A sólo un mes del XVII Congreso Nacional del Partido Comunista Chino (PCCh), en el cual la dictadura comunista decidirá la renovación por cinco años o recambio del actual mandatario Hu Jintao, varios grupos dentro del PCCh luchan por sacar ventaja de sus posiciones, mientras que diversos sectores sociales buscan la manera de sortear los controles y la represión para hacer saber sus males.
Frente a la continua intensificación de los conflictos sociales y el desequilibrio económico, existen dos corrientes antagónicas que vaticinan el fin del Partido, según una de ellas, si no se revierten drásticamente las políticas, y según la otra, si no se profundizan los cambios.
En este marco, el actual dictador chino Hu Jintao está buscando una especie de “reconciliación social” para consolidarse en el poder, quitando del camino antiguos reclamos sociales.
Los conflictos se intensifican y los antiguos reclamos empeoran
Según un informe de un periódico en Hong Kong, acercándose el 17º Congreso Nacional del PCCh, varios individuos dentro del PCCh escribieron a Hu Jintao y a Wen Jiabao con la esperanza de que sus quejas y opiniones personales fuesen resueltas en el mismo. En conjunto, las principales opiniones pueden ser divididas en dos categorías: una busca retomar el antiguo socialismo. Esta rama pretende impulsar un regreso a un sistema político y económico más cercano al viejo método de Mao Zedong, con el argumento de que de otro modo emergerá un caos social y una subsiguiente disolución del Partido Comunista. La otra tendencia también propugna una reforma del sistema político tan pronto como sea posible, argumentando que, de otro modo, la ya lisiada economía empeorará aun más. Pero esta última impulsa liberar los sistemas político y social hasta llegar a introducir la democracia.
Dentro de la primera categoría hay como referentes 17 ex funcionarios a nivel ministerial, 28 altos funcionarios retirados, generales, y también 15 descendientes de funcionarios veteranos del PCCh. Ellos alegan que la política actual causará una crisis en al menos 15 aspectos, que agrupan en 6 perspectivas: política, estructural, económica, social, de política exterior y políticas hacia Taiwán. Para ellos, si el país no realiza un cambio rotundo en las políticas, encausando su rumbo al método liderado por Mao Zedong, ocurrirá “una tragedia de muerte para el partido y el país”. Entre la gente que urge esta reforma, se encuentran Hu Qili, quien fue miembro del Comité Permanente y del Buró Político del Comité Central del PCCh y Wan Guangying, quien fue Vice-Presidente del 8º y 9º Comité Permanente del Congreso Nacional Popular.
En este punto crítico de lucha entre varios poderes, cada paso de Hu Jintao y del Primer Ministro Wen Jiabao es seguido con especial atención. Bajo el clima político agitado que genera el Congreso Nacional cada cinco años, el pueblo chino, particularmente la mayoría empobrecida, renuevan sus añoranzas de que se escuchen sus demandas e intenta hacerlas oír de alguna manera. Según altos funcionarios, Hu quiere resolver los viejos reclamos sociales y superar las dificultades políticas a través de una serie de actos de “reconciliación social”.
Reivindicación de un antiguo héroe censurado y pulgar bajo a Mao
No hace mucho tiempo, el Museo Militar Chino realizó una exhibición llamada “Éxitos de la Defensa Nacional y Construcción Militar”. En la vitrina de los “Diez generales que construyeron el país”, la gente pudo presenciar inesperadamente la imagen de un ex gran héroe llamado Lin Biao, posteriormente difamado por el PCCh. Ésta era la primera vez que se mostraba una imagen positiva de Lin Biao desde que murió en un accidente aéreo en Mongolia en el año 1971 mientras intentaba escapar de China.
La contraposición entre Lin Biao y Mao puede dar una pista de la señal que Hu Jintao intenta dar con este paso. Un analista político lo describe de esta manera: Lin, quien fuera llamado alguna vez el “General que siempre gana”, tenía buen carácter y un talento destacado. Dentro del PCCh, Mao Zedong y Lin Biao fueron dos personajes importantes. Pero Mao y Lin eran completamente opuestos en muchos aspectos, incluyendo el carácter, la personalidad y las ideas sobre la vida. Mao admiraba lo extranjero y especialmente la teoría del Marxismo. Lin, por el contrario, sólo leía libros sobre Confucianismo, obedeciendo firmemente la doctrina de “superarse uno mismo y constituir la benevolencia”. Mao vivió una vida extravagante y lujuriosa y no tenía reparos en cuanto a la cuestión ética o moral de su conducta. A Lin, en cambio, se lo conocía por llevar una vida sencilla, preocupado por los demás. Mao no tuvo piedad con los disidentes ni con sus subordinados y los reprendía a voluntad; pero Lin enarbolaba la tolerancia.
