que aceptó sobornos y por lo tanto fue ejecutado. “El crimen de un oficial corrupto es diferente de cualquier otro crimen, por eso no debo ser indulgente, de lo contrario, no serviría como elemento disuasivo”.

Como fomentaba un entorno honesto y recto, cuando los oficiales de su reinado gobernaban un condado o una provincia, las vidas de sus habitantes realmente mejoraban.

Otra virtud de Kangxi era su austeridad. Joachim Bouvet, un misionero jesuita francés que visitó China, escribió al rey Luis XIV, “La indiferencia de Kangxi a la ganancia mundana y su simple y llano estilo de vida no tienen precedente en la historia. Come dos comidas al día, las cuales son muy simples. Lleva las ropas más comunes. Los días de lluvia lo vimos llevando una chaqueta de fieltro, que es considerada ropa simple y tosca en China. Durante el verano, lo vimos llevar un abrigo corto de lino común, que también es usado por la gente común. Excepto durante los días de fiesta y ceremonias especiales, el único artículo lujoso que lleva es un gran adorno de cuentas. No tiene ningún deseo extravagante. Su indiferencia a la ganancia mundana es inimaginable, se refleja en las ropas que lleva y en su estilo de vida”.

En la actualidad, se elige un camino completamente opuesto para gobernar un país, y los resultados están a la vista. Aunque la tecnología y las ciencias sociales y económicas han avanzado, las virtudes de los hombres se deterioran, y las leyes y teorías no pueden contrarrestar los altos grados de corrupción, conflictos sociales, pobreza y delincuencia, porque no pueden llegar a la raíz del problema. La sociedad continúa su caída sin despertar al hecho de que la solución reside en su propio interior; cuando podamos utilizar nuestras habilidades en beneficio de los demás, sin buscar el beneficio propio, encontraremos nuevamente el rumbo hacia un mundo de paz y prosperidad.