Cerca de las 12 pm del 15 de agosto de 2006, 30 matones del Partido Comunista Chino (PCCh) forzaron la entrada y me raptaron de una manera violenta desde la casa de mi hermana mayor, en la Provincia de Shandong. Mientras tanto, cerca de 40 hombres sin identificación irrumpieron en mi hogar de Beijing y registraron la casa de arriba abajo durante unas horas. Robaron todas mis pertenencias y dejaron sólo 300 yuanes en efectivo. Durante el proceso, no presentaron ningún documento legal ni se identificaron. Todo el tiempo, se mantuvieron en silencio. También registraron a mi esposa y a mis dos hijos menores de edad, y comenzaron con un arresto domiciliario por tiempo indefinido.
Para lograr su propósito ilegal, 11 bribones permanecieron en mi casa a toda hora durante 11 días consecutivos sin nuestro permiso. Mantuvieron encendido el televisor durante las 24 horas del día, usaron mi cocina y baño cuando quisieron. Trabajaron rotándose, pero siempre había entre 7 y 11 personas vigilándonos en todo momento desde la sala de estar. Jugaron cartas, vieron televisión, comieron bocadillos y conversaron en voz alta. Ellos han violado los derechos humanos más básicos. Incluso el dormitorio de Gao Tianyu, mi hijo de dos años, fue vigilado por dos personas. A mi esposa e hijos nos les permitieron apagar la luz cuando iban a la cama o mantener la puerta cerrada. A mi familia ni siquiera le permitieron cerrar la puerta cuando usaban el baño. Cada uno de los movimientos de mi esposa e hijos, incluso cuando dormían, fueron vigilados de cerca por esos gorilas. Once días después, los matones trasladaron su campamento al piso de abajo, pero continuaron vigilando a mi esposa e hijos.
Durante los siguientes cuatro meses, mi esposa fue vigilada con por lo menos cuatro grandes hombres cuando debía salir. Cuando mi hija iba a la escuela y cuando mi hijo iba al jardín de infantes, eran vigilados por cuatro o seis matones. Vigilaban a mis hijos desde el exterior de las aulas. Durante esos cuatro meses, golpearon a mi esposa una vez en público, y la empujaron e insultaron en incontables ocasiones. Mi hija fue golpeada e insultadas en repetidas ocasiones. Incluso mis tres sobrinos que trabajaban tiempo parcial en Beijing, fueron detenidos ilegalmente durante 21 días.
El 15 de agosto de 2006, la Oficina de Seguridad Pública de Beijing (OSP) contrató cerca de 40 bestias locales para irrumpir en la casa de mis padres en la Provincia de Shanxi. Sitiaron la casa de mis padres y durante cuatro meses los intimidaron. Al mismo tiempo, una docena de hombres sin identificación comenzaron a vigilar y a seguir a mis suegros y a la hermana de mi esposa en Ürümchi, región autónoma de Xinjiang. La policía local ordenó a mis suegros que no salieran de su hogar y se llevaron a la fuerza sus identificaciones. Mi suegra, de 60 años, tomó el riesgo de escaparse de la casa en medio de la noche para ir a Beijing. Pero los matones de sangre fría que vigilaban mi casa en Beijing, prohibieron que esta anciana, quien pasó dos días y dos noches en ruta, ingresara a mi casa. No tuvo otra opción que mantenerse afuera durante la noche. Al día siguiente, esperó que mi esposa saliera al único recorrido hacia el supermercado y finalmente la encontró. La madre y la hija se abrazaron y lloraron. Pero los matones las siguieron a casa, e interrogaron a mi suegra. Durante la estadía de mi suegra en Beijing, fue vigilada de cerca por cuatro a seis bribones.
En la provincia de Shandong, el hijo de mi hermana mayor fue detenido durante 24 horas hasta que le dieron la fecha de citación a la corte y lo mantuvieron bajo custodia policial hasta que mi cuñado falleció. La policía de la provincia de Shandong incluso prohibió a mi sobrino que asistiera al funeral de su padre. Para las tradiciones chinas, este es un acto escandaloso. La explicación de la policía fue que cumplían órdenes de la OSP.
Después de que fui raptado, comencé una huelga de hambre para protestar por la detención ilegal. Al cabo de 36 horas de huelga de hambre, supe que las provisiones de alimento y agua también se las habían suspendido a mi esposa e hijos, entonces tuve que detener la huelga de hambre. Durante la detención ilegal, el PCCh me sometió a torturas brutales y a abusos psicológicos. Cuando fracasaron en hacerme rendir, me amenazaron con privar a mi esposa e hijos de los medios básicos de supervivencia. “No pedimos mucho, sólo te pedimos dos cosas. Primero, declárate culpable. Segundo, deja de luchar por los derechos humanos. Eres un caso muy especial 815 (mi nombre código durante la detención ilegal). Debemos romper todas las reglas y convenciones para hacer que te rindas. No dudaremos en usar cualquier medio siempre que funcione”.
“815, hemos diseñado muchas medios contra tuyo. Podemos traer a tu hermano mayor para que se ponga de rodillas frente a ti hasta que te declares culpable. Usaremos el medio necesario sin importar cuánto tiempo tome”.
Debido a estas torturas inhumanas y coerciones, fui obligado a “declararme culpable” y a “garantizar” por escrito que no lucharé por los derechos humanos. Después de varios borradores de la obligada “declaración de culpabilidad” y de la “garantía”, los policías decidieron escribirlas ellos mismos y me hicieron transcribirla. Esto se convirtió en la “declaración de arrepentimiento” que con posterioridad vio el público.
Por este medio, yo hago una declaración solemne:
Primero, niego completamente los cargos falsos que las autoridades del PCCh me han hecho a través de sus abusos y torturas inhumanas.
Segundo, niego completamente todo el contenido de la “declaración de arrepentimiento”. Tanto las autoridades del PCCh como yo, sabíamos que era una completa falsedad desde el inicio, pero yo insisto en declararlo como nulo.
Tercero, fue mi verdadera voluntad publicar el 13 de diciembre de 2005, mi renuncia al PCCh (y a sus dos organizaciones afiliadas). Por la presente reconozco y confirmo nuevamente tal declaración.
Cuarto, por la presente confirmo las tres cartas abiertas que escribí antes del 15 de agosto de 2006.
Quinto, perseveraré en la lucha en contra del régimen totalitario e inhumano que reprime la libertad y el pensamiento del pueblo.
Gao Zhisheng
Cartas abiertas de Gao Zhisheng al regimen comunista chino:
1º CARTA:
“Hu Jintao y Wen Jiabao: Por favor respondan las siguientes preguntas”
2º CARTA:
“Dejen de perseguir a los que creen en la libertad y recuperen sus lazos con el pueblo chino”
3º CARTA:
"Debemos frenar inmediatamente la brutalidad que sofoca a la conciencia y moralidad de nuestra nación"
Artículo original en chino