Dentro y fuera del PCCh, mucha gente respeta a Lin Biao y le disgusta Mao. Por ejemplo, muchos generales y soldados pertenecieron al antiguo ejército de Lin Biao y todos ellos mantienen quejas en sus corazones desde hace mucho tiempo por la censura del nombre de Lin Biao. No cabe duda de que la acción de Hu Jintao complace a aquellos a quienes les disgustan Mao Zedong y Deng Xiaoping, lo cual es beneficioso para consolidar la posición de Hu Jintao y Wen Jiabao en el plano militar.
Más señales de Hu contra sus contrapartes y alrededor de la Masacre de Tiananmen
El 20 de julio se realizaron en Beijing actividades para conmemorar los 100 años del nacimiento de Yang Shangkun, ex Vicepresidente de la Comisión Militar. Junto con la asistencia y discurso de Hu Jintao en la reunión, la Televisión Central de China (CCTV) emitió un importante documental titulado “Yang Shangkun” durante el horario de máxima audiencia. La ciudad natal de Yang, Sichuan, también realizó una ceremonia de inauguración de un museo sobre la vida de Yang. Además, la Oficina Postal de China publicará estampillas en conmemoración de Yang Shangkun.
En su discurso, Hu Jintao habló muy bien de Yang Shangkun, elogiándolo por su convicción de “ser estricto con uno mismo, justo y honesto” y por “defender la unidad, salvaguardando la situación global y enfatizando los principios”. ¿Qué tiene que ver esto con la lucha política interna del PCCh?
Se sabe ampliamente que existía una discordia entre Jiang Zemin –anterior dictador y cabeza de la facción opuesta a Hu Jintao- y Yang Shangkun. La versión en inglés de “Jiang Zemin”, biografía escrita por el autor norteamericano Kuhn, también menciona esta discordia entre Jiang y Yang. Incluso se difundieron rumores de que la muerte de Yang Shangkun estuvo relacionada con un complot de Jiang Zemin y otros en su contra.
Además, algunos intelectuales en China continental afirman que Yang Shangkun siempre apoyó a Zhao Ziyang, el principal opositor de que se enviaran tropas para aplastar a los estudiantes en lo que luego pasó a ser la Masacre de Tiananmen de 1989. Luego de la supresión del movimiento democrático en 1989, Zhao Ziyang, ex Secretario General del Comité Central del Partido Comunista y ex Primer Ministro, fue despedido y puesto bajo arresto domiciliario por 18 años. No obstante, a principios de los ’90, Yang propuso reparar este suceso y devolver la inocencia a Zhao.
En julio de este año, un grupo de altos oficiales veteranos retirados publicó un artículo escrito por el ex Vice Primer Ministro Tian Jiyun en la revista Yanhuang Spring –conocida por ser una revista “osada” dentro de los límites de la censura del régimen comunista– elogiando a Zhao Ziyang. Ésta fue la primera vez que un medio oficial del PCCh publica un artículo y fotografías favoreciendo a aquel funcionario contrario a la represión.
Al presente, estas sutiles señales de Hu Jintao y Wen Jiabao son tomadas por algunos en el exterior como un probable cambio en las políticas. No obstante, sean cuales sean las intenciones de Hu y Wen, indudablemente éstas no dejan de ser movidas políticas que evidencian el fortalecimiento de la facción encabezada por ellos, en detrimento de la facción de “los viejos” de Jiang Zemin.
El asunto de Falun Gong es clave
En cuanto a si la intención de esta “reconciliación” es una verdadera reconciliación, hay bastante escepticismo. Estos intentos de reconciliación social por parte de Hu Jintao y Wen Jiabao parecen ser meramente pequeñas jugadas en la batalla de apoderamiento dentro del PCCh, pues la naturaleza de los problemas clave de China sigue sin tocarse en absoluto.
