Me hice ciudadana australiana en el 2006, después de que se me otorgara el asilo. Fui detenida y torturada por más de un año en las cárceles chinas y en un campo de trabajo forzado por practicar Falun Gong. Mi autobiografía Witnessing History: One Woman´s Fight for Freedom and Falun Gong (Siendo testigo de la historia: La lucha de una mujer por la libertad y Falun Gong) fue publicado por Allen & Unwin en Australia y por Soho Press en los Estados Unidos.
Fui nominada para la Medalla y Condecoración de los Derechos Humanos 2005 por la Comisión Australiana de Derechos Humanos e Igualdad de Oportunidades y reconocida como embajadora de la paz en septiembre del 2005 por la Federación Interreligiosa e Internacional para la Paz Mundial de las Naciones Unidas.
En ocasión de sus próximos encuentros de Cooperación Económica de Asia Pacífico (APEC), solicito que presionen al líder chino Hu Jintao para que ponga fin a la brutal persecución sobre los practicantes de Falun Gong, que ponga fin a la extirpación de órganos y el asesinato de practicantes, y que libere a todos los practicantes presos y sus defensores.
En marzo de 2006, el Relator Especial sobre Torturas de las Naciones Unidas señaló que el 66 por ciento de las víctimas de presunta tortura y mal trato en China eran practicantes de Falun Gong. “La crueldad y brutalidad de estos presuntos actos de tortura son indescriptibles”, dijo el relator.
El informe anual de 2006 del Ministerio de Asuntos Exteriores de EEUU señaló que “los adherentes de Falun Gong constituyen por lo menos la mitad de los 250.000 presos, documentados oficialmente, en campos de reeducación a través de trabajo forzado”, pero el número real podría ser aún mayor.
El honorable David Kilgour y el Dr. David Matas concluyeron en su informe de investigación independiente que en muchos lugares por toda China el régimen comunista chino está extirpando los órganos de los prisioneros de conciencia de Falun Gong y asesinándolos en el proceso.
La persecución a Falun Gong es la más extensa y más severa violación a los derechos humanos en China. Creo firmemente que Australia tiene la obligación moral de ayudar a detener esto; y se que muchos australianos comparten mi punto de vista.
Por favor pidan al líder chino a que ponga fin inmediatamente a la persecución. Las naciones democráticas tienen la responsabilidad de condenar los crímenes de lesa humanidad e indiferencia por la vida humana donde quiera que ocurran. Como el país anfitrión de la APEC, Australia debería tomar el liderazgo en este asunto.
21 naciones miembros están reunidas en Australia a partir del 2 de septiembre para las reuniones de la APEC.









