Mucho queda por hacer antes de que miles de atletas, amantes de los deportes y periodistas se presenten en Beijing para la apertura de los Juegos Olímpicos el 8 de Agosto del año que viene.
A pesar de las claras promesas que hizo China antes de que se la premiara en el año 2001 con el honor de ser anfitrión de los Juegos, ha hecho casi nada para mejorar los derechos humanos. En su momento un oficial chino había dicho al Comité Olímpico Internacional (COI) que si aceptaban la candidatura de china, “Estarán ayudando a la expansión de los derechos humanos”. Pero seis años después, las cosas todavía están muy desoladas.
Al menos 30 periodistas y 50 usuarios de Internet están en prisión en China, y algunos han estado allí desde 1980. Muchos han sido torturados y han aguantado pesadas sentencias de cárcel por “revelar secretos de estado”, “subversión” o supuesta difamación—luego de escribir un artículo o mandar un e-mail.
El gobierno bloquea el acceso a miles de sitios web de noticias en Internet y trasmisiones en chino, tibetano, y uighur, y una docena de estaciones de radios extranjeras están bloqueadas.
Luego de remover presuntos mensajes disidentes de foros de discusión en línea, las autoridades ahora están apuntando a blogs y sitios de intercambio de videos. Los censuradores han ajustado todas las herramientas de blog del país con dispositivos para filtrar palabras claves “subversivas”. Las reglas para los periodistas extranjeros trabajando en China han sido aligeradas pero los medios de comunicaciones extranjeros todavía tienen prohibido contratar periodistas chinos o viajar libremente a Tibet y Xinjiang.
Quien quiera que ame el deporte estará impactado de ver a los Juegos Olímpicos y a sus atletas ser usados por un gobierno que se rehúsa liberar a miles de prisioneros de conciencia, detener la práctica de tortura y el trabajo forzado.
Mientras tanto, el COI está arriesgando su reputación al no decir absolutamente nada sobre esto. Su reglamento dice que el deporte debe estar “al servicio del desarrollo armonioso del hombre, con una visión de promover una sociedad pacífica interesada por la preservación de la dignidad humana”.
Nadie quiere arruinar la gran ocasión o usar el evento con otros fines. Excepto China y su Partido Comunista, que están abusando de los Juegos y del espíritu Olímpico.
Faltando sólo un año, es más urgente que nunca exigir que China mantenga sus promesas. El COI debe actuar, y su presidente Jacques Rogge, debe hablar. Si no lo hace, el slogan de los Juegos del 2008, “Un mundo, Un Sueño”, no valdrá para nada y será sólo una cínica promesa rota. Los atletas, periodistas, amantes del deporte y quien sea que apoye los derechos humanos deben expresar públicamente su preocupación sobre las incontables violaciones de la libertad en China. Para que cuando los Juegos se abran, haya celebraciones en toda China, y no sólo en los estadios.
Robert Ménard es el Secretario General de Reporteros Sin Fronteras (http://www.rsf.org/) que ha luchado por la libertad de prensa desde que se fundó en 1985.