Actualmente, el problema social –por llamarlo de alguna manera- que vaticina un verdadero giro en China es la persecución a Falun Gong. Más de 100 millones de personas han sido afectadas directamente, o sea, una de cada trece personas en China está siendo vorazmente victimizada de diversas formas sólo por sostener una creencia espiritual pacífica y practicar ejercicios y meditación. Dados los números, podría decirse que cada familia tiene algún miembro que es víctima directa de este genocidio. Por lo tanto, el resentimiento social acumulado es grande, y la presión internacional se incrementa cada vez más con relación a este genocidio.
El genocidio contra Falun Gong fue iniciado por la facción de Jiang Zemin en 1999, cuando aquél estaba a la cabeza del régimen. Dicha facción continuó siendo el principal instigador también cuando Jiang Zemin dejó el poder. Toda la maquinaria estatal y el PCCh en su totalidad, como entidad, son artífices. Sin embargo, la facción de Hu Jintao se ve implicada sólo por ser parte del PCCh, pero nunca se ha mostrado como instigador del mismo. A diferencia de Jiang y su facción, nunca se ha oído discurso alguno de Hu Jintao o Wen Jiabao mencionando a Falun Gong.
Puesto que toda la maquinaria del PCCh y la maquinaria estatal controlada por el PCCh está implicada en crímenes contra la humanidad debido a la persecución a Falun Gong, incluyendo el asesinato de decenas de miles, la desaparición de cientos de miles de personas y la utilización de los prisioneros –según alegatos presentados a China por el Relator de Naciones Unidas para la Tortura- como fuentes vivas de órganos a ser vendidos para operaciones de trasplantes, si la facción de Hu Jintao tomara abiertamente una postura contraria a tales crímenes, esto podría conllevar una enorme convulsión política y, para muchos, la caída de la dictadura comunista y la propia desaparición del PCCh mismo. Pero, asimismo, a medida que avanza la presión internacional y se evidencia el fracaso del “erradicar a Falun Gong” anunciado por Jiang Zeming hace unos años, la sombra de este genocidio asoma sobre la tan cuidada “estabilidad política”, y conforma el principal torrente de aire que, sumado a otras persecuciones sociales, religiosas y políticas, al desequilibrio económico y ecológico, y al descontento social en general, infla un globo que está a punto de estallar. Frente a esta situación, anunciar su posición en contra de este genocidio es algo que Hu Jintao tendrá que enfrentar tarde o temprano.
A su vez, una oposición a la persecución es el mayor temor de la otra facción de poder, la de Jiang Zemin. Sin ir más lejos, a pesar de la política de silencio oficial que se ha comenzado a aplicar con respecto a Falun Gong luego de que la persecución se extendiera por años, recientemente el Ministro de Seguridad Pública chino, Zhou Yongkang –perteneciente a la facción de Jiang Zemin- hizo un llamamiento público a luchar contra las “fuerzas hostiles y los cultos malignos”.
“La policía debe reforzar los trabajos de recopilación de información para vigilar estrechamente y golpear con dureza a las fuerzas hostiles extranjeras y nacionales, los separatistas étnicos, los extremistas religiosos, los terroristas violentos y el culto de Falun Gong, con el propósito de garantizar la seguridad nacional y la estabilidad social”, declaró Zhou Yongkan en este mismo discurso ante la Policía Nacional, en referencia al próximo 17º Congreso Nacional.
¿Es ésta la posición de Hu Jintao? Más bien, se ve como una respuesta de la facción de Jiang Zemin, intentando poner contra las cuerdas a Hu Jintao en su campaña de “reconciliación social”. Todos saben que la clave es la cuestión de Falun Gong, y pareciera que la única esperanza del PCCh de sobrevivir es acallar de por vida o eliminar de la faz de la tierra a cien millones de personas aferradas a los principios de verdad, benevolencia y tolerancia. Pero ya ha quedado demostrado que la persecución no ha logrado ni logrará su objetivo, y está quedando cada vez más arrinconada por el descontento en China y la presión internacional. Para Hu, es una cuenta regresiva con una única salida. La pregunta es si podrá dar el paso a tiempo o si volará cuando el globo explote.



